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D.
Vega
Escoger
un color, un objeto y un sentimiento para poder dibujar un sueño.
Ese era el requisito indispensable para los niños que participaron
ayer en la Fabrica de Sueños: uno de los talleres
de la Semana Nacional de Arte Contemporáneo AlNorte, organizado
en el Museo Jovellanos. Tumbados sobre la alfombra, entre las paredes
decoradas por los cuadros del pintor surrealista Aurelio Suárez,
veinte niños se pusieron a dar rienda suelta a su imaginación
armados con sus ceras de colores.
Pablo Armesto, coordinador de la actividad, quedó «maravillado»
con la extraordinaria imaginación que mostraron algunos de
sus alumnos, de tan sólo seis o diez años. «¿Está
bien el mío?», preguntaba con impaciencia Ismael, de
seis años, mostrando un barco sonriente de tonos
chillones. Esta pintura, como la silla triste de una
de las niñas, son ejemplos claros de que el surrealismo puede
ser una tendencia artística divertida para los más
pequeños de la casa.
«Queríamos que los chavales conocieran al pintor onírico
gijonés Aurelio Suárez, por eso hemos desarrollado
el taller, en el mismo lugar donde están sus cuadros. Su
forma de pintar ha llamado mucho la atención a los niños»,
aseguraba Armesto. Aunque eran sueños difíciles
de plasmar en papel, los pequeños supieron trasmitir, a su
manera, sus emociones.
Utilizaron colores oscuros para los sentimientos tristes, y tonos
cálidos para los alegres. Un arbol llorón
o el barco alegre son parte del museo de estos pequeños
y traviesos Dalís.
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