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 • ACTUALIDAD EN AL NORTE

17

Dic.

2008


Al Norte

Semana Nacional de Arte Contemporáneo

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JOSÉ GÓMEZ ISLA
PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

«Se ha hablado de la cúpula de Barceló,
pero no de su calidad»

El experto ofrece hoy en el Antiguo Instituto la conferencia 'El artista maldito'


A. A. R.| GIJÓN

José Gómez Isla. / E. C. Esta tarde, José Gómez Isla (Madrid, 1966) ofrecerá una ponencia en AlNorte'08 (Antiguo Instituto, 19.30 horas) bajo el título 'El artista maldito: imágenes y estereotipos del creador visual en los medios de comunicación'. Doctor en Bellas Artes por la Complutense, ha sido director del Salón de las Artes y director del Departamento de Arte del Instituto Leonés de Cultura, ejerciendo también como comisario de exposiciones, crítico de arte y colaborador en diversas revistas especializadas como 'Lápiz' o 'Exit Book', 'Exit Express', 'Foto Futura' y 'Ubicarte.com'. Actualmente es profesor de Comunicación Audiovisual en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Salamanca y ha sido director del master 'MBA en Empresas e Instituciones Culturales'. Ha publicado diversas monografías y ensayos.

-¿Qué es el artista maldito?

-Trato de explorar hasta qué punto los estereotipos culturales sobre la figura del artista plástico se perpetúan a través de los medios de comunicación; también cómo se siguen manteniendo los mismos tópicos sobre el artista bohemio, excéntrico, snob, en no pocas ocasiones emocional y psíquicamente inestable, cuando no convertido en un antisistema, o con pocas habilidades para las relaciones sociales, lo que le convierte en cierta medida en un inadaptado social.

-¿Y eso es culpa de los medios de comunicación o de los artistas?

-Ésa es una imagen arraigada en nuestra memoria colectiva, una imagen que hemos venido heredando desde el Romanticismo, y que hemos arrastrado durante etapas convulsas como las vanguardias históricas del siglo XX. A fin de cuentas, todo artista vanguardista siempre se ha caracterizado por romper con los cánones arraigados. El gran público percibe al artista como un innovador permanente en su oficio, sino también como un rebelde y un irreverente.

-¿Se podría decir que hoy la imagen del artista está manipulada?

-La imagen del artista actual, no sólo se puede percibir a través de lo que él hace y de lo que piensa, sino también de qué aspectos se enfatizan en los medios o en lo que se hace mayor hincapié, como por ejemplo destacar de su personalidad creativa unos determinados atributos frente a otros. Esto se puede proyectar de muchas maneras, pero es cierto que en toda información transmitida a través de los mass media se generan (consciente o inconscientemente), imágenes que retratan y titulares que definen ciertos «encuadres noticiosos». En el caso de la imagen del artista bohemio, aquel que no se pliega a las leyes pequeño-burguesas del mercado y de la oferta y la demanda, consideramos al creador como alguien apartado del mundo, recluido en su estudio como en una torre de marfil, estigmatizado por la lacra de su virtud como creador maldito y predestinado a la incomprensión social de su tiempo. Hoy en día, aún podemos decir que determinados medios siguen transmitiendo esa aureola que rodea al artista como genio, perteneciente a otra categoría social, que no se rige por los mismos cánones de conducta que los demás. Y que incluso podemos llegar a justificar su propia excentricidad.

-¿No sucede esto en otros ámbitos?

-No, porque lejos de la imagen glamourosa de otros colectivos artísticos, como los cantantes de éxito, los actores, los músicos o los literatos y poetas aclamados por la crítica, los artistas visuales no suelen prodigarse en eventos sociales, sino que la imagen que se suele tener asociada a ellos es la del creador huraño, misántropo (y algo bruto) con ropa de trabajo manchada, en cierto modo desaseado, y que suele aparecer visualmente volcado en su trabajo manual, o bien reflexionando concentrado en la soledad de su estudio.

-En todo caso, ¿de quién es la culpa?

-No creo que sea una cuestión de culpas. Los clichés y etiquetas son necesarios para enfrentarnos al mundo y para saber cómo abordarlo. Y en cierto modo, los prejuicios adquiridos (ya sean positivos o negativos) hacia lo que no es semejante a nosotros, o lo que consideramos extraño, por desconocido, nos sirven para manejarnos en el mar de la globalización.

-¿Qué papel juega la crítica de arte y el circuito expositivo en esos estereotipos?

-Hay una espectacularización creciente de la cultura a través de los medios. Prueba de ello es que hoy en día no es tan importante que la obra posea un grado notable de calidad, sino que el artista y su obra destaquen por su repercusión mediática, como algo noticiable. Y ya sabemos que en muchas ocasiones lo noticiable también está unido a lo escandaloso, lo excéntrico y a lo que se sale de la norma establecida. Pongamos el caso reciente de la cúpula de Barceló en Ginebra para Naciones Unidas. Se han escrito ríos de tinta sobre esta obra, pero se ha dedicado poco espacio a la calidad de la misma, y mucho a la politización que se ha hecho de ella, utilizándola como arma arrojadiza por determinadas tendencias ideológicas, sin plantearse seriamente una crítica rigurosa respecto al discurso plástico que pretende transmitir.

-¿Cuáles son los principales problemas que advierte en la gestión cultural del arte contemporáneo?

-Creo que hoy la gestión cultural vive demasiado esclavizada por la crítica, por aparecer lo más posible en los medios y porque se avale su trabajo públicamente. Y esto lleva a que en ocasiones no se asuman demasiados riesgos, y que en muchas instituciones culturales se repitan los mismos esquemas y patrones de otras gestiones que ya han sido respaldadas y aplaudidas previamente por la crítica. A este fenómeno lo calificaría como «contaminación cultural» propia de la sociedad global. Y esto sucede con muchas instituciones culturales que apenas generan producción propia en su programación, sino que se limitan a introducirse en los circuitos de itinerancia de exposiciones o de otros eventos culturales.

 
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