P. M. | GIJÓN
Misión, un mural de mil caras, que pudiera cambiar de perspectiva. Creadores, una decena de pequeños de entre seis y 13 años (ganando la partida los de ocho) con ganas de construir una obra de arte. Capitanes, Lara+Coto, o lo que es lo mismo Santiago Lara y Beatriz Coto, dos de los muchos creadores que AlNorte descubrió con sus becas de arte. Ellos ponían el proyecto y, por supuesto, las normas. Cada niño, una caja de cartón. Cada caja, seis intervenciones, una por cara. La meta, clara. Un retrato, un bosque, una ciudad, un animal, un número y en la última de las fachadas, una letra. Si era la inicial del artista infantil, mejor que mejor. Hecho el encargo múltiple, cada pequeño debía situar sobre el suelo su caja desplegada, deshecha de aristas y vértices, como si fuera una parte de un gran puzzle que podía cambiar al antojo de quien lo montara. Colocadas todas las cajas, los retratos, las calles, los perros y gatos, los doses y los sietes, la misión del primer taller infantil de AlNorte quedó cumplida.
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