|
Alejada
de explicaciones de movimientos pictóricos, generaciones,
o incluso de un nexo de unión entre la pintura y la escultura
que alberga el Museo Casa Natal de Jovellanos, Palacio de Revillagigedo
y Museo Barjola, la pintora y escultora Carlota Álvarez se
dejó llevar por su gusto personal y la afinidad con los artistas
para subrayar las técnicas, la soltura y la luz, entre otros
aspectos que reflejan las obras del arte del siglo XX y finales
del XIX.
Era
precisamente esa mirada subjetiva sobre el trabajo de otros la que
buscaba Lorena Salmón, estudiante de Historia del Arte, habituada
a «clasificar todas las cosas y a comentar las obras desde
el punto de vista del conocimiento y no de la creatividad».
Junto a ella realizaron el recorrido un grupo de 25 personas. Ellos
fueron oyendo las explicaciones de Carlota Álvarez que partieron
de la instalación de Miguel Mingote en el patio central del
Museo Casa Natal de Jovellanos y su árbol de las certezas
y llegaron hasta la exposición temporal España en
Roma del Museo Barjola junto a la instalación del japonés
Miura.
De un pintor a otro
Carmen Duarte, de la Asociación de Vecinos del Llano que
manifestaba su afición por la pintura reconocía las
«dificultades de un artista para hablar de la obra de otro»,
al igual que aseguraba que pocas veces las explicaciones de un guía
de un museo llegan a la hondura de las razones que puede esgrimir
un pintor o un escultor delante de su obra, al igual que ocurre
con el acercamiento a las técnicas usadas. «Siempre
se corre el riesgo de cambiar la visión inicial del autor»,
explicaba Duarte, a lo que apostillaba María Jesús
Serrano su idea de que siempre es bueno ofrecer nuevas visiones
y «debatir entre amigos».
Carlota
Álvarez, que dejaba ver a las claras sus gustos estéticos
en el recorrido, alternaba las explicaciones de la profundidad de
campo y la luz de las pinturas de Evaristo Valle, con la «mucha
agua» y la sospecha de haber «pintado en horizontal»
en la obra acrílica del asturiano Luis Fega. Las texturas
y las mezclas de colores eran otra de las bases de comentario de
esta joven pintora y escultora asturiana.
La
mirada de Carlota Álvarez completaba la de la ciudad aportada
por el licenciado en Bellas Artes Javier Ávila. Él
había hecho una apuesta por un urbanismo humanista.
|