C a n a l     d e      A r t e
Volver a la portada

.
 • ASTURIAS PLÁSTICA
  Agenda artística
  Análisis exposiciones
  Obra abierta

.
 • ENLACES
  Museos
  Galerias
  Colecciones
 • OPINIONES
  Buzón
  Tu opinas sobre...

.
EXPOSICIÓN VIRTUAL
El Comercio
 
Envía esta noticia por e-mail a un amigo  
 • ACTUALIDAD EN AL NORTE

17

Dic

2006

Al Norte

Semana Nacional de Arte Contemporáneo

Volver al inicio

Siete días al calor de la fragua
Algunas de las instantáneas más bellas del certamen se vivieron en Arcelor, donde Martín Chirino impartió un taller de pura práctica



CONSULTA EL PROGRAMA

P. Merayo


Maestro. Chirino da explicaciones a una de las escultoras del taller de forha. /Simal
AlNorte, la Semana Nacional de Arte Contemporáneo de EL COMERCIO, ha dado este año para un buen álbum de bellas imágenes, pero, sin duda, las más singulares se produjeron al calor de la fragua de Aboño, a la luz de la extraordinaria destreza creativa y el oficio de Martín Chirino, que tras el taller de Gijón se despide de su magisterio. Durante casi diez días, el afamado escultor ha repartido enseñanza, técnica y pasión a un 17 creadores que resumen la experiencia vivida como un «encuentro feliz con el arte en su más pura esencia», una cita, dicen, «con un sueño», pues tener cerca a Chirino dando consejos es «un lujo al que pocos pueden siquiera aspirar».

Tan satisfechos estaban con el taller organizado por este periódico, y del que han salido piezas de arte elogiadas por el propio maestro, que todos los días le sacaban al calendario unas cuantas horas más. Debía comenzar cada jornada a las once de la mañana y a las nueve y media ya estaban todos con los monos de trabajo y las mascarillas puestas, dándole vueltas al hierro y sometiendo su dureza a la dictadura del horno.
Estaba planificado el viaje de cada tarde hasta las seis y raro era el día que los escultores y escultoras no estaban en sus puestos pasadas las ocho de la noche.

Al pie del cañón
El propio Chirino se va de Gijón «feliz» por haber podido aprender de la vitalidad de sus jóvenes discípulos. «Bajar de la torre de marfil y compartir experiencias es muy bueno también para mí porque me enriquece», decía al pie del cañón, mientras vigilaba los movimientos de los participantes en el taller para intervenir si notaba una arrítmia en los golpes del martillo o un desequilibrio en la composición de sus obras de acero.
 
Envía esta noticia por e-mail a un amigo  


  

© EL COMERCIO Digital C/ Diario El Comercio,1 - 33207 GIJÓN (Asturias)
Teléfono: 985 17 98 00.   Fax: 985 34 22 26


Publicidad:
publidigital@elcomercio-sa.es

Publicación digital controlada por OJD