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Dirige
los destinos del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, el
conocido CAAC, y desde su experiencia escrutó los muros y
las intenciones del Gobierno asturiano para con el edificio de la
Universidad Laboral. Recorrió sus rincones más inesperados
con la persona a la que se ha encargado dotarlos de nueva vida,
Jorge Fernández León, y horas después José
Lebrero hablaba para AlNorte, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto
de Gijón, de las Nuevas experiencias en centros de
arte actual y lo hizo suscitando un debate que se prolongó
hasta que las luces del centro, ya apagadas, evidenciaron que era
tarde. Pasaban con creces las diez de la noche.
Ha conocido de primera mano el proyecto para la Laboral,
¿qué opina?
Es muy ambicioso. Significa no sólo abrir o no abrir
un centro de arte moderno, sino participar en un programa de reorganización
y rehabilitación extremadamente complejo.
¿Es factible?
Todo lo es en esta vida, otra cosa es el grado de dificultad
o de posibilidad, pero estoy convencido de que todo es posible.
Ahora bien, lo importante del proyecto del centro de arte es hacer
corresponder las intenciones con los hechos. Habrá que que
ver cómo va el catálogo de objetivos dentro de un
tiempo y si se van correspondiéndose con las actuaciones.
No parece confiar demasiado en las metas propuestas.
La cortesía y, sobre todo, la falta de datos me impide
ser más explícito. No más o menos confiado.
Está claro que Asturias quiere abordar con el Centro de Arte
una cuestión apasionante, pero muy compleja técnicamente
y, por supuesto, costosísima, en unos espacios monumentales.
El proyecto asturiano tiene referentes en Europa, ¿con
qué lugares lo compararía usted?
Es cierto que hay muchos referentes europeos, pero ninguno,
como éste, en una ciudad que no es centro nodal de comunicaciones
de primer orden, donde se va a tener que combinar las actuaciones
físicas con las actuaciones a distancia de los creadores
y moderadores que, para que todo salga bien, tienen que ser de muy
diversa procedencia y representantes de disciplinas diferentes.
¿Sería esa la clave?, ¿la comunión
interdisciplinar e internacional?
Sin lugar a duda. Para que un lugar así funcione debe
ser rabiosamente internacional. Debe tener capacidad para reunir
artistas de todos los lugares del mundo. Crear una comunidad que
permita contrastar el teatro y la danza con la pedagogía,
la música y la botánica o las disciplinas audiovisuales.
De entre toda las complejidades que acarrea un proyecto
tan ambicioso ¿cuál cree que lo es más?
Para mí lo más difícil es la dotación
de contenidos. Creo que impedir que el centro se acabe convirtiendo
en un espacio de formación para técnicos en el sector
audiovisual es muy complicado con las expectativas que se están
definiendo. De no impedir esto, en lugar de un Centro de Arte tendrían
otra cosa muy diferente.
¿Cómo evitar esa posibilidad?
Con un equipo de personas que sepa mantener el espíritu
de investigación y creación y no se deje llevar por
el espectáculo, ni asustar por la complejidad del proyecto.
Y los contenidos, ¿cuál es el secreto de
lograr una buena colección de un espacio dedicado al arte
contemporáneo?
Creo que hay que saber hacer apuestas de generación,
combinadas con una contribución a la propia producción
del arte. Hay maneras de alentar la creación, participar
en ella y asegurarse una parte de sus frutos de aquellos a quienes
ayudas. Partiendo de una precariedad intrínseca, estoy convencido
de que se pueden construir colecciones magníficas, aun siendo
pequeñas. No siempre es necesario tener la obra maestra de
un pintor para dar a conocer su trabajo.
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