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 • ACTUALIDAD EN AL NORTE

14

Dic

2004


Al Norte

Semana Nacional de Arte Contemporáneo

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JUAN JOSÉ LAHUERTA. ARQUITECTO.
«Creer que puede haber un arte de la ciudad
es una fantasía»
El profesor de la Escuela de Arquitectura de Barcelona
planteará esta tarde en Gijón sus consideraciones
críticas sobre el urbanismo y sus relaciones con las artes



Ángel Antonio Rodríguez

Con el sugerente título ‘Juguetes rotos’, Juan José Lahuerta abordará esta tarde (19.15 horas, en el salón de actos del Centro de Cultura Antiguo de Gijón) las complejas relaciones entre arquitectura, urbanismo y artes plásticas. Un equilibrio de difícil planteamiento, que ha fracasado con frecuencia y que muchas ciudades no consiguen corregir ni orientar con garantías. La mirada de este experto, curtida en distintas disciplinas, es una de las más sorprendentes del panorama arquitectónico de nuestro país, y puede abrir muchas miras, tanto a profesionales como a neófitos.

Lahuerta es profesor de Historia del Arte y Arquitectura en la Escuela de Barcelona. Es, además, autor de numerosos libros sobre temas de arte y arquitectura contemporáneos, como ‘1927. La abstracción necesaria’ (1989), Antoni Gaudí: Arquitectura, ideología y política’ (1993), ‘Decir Anti es decir Pro. Escenas de la vanguardia en España’ (1999), ‘Le Corbusier. Espagne. Carnets’ (2001), ‘Gaudí. Antología contemporánea’ (2002) o ‘El fenómeno del éxtasis’ (2004). Ha colaborado con distintos museos e instituciones en el comisariado de exposiciones, entre las que destacan ‘Dalí. Arquitectura’ (Barcelona, 1996), ‘Arte Moderno y revistas españolas‘ (Madrid, Bilbao, 1996); ‘Universo Gaudí’ (Barcelona, Madrid, 2002) y ‘París-Barcelona‘ (París y Barcelona, 2002). Ha sido codirector de la revista ‘CRC. Galería de Arquitectura’ y actualmente es colaborador habitual de ‘Temes de Disseny y Casabella’. Ha realizado ensayos de introducción a la obra de Navarro Baldeweg, Grassi, Miralles y Barragán, entre otros.

Para empezar podría hacer una síntesis de la ponencia de esta tarde, un pequeño avance para el público que acuda al Antiguo Instituto...
–En la conferencia intentaré dar una visión de la ciudad en la que vivimos a través de una serie de imágenes de la ciudad en la que vivíamos, o se vivía, hace unos años. Se trata, básicamente, de analizar algunos fragmentos de películas que tienen como protagonista la ciudad de los años 60. A partir de ellos podremos plantear una serie de consideraciones críticas sobre la ciudad actual.

Los problemas urbanísticos son un mal endémico en muchas ciudades, y la mayor parte de los gobiernos tienen dificultades para arreglar los desmanes de antaño, como ocurre actualmente en Gijón. ¿Se están haciendo bien las cosas en este país?
–No creo que las cosas hayan cambiado tanto. Tal vez en los aspectos más superficiales. En general, podríamos decir que tenemos ciudades mejor diseñadas, pero los aspectos estructurales, desde la vivienda hasta el transporte público, no da la impresión de que se hayan siquiera intentado solucionar seriamente. Siempre nos referimos a esos ‘desmanes de antaño’ pero, por ejemplo, ¿no se han destruido mucho más nuestras costas en los últimos 15 o 20 años que durante las décadas sesenta o setenta? Ciertamente, se han destruido con mejores palabras. Ese es sólo un ejemplo para empezar a pensar que los desastres no ocurren sólo en el terreno del lenguaje.

La arquitectura moderna, ¿cuánto tiene de espectáculo y cuánto de solución?
–La arquitectura actual es un producto del mercado, como cualquier otro. Está llamada a dar solución a los problemas de representación de las instituciones, desde el Estado hasta los ayuntamientos, bancos, casas de seguros... Es una marca que se compra para que hablen de ella.

¿Cuáles deben ser los pasos a seguir por las distintas corporaciones municipales para establecer diálogos entre artistas, arquitectos y urbanistas? ¿Son posibles?
–Yo no creo que ese tipo de diálogos puedan, en verdad, establecerse. ¿Qué clase de arte público podría existir en unos tiempos como los nuestros, los de la producción de la propaganda, en los que lo colectivo ha dejado de tener sentido? Creer que pueda haber un arte de la ciudad, un arte necesariamente monumental, con el que los ciudadanos puedan identificarse, es una fantasía. De entrada, supone creer que pueda haber ciudadanos en el sentido tradicional, cuando lo que hay para contemplar ese arte son turistas. El arte público de nuestros días, como cualquier otro, es un asunto cuyo origen es estrictamente privado, como máximo, proviene de una especie de despotismo ilustrado, y por tanto no admite identificaciones colectivas, sino que son perversas, es decir, obtenidas por la publicidad.

Pero la historia del arte está llena de momentos donde se trataron de establecer tales diálogos. ¿Qué casos, positivos y negativos, nos pueden servir de ejemplo de lo que se debe o no hacer?
–Como dijo Walter Benjamin, todo documento es un documento de barbarie. Lo mismo ocurre con el arte público. Cuando nos emocionamos con los grandes monumentos romanos, pongamos por caso, lo hacemos abstrayéndonos de lo que realmente significan: una brutal expresión de poder. Quizás por eso, yo prefiero deleitarme con las pequeñas cosas o, digámoslo así, intentar la conquista de un espacio privado para el disfrute de lo artístico. Un espacio que sólo podría ser aquello que no tiene ningún fin, lo superfluo.

 
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