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En
un intento más de hallar en el arte rincones habitados, pero
desconocidos para la mayoría, Al Norte se introdujo ayer
en las trastiendas de las galerías gijonesas. Van Dyck, Cornión,
Espacio Líquido yTioda abrieron sus puertasy sus colecciones
privadas a esta iniciativa que culminó con agradables sorpresas
e inesperados encuentros, como el que brindó un óleo
de Piñole rescatado de una herencia que sólo fue tal
mientras viviera la heredera.
Avelino Sala, uno de los jóvenes que empieza a dar forma
a la generación asturiana del siglo XXI, inició su
recorrido por la galería Tioda. Allí esperaban al
circuito de Arte y Sociedad unos seiscientos cuadros. Cara al escaparate,
una selección del último Antonio Suárez. Dentro,
todo un universo de asturianos, desde Piñole a Vaquero, pasando
por Basterrechea,Linares o un joven Ismael (que hizo las delicias
de las participantes). De Tioda a Espacio Líquido y a cambiar
el 'chip'. De paredes repletas de cuadros enmarcados con lujo a
obras de arte sin más adorno que ellas mismas, ordenadas
en carriles. A la vista de todos, un magnífico Adolfo Manzano.En
la trastienda, Chillida, Mieres, el propio Avelino Sala, Matarranz
y un sinfín de creadores contemporáneos. Sala hizo
ver las diferencias de concepto.Ambas buenas, pero radicalmente
distantes. Tercera cita: Van Dyck. De nuevo, el cuidado, el orden
en las paredes y una trastienda que es también escaparate.
En sus fondos, sorpresas de gran valor. Saura,Cánogar o Miró
compiten con un Pelayo Ortega, ya adquirido, y que ayer se convirtió
en el gran comentado. Para culminar el recorrido, Cornión.
La galería, que muestra obra de Pepa Pardo, tiene en su interior
lo mejor de algunos de los mejores artistas asturianos. Entre sus
cientos de cuadros, un Piñole que Amador Fernández,
el galerista, mostró como último tesoro adquirido
y, además, con leyenda.
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