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14

Dic.

2005


Al Norte

Semana Nacional de Arte Contemporáneo

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El parque imaginado
Edgar Plans pintó con los niños que asistieron a su taller una zona de juego
infantil, una de las escenas que forma parte del universo pictórico del artista



Leticia Á
lvarez gijón

Columpios, toboganes, árboles, porterías de fútbol y así decenas de elementos imprescindibles en todo parque que se precie. Pero también dragones con lenguas de fuego, castillos a los que se entra previo pago, lagos llenos de pirañas y hasta planetas descolgados del universo. Porque los niños superan cualquiera de los catálogos de mobiliario urbano. Y ayer lo demostraron. Son los parques imaginados los que cobraron forma y adoptaron colores en el segundo de los talleres infantiles de AlNorte, la Semana de Arte que organiza EL COMERCIO. Le tocaba el turno de ‘profe’ a Edgar Plans y se encontró, en su primera experiencia puericultora, con dos docenas de chavales de edades comprendidas entre los tres y los doce años «con muchas más ganas de pintar de lo que creía». También con muchas ideas.

Plans, autor del cartel de esta edición de la semana de arte, propuso a los niños dibujar un parque, una de las escenas que forman parte de su universo pictórico. «Me gustan mucho... Es donde yo vivía cuando era pequeño», cuenta. Y lo hace en pasado porque este artista en cuyos lienzos no son extraños los columpios de trazo sencillo y casi infantil, confiesa que hace tiempo que no disfruta en uno como lo hacía entonces. Por eso ayer, en una de las salas del Museo Nicanor Piñole, rodeado de pequeños artistas, Plans aseguró sentirse muy bien. «Es un poco lío, pero la idea era pintar un parque entre todos y en eso estamos».
Al reparto de pinceles, botes de colores y ceras, Plans añadía propuestas y también preguntas. «Vamos a empezar por el cielo, luego haremos la hierba y más adelante los árboles y los personajes...», anunció.

Poco a poco sobre una tabla blanca dispuesta en posición perpendicular al suelo comenzaron a desperezarse pinceladas en todas las direcciones. A Alberto Rey, de 4 años, no le preocupó en absoluto que la témpera de color azul, demasiado líquida, arrollara sin control por el panel. «No importa, así parece lluvia», resolvió. Su hermana Alejandra, de tan solo tres años, se conformaba con una lámina garabateada en la que había, según dijo, «un planeta».

Al otro lado de la cancha se las arreglaba David Castaño con un sol de color amarillo. David, de 5 años, dibujó el gran astro con sus rayos y todo y en cuanto Edgar Plans le dio el visto bueno cambió de color y de pincel para meterse de lleno en una nueva tarea, la de pintar la hierba.

«Si no la hacemos pronto será imposible que crezcan las flores», animó Edgar Plans al resto del grupo. Así que en pocos minutos tuvo repartidos todos los pinceles y prácticamente agotada la sustancia de color verde. Mientras el césped se transformaba poco a poco en un mullido tapiz, el artista propuso pasar a los árboles: «¿Quién quiere hacer un tronco con color marrón?». De nuevo los voluntarios agotaron el material. Después les tocó el turno a sus copas y en pocos segundos a su alrededor ya revoloteaban algunos pájaros.

Se quita con agua
Los hermanos Adrián y Paula Vallina, de 3 y 6 años, dejaron su huella en ese prado y de éste algo se quedó también en los pantalones. «No importa, se quita con facilidad con un poco de agua», tranquilizó el profesor. A su lado, un remolino de niños seguía tirándole de los pantalones para captar su atención: «Profe, ¿qué hago?; profe, ¿qué pinto...?». Mientras él, con destreza remataba algunos dibujos con la mano izquierda y en la otra sostenía varios pinceles y frascos rebosantes de líquido. «Pinto con las dos manos, pero la verdad es que soy zurdo», confesó.

A Nacho Fernández Gago, de 8 años, le pidió el artista que concluyera el cielo y así lo hizo con trazo suelto y contundente. A Óscar Fernández, de 7, le sugirió que siguiera con los blancos que habían quedado en el césped, y a Raquel Carvajal, también de 7 años, le preguntó si notaba que faltaba algún elemento en ese parque que comenzaba a intuirse entre las decenas de pinceladas.

Nadie acertó, pero Plans quería conducir a los niños del taller hasta otra de sus escenas de infancia: el lago del parque de Isabel la Católica. «¿No lo conocéis? Está lleno de patos y cisnes. Todos los parques tiene que tener animales», apuntó.

Ana Cuervo comparte esa idea, así que en su lámina, otra de las labores realizadas en este encuentro, dibujó un perro al que espontáneamente llamó ‘Leche’. «Va al parque porque en algunos sitios dejan llevar perro», espetó. Junto a ella dibujaba Héctor Vázquez, de 4 años. Su parque tiene un dragón gigante y un castillo, pero eso, según explicó, no es inconveniente para que lo visiten los niños: «No me da susto ver un dragón».

Imaginación desbordante en un taller sin más pretensiones que las de acercarse al color y al dibujo, pero del que Plans asegura que extrae muchas ideas: «A eso he venido».

Las músicas de Ramón Isidoro

El artista y escenógrafo Ramón Isidoro tomó ayer el testigo del seminario ‘Hibridaciones’ y, con él, el afán por fomentar el debate en torno a las relaciones entre las artes visuales tradicionales y otras disciplinas creativas. Y, él, claro, se centró sobre todo en la música, no en vano, el pintor y creador es, además, director de arte de Manta Ray y el autor de la última portada del grupo.

Y la tarde siguió con música, porque la conferencia posterior corrió a cargo de Marta Cureses, del departamento de Historia del Arte y Musicología de la Universidad de Oviedo.

 
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