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C.
Bartsch / P. Merayo
Piñole
era «rubio», también «moreno», «simpático
y de familia sonriente», estaba emparentado con «mucha
gente muy mayor», vivía en una «ciudad contaminada»,
en la que «duró más de 300 años»
y, además, fue «un pintor muy famoso». Lo aseguran
con rotundidad de lapicero Carmen, Nacho, Marcos, Ana y Lorenzo,
convertidos ayer, con otros 14 niños, en buscadores de los
tesoros de don Nicanor. Sus descripciones, en letras gigantes, fueron
las primeras en salir a la luz en el taller que Paco Fresno guió
ayer en el Museo Piñole con intención de descubrir
al pintor, a a través de la pintura.
Tras las verdades de los pequeños, las de los participantes
mayores. A medida que crecía la edad, la imaginación
se escurría entre los párrafos solicitados por Fresno,
después de hacer a todos recorrer las salas repletas de Piñole.
Ya no había invención, sino lectura, pues los buscadores
crecidos acudieron al envite con chuleta.
Pese a todo, hubo quien, además de listar los datos de nacimiento,
muerte y retratos de Piñole fue más lejos. Donde los
peques ponían color de pelo, por ejemplo, Natalia Álvarez,
de 14 años, advirtió intensidad de la mirada. José
García, de 12, se fijó también en la «fiesta
de algunos lienzos» y dedujo que el pintor que vivió
cien años debía tener buen talante.
Pero no todo fue redacción y descubrimiento descriptivo.
También hubo que dibujar el retrato de quien más veces
se autorretrató e inventar parte de uno de sus cuadros mayores,
La barraca.
Diseño, en Avilés
De los lápices de colores de Gijón, se pasó
en Avilés, al poder de los ordenadores. Un recorrido por
los últimos 40 años del diseño gráfico
en Asturias. Esto es lo que ayer ofreció un maestro en la
materia, como es José Emilio Santamarina, a los alumnos de
la Escuela Superior de Arte de Avilés, savia nueva nacida
en plena revolución tecnológica y que se sorprendió
por la rápida evolución sufrida por esta rama artística
en apenas unas décadas.
«Mis primeros trabajos eran todos hechos a mano, con la única
ayuda de la geometría, el compás, la escuadra, el
cartabón y las plantillas para hacer los alfabetos»,
recordó Santamarina, quien subrayó que no fue hasta
apenas hace 15 años cuando el ordenador se convirtió
en la principal herramienta de trabajo para los diseñadores
gráficos. Sin embargo, quiso dejar bien claro a las nuevas
generaciones que la tecnología «no da soluciones, simplemente
sirve para plasmar más rápidamente lo que previamente
ha pensado uno».
A través de la proyección de diversos trabajos realizados
a lo largo de su trayectoria, el veterano diseñador dejó
bien claro que la creatividad, y no otra cosa, es el principal motor
de un trabajo del que no piensa jubilarse porque le apasiona.
Y es que el diseño fue el protagonista de la presencia de
AlNorte ayer en Avilés, que se completó con unos talleres
para alumnos de Bachillerato que, bajo el título de Triunfar
y saber mirar, y bajo la dirección de Rebeca Menéndez,
les mostraron las claves del diseño de producto.
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