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Lugar:
Museo Barjola.
Creadora y becaria: Rebeca Menéndez.
Años: 27.
Contenidos: cajas transparentes, habitadas por siluetas de
mujer.
Calendario: inaugurada ayer, permanecerá abierta hasta
el día 15.
En
el Museo Barjola se cerró, con los mejores comentarios, el
recorrido por los universos de las cuatro artistas becadas por EL
COMERCIO. En lo más alto del inmaculado conjunto de la Trinidad
se halla el de Rebeca Menéndez por cierto, artista
habitual en las paredes de Espacio Líquido, que presenta
en su nueva creación un alejamiento formal respecto a su
trabajo conocido y que, a pesar de ese cambio, insiste en una clave:
«Provocar el vicio de mirar».
Su proyecto consolidado en las paredes del Barjola centra la atención
en pequeñas cajas traslúcidas, en cuyo interior iluminado
el espectador puede hallar siluetas con vida propia.
Para advertir el epicentro hay que acercar los sentidos y con ellos
la mirada. Y no se puede hacer en un instante. Se necesita parada
y fonda.
La obra de Rebeca obliga al espectador a detenerse, a buscar al
otro lado de las transparencias. Pero es una obligación placentera,
porque es contestada inmediatamente.
En las respuestas de la creadora hay grandes encuentros con pequeños
elementos.
Siluetas, escaleras, luces, hilos que cosen secuencias y cortan
paredes, límites que se interponen o que se desbordan con
las miradas y, sobre todo, mujeres. Todas son figuras de mujer,
pues Rebeca Menéndez pretende, y logra, no sólo confeccionar
un mundo en miniatura que nos convierte en voyeurs aceptados
y permitidos, sino analizar también el universo femenino.
Sus primeros espectadores la calificaron como una obra inteligente
y con una manifestación de oficio que, aparentemente, «no
es amanerado, pero incorpora una técnica adquirida con mucho
tiempo y trabajo», en palabras del crítico de arte
Ángel Antonio Rodríguez.
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