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 • AULA DE CULTURA

13-diciembre-01: CATA DE CAVAS

Cava de San Sadurní d’Anoia una traducción
que persevera

LUIS ANTONIO ALIAS


Y persevera, sobre todo, en las pequeñas empresas de origen familiar que mantienen, generación tras generación, los mismos rituales de cuidada elaboración y exigente calidad. Ayer conocimos y saboreamos lo mejor, que es mucho, de Robert J. Mur, una de ellas. Fundada en 1897, ha mantenido inalterable, en su largo centenario de vida, toda la reposada oscuridad del cava.

Y lo hace alineando botellas en pupitres, manualmente removidas hasta la convergencia del misterio de las levaduras y la maduración del tiempo. Sin prisas. Sin grandes cantidades. Buscando exclusivamente el grato regalo palatal.
Joan Parera Mariné, director de exportación de la bodega, Francis Cebollini, director comercial, y Serxu Solares, del que sólo diremos su condición de sumiller y consejero técnico, pues persona de tan amplia y polifacética actividad cultural apenas precisa presentación, acompañaron una reunión convertida –algo que repetimos sin temer reiteraciones– en amplia camaradería compartiendo explicaciones históricas, gastronómicas y técnicas. La «Escuela de Hostelería», y el «Aula de Gastronomía» de «EL COMERCIO que con tanta pericia conduce el profesor Peláez, son así: laudate eum omnes populi, o alegrémonos todos, que decía un villancico de cuando fui monaguillo y la misa se celebraba en latín. Precisamente bebimos pura latinidad. Latinidad mediterránea sacada de esa tierra, el Penedés, que enmarcada de sierras y «mare nostrum» desborda vides de viura, xarello y parellada. Latinidad encerrada en el «Brut Millesimée», el «Brut Nature» y el «Brut Reserva» que, no obstante superar cualquier previa expectativa, nos prepararon para la gran «vedette» de la tarde: el cava Robert J. Mur Gran Reserva: tres años mínimo de crianza, equilibrio perfecto (un tercio de cada uva autóctona), alta perfección carente de estridencias y –también posee importancia– diseño merecedor de premios.
La escritora Madalena Alperi, el radiofónico propagador de inquietudes cocineras David Fernández, el elaborador de placeres cafeteros Juan Díaz, y otros amigos de la hostelería y la agroalimentación, junto con los imprescindibles lectores de este diario, compararon y demoraron largos tragos de finas burbujas y frescas ligerezas. Serxu guiaba y comentaba mientras Alejandro, Alex, Lucía y Pablo desplegaban sus muy cualificadas atenciones profesionales.
Y si poco más podía pedírsele a tan caluroso ambiente, en radical contraste con la caída de la primera helada de la noche, para prolongar y ennoblecer el final, llega Tino Helguera y nos regala unos bombones; suprema llambiotada de chocolate blanco y brut Robert J. Mur, que el incansable inventor de delicias con regusto de pecado de gula (único que me tortura y esclaviza) une a su larga lista de incomparables especialidades.
Háganme caso. Si pueden no los prueben: enganchan.



 
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