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El Comercio
 
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 • ACTUALIDAD EN AL NORTE

13

Dic.

2005


Al Norte

Semana Nacional de Arte Contemporáneo

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Carlos Franco descubre en AlNorte
su «campo de batalla», el lienzo
El pintor, que imparte uno de los talleres de artistas de la
Semana Nacional de Arte de EL COMERCIO, habló de sus
necesidades y miedos de creador ante sus alumnos



P. Merayo Gijón

«En un cuadro yo puedo matar. En la vida no lo haría nunca». Con esta elocuente sentencia despistaba Carlos Franco la línea entre el arte y la existencia del artista. Quería dejar claro que el plano en el que un creador interpreta su «percepción del entorno» y sus «pasiones más íntimas» es «un campo de estrategia, un campo de batalla en el que uno puede ir más allá que su propia mano».

Sus explicaciones sonaban claras y diáfanas en una sala repleta de intereses comunes por el arte. Alumnos y alumnas, todos creadores de vocación, le escuchaban, preguntaban y contaban vivencias creando continente y contenido a la primera jornada de las tres que compartirán en el Centro de Cultura Antiguo Instituto, dentro de uno de los talleres de artista de AlNorte, la Semana Nacional de Arte Contemporáneo de EL COMERCIO.

Franco, considerado uno de los miembros más destacados de lo que se dio en llamar, tras la decadencia del grupo El Paso, la nueva figuración madrileña, empezó hablando de su «necesidad» de pintar. De cómo el pincel en la mano y las ideas en el lienzo le permiten «encauzar cierta locura» y mantenerle vivo: «Pintar es una cosa vital, probablemente, si no lo hiciera me suicidaría», dijo. Y a esa rotunda afirmación fue añadiendo pequeñas pinceladas de experiencia.

La percepción
Por ejemplo, para explicar que las cosas que a uno le llaman la atención y acaban, por ello, en el plano (así se refiere al cuadro) no son las mejores ni las más atractivas. «Son aquellas que se relacionan conmigo, por algo que no sabría explicar, que llegan por un determinado camino de la percepción, que ni es mejor ni peor que el de otros es, sencillamente, el mío».

Y asomado el ‘yo’, advirtió el director del taller, el primero que pone en marcha este IV AlNorte, que «no todo eres tú frente a una obra». Y explicó: «Una tijera en el suelo que perturba el escenario de una manera inconsciente, puede acabar en la pintura. El ángulo que formaban sus partes puede acabar pintado en la tela».

Pero no es sólo por esa inercia de los objetos a instalarse en la mente casi sin preguntar por lo que Carlos Franco se adentró en el territorio del ‘yo más todas las circunstancias’. También lo hizo para advertir que el «maridaje de elementos, ideas y sensaciones» es necesario y excede, lógicamente, de la capacidad de dominio del artista.

Asimismo, le sirvió para contestar la primera pregunta de la platea: ¿Por qué cambia un cuadro que daba por terminado? ¿No es una traición consigo mismo, una destrucción de la obra? Tras un «no» reiterado (para no dejar duda), Franco explicó que «es importante machacar el yo, porque, insisto, el yo no es tan importante».

«Trabajar sobre una obra que ya creías acabada no es un problema de destrucción, sino de juicios. Yo no me fío demasiado de mí, no tengo tan claro el mundo para juzgar y no lo hago».

El espectador
Abierto el diálogo, los alumnos (las alumnas, en honor a la verdad) no perdieron un minuto y preguntaron y preguntaron. La siguiente duda, sobre la capacidad de mirar del espectador. ¿Cómo enfoca la relación entre su obra y el que va a contemplarla? «Creo que cuanto más íntimo es lo que cuento más fácil es que alguien lo entienda», dijo Carlos Franco en primera instancia. Luego añadió una segunda reflexión. «Lo cierto es que hay mucha circunstancia en torno al espectador».

Se refería el creador al hecho de que un observador casi nunca se enfrenta a una obra de arte con la imparcialidad de la ignorancia. «Conoce el nombre, sabe lo que dicen los críticos y suele reaccionar cómo se espera que reaccione. Estando de acuerdo con lo que ya almacena su cabeza», dijo. Y sus palabras tuvieron eco en otra de las alumnas: «Es como el mundo de las marcas. Llevas una cosa con cierta etiqueta porque te da seguridad sobre su calidad. Lo mismo acudes a una exposición de un artista de renombre con más predisposición a que te guste que si no conocieras nada de él».

Mientras el profesor contaba sus experiencias desde una humildad que ya empieza a ser habitual entre los grandes creadores que prestan sus conocimientos en AlNorte, la clase seguía su voz con interés, pero no todos su mirada. Una serie de interesantes catálogos con su obra más importante recorría el aula, de unas sillas a otras, de unas manos a otras.

Los participantes en el taller observaban la obra de quien les hablaba, intentando entender en ella aquello que decían sus palabras. Y en medio del ir y venir de verbos y pintura fotografiada, una pregunta más: ¿Sufres?. Y una generosa respuesta, de nuevo: «Yo paso por todo, incluso por la sensación de la muerte», dijo Carlos Franco.

Y añadió: «Cuando estoy más concentrado pasan por mi cabeza todo lo que no tengo resuelto y ese es el enemigo de la satisfacción y de la concentración. Acabas queriendo dejar lo que estás haciendo para salir corriendo a resolver la vida». Pero, pese a esa contestación un tanto tremendista, el pintor que estampó su firma en el gran mural de la plaza Mayor de Madrid, del que también se habló ayer («al final, te das cuenta de que utilizas las mismas técnicas que usaron en la prehistoria. Lo mismo que hizo Giotto») asegura que la pintura le da la vida.

 
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