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Ángel Antonio Rodríguez
Tras
dos interesantes ponencias de Marina Pastor y Juan José Lahuerta
(lunes y martes, respectivamente), el seminario Arte, público
y espacios públicos de AlNorte albergó ayer
una jugosa mesa redonda con Sergi Aguilar y Antonio López.
Hoy no será menos. Lourdes Fernández trasladará
a Gijón su experiencia. Se trata, nada más y nada
menos, de Manifesta 5, la V Bienal Europea de Arte Contemporáneo.
Su directora, Lourdes Fernández, impartirá esta tarde
la conferencia Manifesta 5...con toda la intención
en el salón de actos del Centro de Cultura Antiguo Instituto,
de Gijón, a las 19.15 horas.
Con este proyecto, que se desarrolló de junio a septiembre
en San Sebastián, Lourdes Fernández (San Sebastián,
1961) ha respondido con garantías a su conocida profesionalidad
previa al frente de la galería donostiarra DV y de otros
muchos eventos artísticos. Durante dos años de preparación
coordinó en su ciudad natal el amplio programa de actividades
en esta bienal, que ha marcado un antes y un después en las
iniciativas de arte público del circuito europeo. Ahora,
continúa trabajando en la dinámica de las próximas
ediciones.
Manifesta 5 parece haber cumplido todas las
expectativas generadas. Relátenos un poco el proceso seguido
hasta su inauguración, el pasado verano...
La Bienal Europea de Arte Contemporáneo fue iniciada
en 1996 en Rotterdam, y ha visitado 4 países europeos en
otras tantas ediciones. Financiada por la International Foundation
Manifesta, con oficinas en Amsterdam, pretende que los artistas
presenten sus trabajos en un entorno no competitivo, facilitando
la emergencia de nuevas formas de expresión. Tras pasar por
Luxemburgo, Ljubljana y Fráncfort, este año tuvimos
el privilegio de acogerla en San Sebastián.
¿Cuál es su principal finalidad?
Manifesta es una red de conocimientos en contacto
permanente, con proyectos interrelacionados entre sí, que
trata de establecer un diálogo entre situaciones específicamente
culturales y artísticas. Ese carácter nómada
del proyecto persigue un trabajo en red, de expansión constante.
Es interesante revisar la base conceptual de la bienal cada vez
que se traslada a una nueva ciudad o región. Aquí,
en nuestro caso, contamos con un equipo de profesionales, con el
comisariado artístico de Marta Kuzma y Massimiliano Gioni,
para plantear propuestas en sedes repartidas por la ciudad (Kursaal,
Koldo Mitxelena, Museo San Telmo, Casa Ciriza, Ondartxo, Soto del
Aquarium...) que configuraron un amplio espectro para la reflexión
cultural. Ahora, yo seguiré en el Patronato de Manifesta
hasta 2007, y con mi equipo trabajaremos para ayudar al desarrollo
de la sexta edición, que será en Nicosia, en Chipre.
¿La dinámica artística de San Sebastián
fue determinante para la elección de la ciudad como sede
de esta quinta edición, o pesaron más los compromisos
institucionales?
Cuando el Patronato de la Fundación Internacional Manifesta
visitó la ciudad, durante el Festival Internacional de Cine
de 2001, las características urbanísticas y su capacidad
para asumir proyectos culturales les animaron a proponerla candidata.
La mezcla de disciplinas y la convivencia de modos de hacer arte
contemporáneo fueron retos bien reflejados en los proyectos
presentados.
Tras el paso por otras ciudades europeas, con unos planteamientos
dirigidos al lugar y al concepto de Europa ¿cuáles
fueron los principales de esta quinta edición?
En primer lugar, una implicación directa con la ciudad
y el entorno en el que se desarrollaba todo el proceso de la bienal.
En segundo lugar una no delimitación, ni geográfica,
ni generacional, ya que el arte emergente no implica necesariamente
al arte joven.
En ese sentido, parece estar muy satisfecha del desarrollo
de Manifesta 5 y del marco conceptual que se planteó
en esos meses...
Estamos muy contentos. Creemos que hubo una coherencia en
la obra expuesta, en la interrelación de unos artistas con
otros, así como de las obras y las diferentes sedes en las
que se ubican.
¿Cuáles fueron los resultados más
difíciles de concretar?
Quizás, la llegada a un público masivo, que
esperaba la Bienal con una expectativa más encaminada a vivir
un espectáculo que a gozar de una exposición.
¿Han respondido los artistas, especialistas y gestores?
La respuesta ha sido entusiasta. Quizás el público
más local haya sido más difícil de acercar,
por la dificultad del arte contemporáneo. Pero estamos satisfechos.
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