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 • ACTUALIDAD EN AL NORTE

15

Dic.

2008


Al Norte

Semana Nacional de Arte Contemporáneo

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FERNANDO CASTRO FLÓREZ CRÍTICO DE ARTE
«En esta época de proliferación museística
cunde la amnesia»
Su conferencia en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón abre esta tarde el curso 'Teoría de lo (in)visible. Arte y comunicación' de AlNorte'08


Ángel Antonio Rodríguez

Fernando Castro, que llega hoy a Gijón, hace unas anotaciones, momentos antes de la entrevista. / FOTOPRENSADos telediarios (matarile lirerón)' es el título del que partirá hoy a las 20 horas en el Centro de Cultura Antiguo Instituto la charla de Fernando Castro Flórez en la apertura del curso 'Teoría de lo (in)visible. Arte y comunicación' de la VII Semana Nacional de Arte Contemporáneo de Asturias, AlNorte'08. Su participación, dotada de un ingenio poco habitual, mantendrá en vilo a propios y extraños, ofreciendo una visión particular de la ideología de la comunicación en el ámbito de lo artístico.

Castro Flórez, que acaba de cumplir 44 años, es titular de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad Autónoma de Madrid y, en la Universidad Complutense, Director de la Cátedra Juan Gris y Profesor del Máster de Teoría y Práctica del Arte Contemporáneo. Ha sido coordinador de numerosos encuentros internacionales, comités, cursos de doctorado, clases y seminarios, comisariando un sinfín de exposiciones y consiguiendo, entre otros, el premio Espais al mejor Proyecto Curatorial. Como crítico, ha colaborado con los grandes medios nacionales, tanto revistas como en prensa, destacando ahora en el suplemento 'ABCD', de Vocento y es autor de numerosos ensayos.

-Su ponencia en AlNorte'08 parte de la crítica de Perniola a la ideología de la comunicación y de la necesidad del arte de llegar al público.

-Estamos sometidos, desde hace décadas, al imperio de la comunicación que reduce todo a «mordiscos» y a cosas pretendidamente interesantes. Sólo lo escandaloso o lo decididamente ridículo tiene carta de naturaleza para entrar en la mediación. Estamos, literalmente, obligados a ser propagandistas de lo absurdo, como si hubiera que dejar aparcada cualquier intención crítica. Esta charla en AlNorte'08 será una palinodia del sistema onanista-comunicativo. Haré un diagnóstico humorístico de todo aquello que nos envenena.

-¿Qué papel juegan ahí la crítica de arte, los centros expositivos públicos y privados y los medios de comunicación? ¿Quiénes tienen mayor peso comunicativo?

-En realidad, casi todo pesa lo mismo, o sea, nada. Con los periódicos de ayer se envuelven los bocadillos, aunque sea en sentido metafórico, de hoy. La crítica cultural es una suerte de rémora tradicional o un inconsciente complejo de culpa de las empresas de la comunicación que, a fin de cuentas, consideran que todo lo que se viene a decir sobre el arte es pura cháchara. Evidentemente, los centros de exposiciones son clientes potenciales y no es bueno darles latigazos con demasiada frecuencia. Un poco de pomada cínica y bastante pasteleo son el tratamiento normalizado para que el burro siga girando en la noria.

-¿El arte actual es cultura, espectáculo o ambas cosas?

-Aunque el deseo político sería que acentuara su dimensión de espectáculo, incluso con ribetes patéticos, lo manifiesto es que no llega, habitualmente, ni a la tonalidad de lo meramente entretenido. La cripta 'cultural' y las sotanas 'académicas' ofrecen una precaria protección frente al 'tsunami' de lo que, con Virilio, llamaríamos la estética de la desaparición. A nadie se le escapa la paradoja de que, en esta época de proliferación museística, lo que cunde es la amnesia. Y eso sin haber pasado por el país de los lotófagos.

-¿El público acepta todo lo que dan o es cada vez más selectivo?

-Me gustaría pensar que los públicos, siempre en plural, establecen líneas de resistencia. Si bien el conocimiento de los fenómenos culturales está muy extendido dudo de que gane en intensidad. Detecto poca indignación, mucho fatalismo y, lo peor, una certeza de que finalmente las instituciones no quieren escuchar otra cosa que el dato con las cifras siempre infladas de visitantes.

-Y la transmisión académica de los conocimientos, o sea, la comunicación del arte a los estudiantes, ¿está bien orientada?

-El papel de la historia del arte en la enseñanza secundaria es mínimo y en la Universidad la titulación está, en términos generales, muy escorada hacia lo clásico. Incluso aparece un desprecio obstinado hacia lo contemporáneo porque, como dice el tópico, «no tenemos distancia histórica». Yo diría que la orientación universitaria es, por simplificar, carca. Los estudiantes esperan que toda esa cantinela de los cambios de planes de estudios lleven a una enseñanza mejor. En este asunto, más que cualquier otro, soy un pesimista absoluto: solo sucede (hacia Bolonia o lo que sea) lo peor.

-Los críticos de arte hoy ejercen también como comisarios de exposiciones y, con frecuencia, como gestores culturales, por exigencias del guión. ¿Eso complica mucho las cosas?

-No tiene que ser imposible dedicarse a 'editar' el arte, ya sea en el formato de una crítica, una publicación o una exposición. La complicación aparece cuando no se hacen mínimamente bien ninguna de las actividades y el sujeto en cuestión se camufla o trasviste torpemente. En nuestro país abunda el gestor despiadado y casi analfabeto, el crítico de boquilla y el comisario que no da un palo al agua.

-¿Cómo percibe hoy su evolución profesional, con más o menos ilusión que antaño?

-Comencé, apasionadamente, en la crítica literaria, pero pronto la mezquindad de los poetas que fui conociendo me hizo abandonar toda esperanza. Fue la experiencia desconcertante del arte póvera lo que me llevó a la crítica de arte. Tuve la fortuna de encontrarme, cuando no era otra cosa que un completo ignorante, con dos maestros a los que rindo tributo: Nacho Criado y Javier Utray. La proximidad de artistas que habían desplegado su lenguaje en los años setenta marcó muchó el sesgo de mi escritura. Fui dejando de lado el corsé filosófico e intentando hacer una 'lectura atenta' de obras que, con frecuencia, me reclamaban desde el desconcierto. No he intentando, en ningún momento, hacer una crítica militante, al contrario, he sentido que nada impedía que me pudieran gustar unas pinturas, una instalación, un 'performance' o un vídeo. Tampoco me ha interesado lo 'generacional' y, afortunadamente, quedó hace años atrás la posibilidad de que se me asociara con ese subproducto llamado 'arte joven'. Las tendencias deliberadamente banales, la cantinela de la cultura 'Dj', las complicidades atolondradas y, por simplificar, lo 'simply beautiful' eran y son lo que más detesto. Sigo, a pesar de todo, más que ilusionado jovial, intentando transformar el pesimismo en fuerza contra el resentimiento. Siento, como es propio de la crítica, decir lo que pienso.

 
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