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 • ACTUALIDAD EN AL NORTE

15

Dic.

2005


Al Norte

Semana Nacional de Arte Contemporáneo

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Mantel de colores
Carlos Franco clausuró ayer su taller en AlNorte con la elaboración
de un mural en el que participaron doce artistas profesionales y amateurs



Leticia Á
lvarez gijón

Dieciocho horas juntos, kilos de pinturas acrílicas y doce metros de papel. Un estudio con mucha luz y un maestro de altura Carlos Franco. Son los ingredientes del primero de los talleres de AlNorte en clausurar sus puertas y culminar una obra, dentro de esta edición de la semana artística organizada por EL COMERCIO. El resultado, según el propio Franco, «una alucinación».

Sus doce alumnos plasmaron en el largo lienzo ideas, ensoñaciones, figuras humanas, dibujos de alimentos y también otros geométricos. Cada uno a su manera, cada uno con su estilo porque en el fondo esta experiencia a doce manos consistía en «poner en común» más que en crear.
«Los artistas plásticos, muchas veces también los músicos, trabajan muy solos, aislados y para mí es interesante compartir, crear una especie de foro de discusión y comprobar que tu locura no es tan única», explicó Carlos Franco. Para aquellos que sintieron cierto pudor al emplear los pinceles ante otros, él mismo comentó otra virtud extraída de este trabajo colectivo: «También es una oportunidad para comprobar que no hay lenguajes mejores ni peores. Cada uno habla a su manera aunque sea de las mismas cosas».

El taller arrancó con esa idea y así culminó ayer con el mural ya concluido y en el que se intuyen distintos trazos, variadas apuestas de color, grosor y humedad y, en definitiva, las firmas que están detrás de la experiencia.

Entre ellas la de Martina Santamarta, una gijonesa que pinta y además imparte clases, para quien participar en una actividad junto a Franco suponía «una verdadera satisfacción». Beber de la fuente de un creador ya reconocido por la crítica y el público aporta nuevos datos y claves para descodificar manifestaciones artísticas e ideas, pero también a Franco le han reportado beneficios. «Me da una visión social y además me obliga a tomar decisiones dentro de las limitaciones. Yo necesito silencio absoluto porque me desconcentro y, a pesar de ser tantos, logré momentos de concentración muy fuerte. Y esa parte de salir de Madrid y encontrarte con la variedad que hay me demuestra que en el fondo somos muy parecidos».

Teresa Monforte ha sido durante esas 18 horas de intenso trabajo una de sus alumnas. Monforte, que precisamente inaugura hoy en el centro La Muralla, junto al Palacio de Revillagigedo, su ultima exposición, explica que «para mí ha sido interesante expresarnos cada uno y demostrar nuestra personalidad ante gente que no conoces de nada. Es muy enriquecedor».

«Mundo interior»
La ovetense María de los Ángeles Palomeque se sintió conmovida por el intenso «mundo interior» de Franco. «Me llamó la atención su forma de trabajar, su necesidad de aislarse y de entrar en algo así como un trance». Una forma de trabajo que, sin embargo, desorientó a otros participantes como Raquel Miranda, quien comentó que «en algunos momentos te despista y no sabes muy bien qué hacer». Pero en realidad eso sólo sucedió al principio del proceso. En un primer momento, entre todos discutieron la idea e hicieron diferentes propuestas. El segundo paso consistió en dividir el papel en doce parcelas, convertidas en improvisados lienzos, y, a partir de ese momento, los pinceles se pusieron a funcionar.

«Nos preocupó mucho la humedad que hay en Gijón. Pensábamos sinceramente que no iba a secar a tiempo para seguir resolviendo nuestra idea», comentó Santiago Lara, otro de los artistas que participaron en el taller.

Poco a poco, el mural cobró forma y vida. La comida campestre imaginada al inicio se transformó en un extenso mantel de sugerente menú y tan amplias interpretaciones como de gustos hay cuestiones. «No conviene interpretar el arte. La persona tiene que hacer un esfuerzo por acercarse a él aunque una primera lectura pueda resultar muy extraña.

Ayer a las dos de la tarde dieron por terminado el mural colectivo aunque la tormenta de sugerencias hubiera dado para mucho más. «Ha dado para lo que ha dado. Creo que ha sido bueno para todos», comentó Franco. Ya por la tarde, lejos del olor a pinturas acrílicas, los integrantes del taller y su tutor por unas horas se citaron para hablar de la experiencia. De esa fructífera hubieran surgido ideas para nuevos murales. La creatividad estaba a flor de piel.

Tijeras y pinturas a la sombra de un árbol de papel

Niños de diversas edades se afanaban ayer por pegar hojas a un árbol. Mejor dicho, a la sombra de un árbol en el museo Barjola. ¿Pero cómo puede arrojar sombra un árbol al que no ilumina ni un sol ni un foco? Muy sencillo, Francisco Fresno pegó al suelo del museo unas cartulinas negras siguiendo a imagen y semejanza del árbol, de ahí el nombre del taller infantil: ‘Haciéndole sombra al árbol’. Hugo Pérez García, de 6 años, y su hermano Sergio, dibujaban la silueta de las hojas en una lamina adhesiva que podía ser de varios colores. Las había fieles a la idea de hoja, otras eran más surrealistas, como corazones.
Después llegaba el proceso más divertido, al menos para Ainhoa Díez García, de 4 años, que era recortar las laminas siguiendo el dibujo que había hecho previamente. Para, finalmente, pegar las hojas sobre la ‘falsa’ sombra en el suelo.

«A esta edad los niños vienen muy motivados y se toman estas cosas como un juego lúdico», decía Francisco Fresno. En su opinión, el mayor problema es que «es difícil que se mantengan durante mucho tiempo haciendo una sola cosa». Por eso el proyecto de ayer era «perfecto para los niños», ya que es un «trabajo colectivo, en el que cada uno hace tres cosas distintas» y además entienden que su pequeña aportación, sirve para hacer algo mucho más grande.

 
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