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L. A. R.
Poco a poco las ideas cobran forma. La fragua sigue trabajando a marchas forzadas y a su alrededor los 17 alumnos de Martín Chirino ya no sienten el calor del principio. Debe ser la fuerza de la costumbre o quizás la obsesión catárquica en la que entra el artista cuando la pieza buscada empieza a aparecer ante sus ojos.
Los pupilos de Chirino siguen protegiéndose con máscaras, guantes y monos de trabajo para evitar lesiones en un trabajo que resulta, aunque artístico, muy duro. Ya lo dice el ayudante del maestro, el pintor Rafael Monagas: «Esto es un taller, ni más ni menos».
Sólo algunas herramientas de las que manejan los artistas, como los marros, pueden pesar hasta catorce kilos, a los que se suman las peligrosas radiales y el ambiente cargado que desprende la fragua. El maestro grancanario, sin embargo, es un artista curtido, habituado a vivir junto a la herramienta básica de la forja, y que, ayer, volvió a coger el mando y no sólo eso, también el mazo para malear el hierro a su antojo.
Lo viene haciendo desde siempre, pero en la intimidad de su estudio-taller. Ayer, dentro de las actividades programadas por la Semana de Arte Contemporáneo de EL COMERCIO AlNorte, el maestro exhibió su técnica para lujo de unos privilegiados alumnos que aspiran a dibujar el espacio como el escultor consagrado lo ha hecho.
Ayer, ya sin lluvia, los alumnos tuvieron la iniciativa de sacar la fragua al exterior del taller, un horno de funcionamiento manual, que trasladó aún más si cabe la escena al pasado.
De momento, los comentarios de Chirino sobre las obras de sus alumnos son pocos. Es partidario el cofundador del grupo El Paso de contemplar, primero, y expresar su opinión, después. «Así no interfiero ni influyo en vuestras obras», les dice a los jóvenes artistas.
Aún y todo, en ocasiones, Chirino no puede remediar acercarse a cada uno de ellos para orientar algunos criterios. «Dibuja, dibuja el espacio», insiste. Sobre todo cuando percibe que la idea puede transformarse en una escultura.
Ayer, Chirino dedicó la mañana al taller, que tiene lugar en las instalaciones de Arcelor, y después aprovechó la jornada para conocer algo más de Asturias, con una visita a San Esteban de Pravia para almorzar. El taller continúa hoy, día en que el maestro tiene la intención de retomar, como ya hiciera el sábado, las clases teóricas. |