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P. Merayo Gijón
Quince niños
y niñas. El más pequeño de cinco años,
la mayor de 10. Un lugar, la sala de exposiciones del Espacio Astragal;
una escenografía, las fotografías y los secretos de
Noe Baranda, y una intención, cerrar el círculo poniendo
en movimiento las mentes de los pequeños invitados. Para
abrir boca, una búsqueda: ¿Dónde están
las personas con casco, el coche amarillo, el collar de perlas azules,
las naranjas, el pendiente con flor, la sirena, el ticket de autobús,
el semáforo rojo, el pañuelo de lunares, el guante
y el pantalón vaquero con etiqueta? Pues allí mismo.
Los niños los encontraron en seguida y eso que no estaban
en el primer plano de las fotografías de Baranda, ni siquiera
en los rasgos más enfocados de las instantáneas que
envolvían el taller. Pero los encontraron.
En menos de media hora habían localizado todos los objetivos.
Orgullosos daban cuenta de sus hallazgos, levantando la mano para
cantar la hazaña. Nicolás Merino, el pañuelo
de los lunares; Javier Lobato, de ocho años, encontró
el pendiente floreado; su hermano Jorge, las naranjas; Ismael Mata,
los vaqueros, «una de las más difíciles»,
según el propio Baranda, que tuvo como compañera de
aventura a la joven licenciada en Historia del Arte Carolina Fernández,
a la que seguían los niños y niñas por toda
la sala Astragal, sorteando la columna del centro para explorar
palmo a palmo todas las fotografías.
Una historia
Superada con sobresaliente la prueba de búsqueda, que no
era fácil. Baranda y Carolina iniciaron la segunda aventura
de la tarde. «Ahora debéis pensar una historia que
haya sucedido antes y otra que haya podido pasar después
de una imagen determinada», explicó la joven a los
pequeños.
No hubo que dar más cuenta. Divididos por grupos buscaron
historias pequeñas de bares llamados sirenas, calles en las
que estaba prohibido, como ideó Marta Sevilla, comer mandarinas,
o niñas que estaban tristes por que les faltaba un caballo.
Cada uno fue contando la historia de aquellas personas que tenían
en la mano y que Baranda había fotografiado.
Luego, con la cabeza llena de cuentos, reflejos y búsquedas
tocó volcar sobre el papel los últimos deseos. Curiosamente
volvieron las sirenas . Alejandro Pérez y Elena Cuevas fueron
dos de los que se dejaron llevar por ellas. También hubo
dragones. Hugo Pérez dibujó uno con dos personas en
el estómago. No faltaron los paisajes. Manzanos y soles,
en todos. Pero también se hicieron collages. Miriam Pérez,
la mayor del grupo (10 años) realizó un alegre delfín,
que se llevó el viento antes de ponerle cola. Cada uno creó
su pequeña parcela de sueño.
Las
siluetas de Pepa Pardo
La jornada
de AlNorte se completó ayer con las primeras intervenciones
del seminario Hibridaciones, un encuentro que pretende fomentar
el debate en torno a las relaciones entre las artes visuales
tradicionales y otras disciplinas creativas. La historiadora
del Arte Pepa Pardo fue la encargada de abrir fuego con la
charla titulada ‘Miradas sobre el cuerpo. Siluetas de
papel y témpera’. Tras ella, le llegó
el turno al arquitecto catalán Enrique Granell.
Hoy, ocuparán el mismo lugar para seguir indagando
sobre el arte en sus más diversas manifestaciones el
artista y escenógrafo Ramón Isidoro y la profesora
de la Universidad de Oviedo Marta Cureses. |
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