LUIS ANTONIO ALIAS
Y persevera, sobre todo, en las pequeñas empresas de origen
familiar que mantienen, generación tras generación,
los mismos rituales de cuidada elaboración y exigente calidad.
Ayer conocimos y saboreamos lo mejor, que es mucho, de Robert J. Mur,
una de ellas. Fundada en 1897, ha mantenido inalterable, en su largo
centenario de vida, toda la reposada oscuridad del cava.
Y
lo hace alineando botellas en pupitres, manualmente removidas hasta
la convergencia del misterio de las levaduras y la maduración
del tiempo. Sin prisas. Sin grandes cantidades. Buscando exclusivamente
el grato regalo palatal.
Joan Parera Mariné, director de exportación de la
bodega, Francis Cebollini, director comercial, y Serxu Solares,
del que sólo diremos su condición de sumiller y consejero
técnico, pues persona de tan amplia y polifacética
actividad cultural apenas precisa presentación, acompañaron
una reunión convertida algo que repetimos sin temer
reiteraciones en amplia camaradería compartiendo explicaciones
históricas, gastronómicas y técnicas. La «Escuela
de Hostelería», y el «Aula de Gastronomía»
de «EL COMERCIO que con tanta pericia conduce el profesor
Peláez, son así: laudate eum omnes populi, o alegrémonos
todos, que decía un villancico de cuando fui monaguillo y
la misa se celebraba en latín. Precisamente bebimos pura
latinidad. Latinidad mediterránea sacada de esa tierra, el
Penedés, que enmarcada de sierras y «mare nostrum»
desborda vides de viura, xarello y parellada. Latinidad encerrada
en el «Brut Millesimée», el «Brut Nature»
y el «Brut Reserva» que, no obstante superar cualquier
previa expectativa, nos prepararon para la gran «vedette»
de la tarde: el cava Robert J. Mur Gran Reserva: tres años
mínimo de crianza, equilibrio perfecto (un tercio de cada
uva autóctona), alta perfección carente de estridencias
y también posee importancia diseño merecedor
de premios.
La escritora Madalena Alperi, el radiofónico propagador de
inquietudes cocineras David Fernández, el elaborador de placeres
cafeteros Juan Díaz, y otros amigos de la hostelería
y la agroalimentación, junto con los imprescindibles lectores
de este diario, compararon y demoraron largos tragos de finas burbujas
y frescas ligerezas. Serxu guiaba y comentaba mientras Alejandro,
Alex, Lucía y Pablo desplegaban sus muy cualificadas atenciones
profesionales.
Y si poco más podía pedírsele a tan caluroso
ambiente, en radical contraste con la caída de la primera
helada de la noche, para prolongar y ennoblecer el final, llega
Tino Helguera y nos regala unos bombones; suprema llambiotada de
chocolate blanco y brut Robert J. Mur, que el incansable inventor
de delicias con regusto de pecado de gula (único que me tortura
y esclaviza) une a su larga lista de incomparables especialidades.
Háganme caso. Si pueden no los prueben: enganchan.
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