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Como
masa de lava que se desliza por la ladera de un volcán, sangraba
ayer el acero desde los altos hornos de Aceralia. Discurría
encendido en fuego, prendiendo de calores extraordinarios el suelo
sobre el que calentaban los pies y las ideas diez escultores que
no perdían olor, temperatura, tiempos ni un solo detalle
de los cambios de la materia. Eran los participantes en el taller
de Xavier Mascaró, los escultores que buscan en AlNorte modos
y maneras de alimentar sus creaciones y trayectorias, y que ayer
llevaron esa búsqueda a la acería de Gijón.
Objetivo número uno: «Conocer todo sobre la materia
para actuar sobre ella». La sentencia, que secunda sin fisuras
el reputado escultor de la Marlborough que dirige el taller, es,
sin embargo, de Mercedes Cano, una joven creadora que, como a Mascaró,
no le eran extraños ni el paisaje de hornos, humo, vapores
y ruido, ni las reacciones de los minerales.
Ella y su compañero de gubia, Antonio Sobrino, han investigado
en Holanda las transformaciones del cuerpo con el que trabajan.
Pero no hay conocimiento innecesario: «Siempre impresiona.
Además, lo que nosotros hemos conocido es infinitamente más
pequeño que esto», aseguraba la escultora. Lo mismo
decía Mascaró, que de tanto hurgar en las emanaciones
del acero, en su aleación, sus impurezas y sus necesidades,
llegó a confundir al guía de la excursión,
Gilberto Martínez, del departamento de Relaciones Externas.
El amable cicerone de Aceralia creyó tener ante él,
en lugar a un escultor del acero, a un experto metalúrgico.
Y es que el creador franco-español ha visitado ya varias
fundiciones. «Ninguna como ésta. Ahora me doy cuenta
de que he estado sobre una pulga y esto es un gigante», aclaraba.
No preguntaron mucho los aventajados alumnos de Mascaró.
Pero quienes lo hicieron buscaban datos sobre todas las suertes
del acero, siempre con la intención de convertirse en absolutos
gobernantes de su materia de trabajo.
Acero dulce y cortén
Sergio Palacios se interesó por el acero dulce y por el hecho
de que su fractura, a diferencia de todo el acero conocido, sea
fácil de lograr. Respuesta certera y rápida del guía:
«Este tipo de aleación lleva más contenido en
carbono del normal, por eso rompe con facilidad».
También hubo interés esta vez sin solución
técnica por el acero cortén, uno de los materiales
más utilizados en los últimos años del siglo
XX y que sigue siendo cuerpo favorito para muchos escultores de
este XXI.
Mascaró y sus nueve alumnos fueron espectadores
aplicados, pero sobre todo felices ante las lenguas de fuego en
que quedaban convertidas las toneladas de acero antes de empezar
a discurrir por el subsuelo y volcar su materia en los torpedos
que trasladan todo lo que emanan los hornos.
Pero no disfrutaron sólo los participantes del taller de
las transformaciones y la presencia apabullante de arrabio (acero
líquido), que rompía la dinámica de grises
y ocres de toda la factoría.
También observaban con placer las formas de las edificaciones
que construyen la ciudad de Aceralia como si fueran el montaje de
una escultura monstruosa, con firme capacidad para alimentar sus
espíritus creadores.
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