
La exposición veinte pintores españoles se presenta estos días la sala BancoHerrero, en Oviedo, coincidiendo con la publicación del libro ‘Miguel Marcos. 25 años’, que recoge en dos grandes volúmenes la trayectoria del conocido coleccionista aragonés. Sus fondos, que configuran la mejor colección de pintura nacional de los años ochenta, se concentran actualmente en las dos galerías que dirige en Zaragoza y Barcelona, aunque hace veinte años lo hicieron también en Madrid y, a menudo, viajan por el circuito internacional, en distintas iniciativas.
El citado libro se ilustra con un completo dossier de prensa, resumiendo año tras año la actividad de las galerías y otras iniciativas culturales emprendidas por Miguel Marcos. Cuenta, además, con varios textos analíticos, realizados por conocidos especialistas como Fernando Castro Flórez o Juan Manuel Bonet. Este último, comisario de la actual exposición ovetense, entiende la labor de Miguel Marcos como ejemplo de «que sigue provocando en nosotros, bastante a menudo, el tan denostado entusiasmo».
La historia del arte español de las tres últimas décadas se recoge en estas páginas sin pelos en la lengua, con todo lujo de detalles y descripciones de aquellos ‘años pintados’ que revolucionaron la pintura en España y dieron título a otras exposiciones de esta misma colección, como la que pudimos contemplar en 2002 en el Palacio Revillagigedo.
Pintores presentes en Oviedo, como Juan Antonio Aguirre, Alfonso Albacete, Carlos Alcolea, Miquel Barceló, Carlos Franco, Ferrán García Sevilla, Xavier Grau, Menchu Lamas, Antón Lamazares, Victor Mira, Juan Navarro Baldeweg,Antón Patiño, Manolo Quejido, Santiago Serrano o JoséMaría Sicilia, forman parte de esta aventura escrita, junto a un sinfín de firmas que definieron en nuestro país una de sus etapas pictóricas más brillantes.
La exposición y el libro son un cúmulo de sorpresas éticas y estéticas, capaces de alentar nuevas experiencias y miradas bajo la calidad de estos originales lenguajes plásticos. Una oportunidad única para acercarse a la memoria viva de aquellos días, donde la pintura alcanzó cotas insuperables, ecos que continúan y, sin duda, mantienen vivas las llamas de la actividad pictórica dentro del circuito artístico actual.
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