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 • ACTUALIDAD EN AL NORTE

13

Dic

2006

Al Norte

Semana Nacional de Arte Contemporáneo

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ANTONIO WEINRITCHER. CRÍTICO CINEMATOGRÁFICO
«La fusión y confusión entre el cine y
el arte son crecientes»

‘El arte cinematográfico en la era audiovisual será el eje
de su ponencia de hoy en el Auditorio de Oviedo



CONSULTA EL PROGRAMA


El Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo albergará esta tarde una conferencia para debatir las relaciones entre las artes plásticas tradicionales y el medio cinematográfico, de la mano de uno de los mejores especialistas del país. Se trata de Antonio Weinritcher, profesor de la Escuela de Cine y la Universidad Carlos III de Madrid, crítico cinematográfico en distintos suplementos culturales y autor de varios libros sobre nuevo cine documental, cine ‘negro’, cine americano y sobre autores como Win Wenders, Bigas Luna y Egoyan. Su ponencia, titulada ‘El arte cinematográfico en la era audiovisual’, comienza a las 18 horas.

–El cine entra en esta edición del curso universitario AlNorte 06 por su relación con los nuevos medios de expresión y con otras formas de creación artística. ¿Cómo es esa relación?
–Hace un tercio de siglo el teórico Gene Youngblood escribió ‘Expanded cinema’, aquel libro ya reflejaba la idea de la expansión del cine fuera de su ‘contenedor’ tradicional: la sala de cine, en la que uno se sienta a oscuras para vivir de forma vicaria una historia narrativa lineal dentro de lo que un artista llamó la ‘caja negra’.

–Pero la caja negra sigue existiendo. Seguimos yendo al cine, aunque sea cada vez menos.
–Sí, sí, claro, y para muchos sigue siendo la forma privilegiada de ver cine. Pero ya no es la única. Las sucesivas generaciones de pantallas, cada vez más pequeñas (tele, ordenador, videoconsola, incluso la del teléfono móvil) se han ido abriendo paso, arrancando a la gran pantalla de cine su supremacía. Esto es algo de lo que se habla todos los días. Pero hay otro síntoma de expansión.

–¿…?
–Es la creciente fusión y confusión entre la institución cine y la institución arte, que tradicionalmente se han dado la espalda. Ahora hay muchos artistas que trabajan la imagen audiovisual y, a la inversa, crece el número de cineastas que orientan su trabajo hacia la sala blanca por oposición a la caja negra, entre otros motivos porque tienen la intuición de adivinar que la institución cine se les está quedando pequeña o, como mínimo, es más hostil hacia la experimentación.

–¿Y lo es?

–El cine experimental siempre trabajó dentro de parámetros cercanos a la institución arte, aún siendo relativamente ignorada por ésta y sobre todo en la tradición artística del vídeo, que fue el soporte que introdujo la imagen en movimiento en los museos. Desde el lado del museo, es curiosa la atracción que sienten los comisarios desde hace una década por el cine/vídeo, lo que les lleva a programar cada vez más este tipo de obras, hasta el extremo de que algunos protestan de que basta hacer un vídeo para que te lo expongan en una sala.

–¿El cine actual tiene también en cuenta sus relaciones estéticas con las artes tradicionales?
–Se entiende que el cine suele ir por otros caminos que el arte, empezando por esa misma concepción o ambición artística, que no ha sido moneda de uso corriente en el cine.

–Hay películas en las que eso sí prima. Usted suele definirlas como ‘cine de festival’.
–Sí. Esa categoría, que quizá ha sucedido a la del llamado cine de autor, es más fácil que encuentre acomodo en la ‘otra orilla’, la del museo y la galería. Una orilla hacia la que algunos vadean deliberadamente, olvidando las exigencias de la tradición cinematográfica.

–Por ejemplo.
–Como digo, el movimiento se produce desde las dos orillas. Hay que mencionar nombres como el de Douglas Gordon, al que la barcelonesa Fundació Joan Miró dedicó este año una ambiciosa retrospectiva. O el de Bill Viola. O la obra ‘Un ballo in maschera’ del artista nigeriano-inglés Yinja Shonibare, que estuvo en la Tate Gallery. O una maravillosa exposición de la videoartista iraní Shirin Neshat, que tuve ocasión de ver este verano en el Centro Atlántico de Arte Moderno, en Gran Canaria. Desde el lado cinematográfico, hay que mencionar la cantidad de cineastas que trabajan con obras que expanden la concepción monocanal de sus obras anteriores. El documentalista alemán Harun Farocki, por ejemplo, con su obra para dos pantallas ‘Pensaba que veía presidiarios’. Pero la lista es larga: Chantal Akerman, Leslie Thornton, el propio Atom Egoyan...

–¿Vivimos un buen momento en la programación cinematográfica de nuestro país? Me refiero a artistas, movimientos, festivales, centros de exposición multimedia...
–La reciente curiosidad que siento por este tema se ve saciada por iniciativas como la programación audiovisual del Museo Nacional-Centro de Arte Reina Sofía, por ejemplo, que lleva seis ediciones de un programa anual que llama ‘Cine y casi cine’. Casi sin excepción, entre mis películas favoritas de cada año hay alguna que he visto allí: ‘No sex last night’, la antología de John Smith, ‘Los Angeles Plays Itself’... Y hay que mencionar la vídeo-correspondencia entre Víctor Erice y Abbas Kiarostami, que se ha expuesto en Barcelona y luego en Madrid. O la retrospectiva de Basilio Martin Patino en el centro José Guerrero de Granada. Creo que sí, que vivimos un buen momento para estas iniciativas.

 
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