| 29-enero-2006
JAVIER
FERNÁNDEZ AGUADO.
AUTOR DE "LIDERAR EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE"
«El
directivo debe convivir con la incertidumbre»
El
profesor Javier Fernández Aguado, pensador español
y uno de los mayores expertos en Management a nivel mundial,
acaba de publicar el libro «Liderar en tiempos de incertidumbre».
Fernández Aguado explica que una forma positiva de
gestionar la incertidumbre por parte de los directivos es
«fomentando la lealtad» de las personas que trabajan
en su organización.
Alejandro ramírez
«Los
directivos deben acostumbrarse a convivir con la incertidumbre»,
afirma Fernández Aguado, socio-director de la consultora
MindValue y miembro del «Top Ten Management Spain»,
exclusivo club que acoge a los diez pensadores españoles
más reputados en Management.
Factores como la globalización o la deslocalización
han elevado actualmente el nivel de incertidumbre en las organizaciones.
«La incertidumbre, como tal, no se puede desactivar.
Es necesario conocerla y después gestionarla»,
añade este experto en gobierno de personas y organizaciones.
– ¿El respeto a la verdad es clave a la hora
de hacer frente a una situación de incertidumbre?
– Hoy en día, la gran diferencia con otras épocas
es la velocidad a la que tenemos que dar respuesta a estas
situaciones. Por poner un ejemplo, la crisis de las tecnológicas
estalló en un año y medio y la del ferrocarril
en España, del siglo XIX, tardó más de
cuarenta años. En esta situación de incertidumbre
acelerada que vivimos, es más importante que en otras
épocas contar con unas coordenadas firmes, que nos
permitan tomar decisiones. Por eso, el punto de partida radicalmente
esencial es la referencia a la verdad, porque partiendo de
ella podemos adoptar las medidas que nos permitan resolver
las incertidumbres que se nos presentan.
– ¿Cómo se gestiona en una situación
de incertidumbre?
– Actuando sobre nuestras áreas de influencia,
por ejemplo, fomentando la lealtad de las personas que trabajan
en mi organización. Si no cuento con la lealtad de
las personas con las que colaboro, mi única reacción
ante el futuro será de miedo. Pero si tengo la certeza
de que esas personas no me van a traicionar, puedo afrontar
los obstáculos con más seguridad.
– ¿Pero es difícil obtener la lealtad
de personas de las que se suele prescindir cuando comienzan
los problemas en las organizaciones?
– Si quiero gestionar compromiso, debo tener en cuenta
un principio básico: la gente me va a dar lo que yo
les dé a ellos. Por tanto, si mi organización,
ante la primera crisis, en lo único que piensa es en
reducir personal, yo, a la gente que se quede, no le puedo
pedir después un compromiso. La obtención de
un compromiso exige una actitud clara por parte de la dirección
de transparencia, de ética organizativa y, también,
de anticiparse a esas posibles crisis, para poder reducir
su impacto. Y si tengo que amputar, lo tengo que explicar
muy bien, para que la gente que siga en la organización
sepa que aquello no ha sido un capricho, un mero deseo de
incrementar mi beneficio, sino que era una necesidad clara
para salvar la organización.
– ¿El problema es que la mayoría
de los directivos no han sido preparados para afrontar estas
situaciones?
– Los modelos de gobierno durante muchos siglos han
estado estancados. Yo he dicho, en broma, muchas veces, que
la primera forma de gobernar, y ha servido muchos siglos,
es la DPA o la DPL (dirección por amenazas o dirección
por latigazos». Tanto tiempo ha durado esto que hasta
principios del siglo XX no hubo una literatura sistemática
sobre Management. Se llegó pronto a una dirección
por instrucciones. De ahí se evolucionó a una
dirección por objetivos, y ahora nos dirigimos a una
dirección por valores, o dicho de una manera más
clara, por hábitos. En este sentido, hay gente que
piensa que para gobernar lo único necesario es tener
una tarjeta que ponga que eres directivo. Pero el gobierno
es una ciencia, y difícil.
– ¿Qué ejemplos prácticos
puede poner de organizaciones que han mejorado sus sistemas
de gobierno?
– Hay muchas organizaciones que han experimentado cambios
muy positivos de crecimiento, como por ejemplo el grupo Hyatt,
que tiene el Hotel Villa Magna, o el grupo Hertz, de alquiler
de coches. Son ejemplos de mejora gracias a la aplicación
de novedosos sistemas de gobierno.
– ¿Qué otros rasgos comunes hay
entre ellas?
– Hay uno muy importante y es que la alta dirección
en España, en general, tiene unos grandes deseos de
hacer las cosas bien, de conocer los nuevos modelos de gobierno,
de trabajo. En comparación con otros países,
los directivos españoles tienen ventajas competitivas
notables, como su flexibilidad mental y vital. Pero hay otros
aspectos que mejorar.
–
En su obra, la referencia a los clásicos es constante...
– Los clásicos, fundamentalmente los griegos,
y luego un poco la cultura romana y después la cristiana,
fueron capaces de identificar aspectos esenciales de la antropología.
No hay que olvidar que toda organización, por muy tecnológica
que sea, al final tiene que contar con personas. El modelo
norteamericano de gestión ha sido, en muchas ocasiones,
especialmente pragmático, técnico. Ha pensado
que dirigir personas es lo mismo que dirigir ordenadores.
Los clásicos, por el contrario, defienden el valor
intrínseco de la persona, su dignidad. Acudir a ellos
es esencial porque han resuelto por anticipado muchas de las
grandes cuestiones que nosotros tenemos.
– Usted es crítico con la formación actual
de los directivos.
– Uno de los retos de nuestro país, desde el
punto de vista de la formación de los futuros directivos,
es mejorar la formación universitaria, porque a veces
en las facultades se encuentran con gente que no tiene ningún
conocimiento real del mundo de la empresa, y para poder enseñar
de determinadas áreas hay que haberlas vivido.
– ¿La incertidumbre es mala?
– No. Nos hace pensar, mejorar, estar despiertos, siempre
en acción, anticipándonos a lo que va a suceder.
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