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La
IV Semana Nacional de Arte Contemporáneo de Asturias AlNorte’05,
que se inaugura el próximo viernes y se prolongará
hasta el 17 de diciembre, cuenta con varios invitados de lujo entre
los que destaca el madrileño Carlos Franco, uno de aquellos
valientes que en los años ochenta lideraron la renovación
pictórica española.
Su obra actual, que se expone en la galería Marlborough de
Madrid, sigue siendo una de las más sólidas y singulares
del arte español, apostando por la pureza plástica.
Compañero generacional de Broto, Alcolea, Pérez Villalta,
Barceló, Sicilia, Serrano, Quejido o Campano, Carlos Franco
es autor de algunas obras emblemáticas, como las pinturas
murales de la Casa de la Panadería, en la plaza Mayor de
Madrid. Ha presentado más de cincuenta exposiciones individuales
por todo el mundo, participando en numerosas colectivas. Su última
individual, que precede a la de Marlborough Madrid, se presentó
en 2004 en varios museos de Centroamérica, fomentada por
el Gobierno Español. Especialistas como Juan Manuel Bonet,
Miguel Cereceda, Mariano Navarro o Fernando Castro han advertido
en su obra una intensa preocupación por la historia desde
postulados pictóricos, con fuertes ingredientes iconográficos
que en ningún momento se pierden en anécdotas temáticas.
Apartándose de cualquier pretexto anticuario o monumental,
se posiciona
como artista plenamente moderno, con las ideas tan potentes como
singulares.
–La exposición de Marlborough sigue patentando
una férrea defensa del medio pictórico, sin renunciar
a diversas experimentaciones. ¿Qué momentos valora
Carlos Franco como más importantes en su evolución
como artista?
–En mi etapa de formación, con profesores como Ángel
Orcajo y Amadeo Roca, hubo un momento determinante que fue mi accidente
de coche, que me obligó a estar metido en cama y con operaciones
durante tres años. Entonces dibujé muchísimo.
Poco antes había conocido a Juan Antonio Aguirre y Luis Gordillo,
entre otros de los participantes en los míticos Encuentros
de Pamplona, a los que finalmente no pude ir por estar en el hospital.
Aquello fue quizás el suceso artístico más
importante que ha ocurrido en España desde entonces y del
cual se habla muy poco. El ambiente de mi generación era
muy abierto. En la galería Amadís había figurativos,
abstractos y conceptuales. No había todavía un dogmatismo
estilista.
–Y en 1972 la primera exposición en la sala
Amadís...
–Sí, allí conocí a Carlos Alcolea, con
quien tuve una gran amistad. Rechazábamos la cristalización
dogmática que había llegado a tener el informalismo,
había cierto cansancio en aquellos años. El ‘negro
español’ de la España más oscura se había
apoderado de la crítica con sus connotaciones morales de
sobriedad y estaba mal visto el color desaforado y toda la herencia
colorista.
–Entonces se vivían múltiples influencias...
–En mi caso, desde Van Gogh, Monet y Toulouse-Lautrec hasta
Picasso o la pintura norteamericana. Y la pintura simbolista, romántica
y surrealista, por ejemplo, Odilon Redon, Friedrich...Y también
tuve la suerte, durante mi primer viaje a Roma, de ver una exposición
de Savinio, el hermano de Giorgio de Chirico. Digo suerte porque
planteaba el mismo camino que a mí me interesaba, ese intento
de unión de los planos de color y la descripción naturalista.
En ese sentido, Bacon también fue un artista importante,
porque lo logró plenamente.
–¿Eso generó en su obra las relación
tan especiales que genera respecto al dibujo y el color?
–Los elementos del dibujo y del color crean emociones internas
y siempre han sido lo que más me ha permitido expresar e
intentar conocerme. Con esto acepto la asociación intrínseca
entre lo estético y lo ético. Para mí lo estético
es un sentimiento común a todos los demás. Es, quizás,
la más profunda, rotunda y primaria forma de elección.
–En los ochenta, esa ‘década prodigiosa’
del arte español, Carlos Franco formó parte de un
grupo que marcó un antes y un después en la renovación
pictórica. ¿Cómo recuerda aquellos días?
–Lo que floreció en los ochenta había comenzado
a surgir a principios de los setenta. De hecho hubo grandes artistas
que hicieron una figuración cromática en los años
ochenta que sería impensable sin esa visión anterior.
–Hablemos un poco del taller que impartirá en AlNorte’05
en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón, entre
el 12 y el 14 de diciembre. Se titulará 'Dibujo, huella y
arte' y cuenta con 30 plazas gratuitas, convocadas por EL COMERCIO.
¿Cuáles son sus objetivos?
–Entrar en relación con las personas verdaderamente
interesadas en el dibujo, una disciplina tremendamente denostada
por cierta parte de la crítica actual, partidaria de los
nuevos medios y disciplinas. Un tema, incluso, rechazado en algunos
centros de formación y escuelas de arte. A partir de ahí
experimentaremos, dialogaremos y trataremos de establecer conversaciones
fructíferas sobre el arte como huella y la huella como arte.
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