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 • ACTUALIDAD EN AL NORTE

12

Dic

2006

Al Norte

Semana Nacional de Arte Contemporáneo

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Estampas de un creador

Bernardo Sanjurjo vuelve a la Escuela de Arte de Oviedo para mostrar su intenso
proceso creativo y su búsqueda de la «expresión personal» en AlNorte 06



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Paché Merayo



Con la lista de alumnos de su taller en la mano, en el centro mismo del vestíbulo de la Escuela de Arte que dirigió hace años y a la que acude de cuando en cuando para no perder la costumbre de la docencia, espera Bernardo Sanjurjo la llegada de las cuatro de la tarde. Al otro lado de la puerta, apuran los últimos minutos los aspirantes a artistas que figuran en su papel, con nombres y teléfonos. Están deseando entrar en el aula de xerigrafía con el creador, maestro de maestros, para dejarse llevar durante tres días por su saber de pintor veterano, aplaudido y respetado. Pero antes de la clase, que les brinda AlNorte –la Semana de Arte Contemporáneo de EL COMERCIO–, un poco de ejercicio. Sanjurjo ha llegado a la cita cargado con varias carpetas gigantes en las que encierra algunas de sus obras y todo el material de trabajo. «Al arte también se llega sudando la camiseta», ironiza uno de los participantes del taller que, como el resto, es requerido por el artista para hacer de porteador hasta la clase.

Y es que a Sanjurjo, capaz de componer 40 bocetos de una sola estampa, de inyectar 32 tintas diferentes en una xerigrafía aparentemente monográfica, no le bastan las maquinarias grabadoras de la escuela, ni las ideas que sabe precipitadas de sus alumnos. No se contenta tampoco con mostrar la técnica. Su reto para dar cuerpo al encuentro que él mismo titula ‘Procesos xerigráficos’ es apuntar directamente al centro de gravedad: «La esencia del planteamiento creativo», algo que requiere, dijo, «indagar en nuestro mundo interior». Eso, sí, sin dejar de escuchar las señales de fuera. Algo, explicó también, que «debe unir el lenguaje gráficos y la pintura».

Sobre ese convencimiento, decidió Sanjurjo que «lo importante no es que estos chicos y chicas, que, como alumnos de la Escuela de Arte en su mayoría, ya saben grabar y hacer xerigrafías, se lleven una estampita a casa, sino que aprendan a valorar el camino, el proceso». Confiesa el creador sus intenciones antes de hacer corrillo con sus estudiantes en el aula. Una vez dentro, las comparte. La mayoría está está de acuerdo. Sólo a dos alumnos, José Suárez y Ana de la Fuente, sorprende la dinámica planteada. Ellos quieren ponerse manos a la obra. Están ansiosos por utilizar las planchas y arrancan una promesa al maestro. «Bueno, algo haremos», dice. Pero antes, hay que «buscar la verdad», anuncia Sanjurjo, a sabiendas de que las prisas no son buenas y de que es uno de los defectos de sus alumnos.

Para empezar, algo de historia. Recuerda Sanjurjo que los lenguajes gráficos fueron método de comunicación antes que expresión artística y utiliza ese cambio de planteamiento para explicar que es, precisamente, ese trance donde se halla la diferencia y el camino. «El creador no debe reproducir, debe inventar, hacer algo que no está hecho, darle vueltas a las cosas, expresar, atormentar, indagar y cuando logre sentir que está navegando con cierto sosiego, entendiendo lo que quiere y lo que hace, habrá encontrado su camino», dice.

Para explicar cómo él se empeña en ese juego de búsquedas abrió luego la primera caja de Pandora, una carpeta de bocetos, en la que había ido fraguando lentamente la idea de una obra que acabó siendo estampa. «No pretendo haceros creer que mi manera es la manera, pero sí un ejemplo de cómo proceder».

Y al poner ante la mirada el segundo boceto, empezaron las primeras preguntas: «¿Tenía clara la idea final?», pregunta José Suárez. «Nunca», contesta Sanjurjo. «Uno sabe cómo empieza, pero por el camino va tropezando con mil calamidades, tempestades, viento y lluvias, como si fuera un navío». «¿Cuál era entonces la idea primigenia?», insiste Suárez. «Creo que no lo se, la idea eres tu mismo», añade el pintor.

Mientras sigue mostrando bocetos, de pigmentos magenta, aceite y aguarrás, y se hace evidente la necesidad de materia, las dudas se vuelven repentinamente pecuniarias. «Seguir el proceso requiere mucho coste, mucho papel y pintura ¿de dónde sacamos el dinero?», pregunta Sergio del Río. «¿Pero estamos hablando de dinero?», contesta el maestro. «Creía que hablábamos de buscar la verdad».