
Domingo, 2 de noviembre de 2003
El
día en que a la periodista y al Príncipe les brillaron
los ojos
ALFONSO R. ALDEYTURRIAGA/GIJÓN
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| La Reina, hace unos días
en Oviedo. / E. C. |
Hace ocho días, con motivo de los Premios Príncipe
de Asturias, la periodista Letizia Ortiz se encontraba en
el hotel de La Reconquista. Iba de un lado a otro. Ella buscaba
la noticia. Ocho días después, la futura princesa
Letizia Ortiz se encontraba en paradero desconocido. Ella
era la noticia. Lo que puede cambiar la vida en tan sólo
ocho días.
Y hace una semana, Jaime Peñafiel, el cronista oficial
de la realeza, el hombre que describió como nadie las
bodas de don Juan Carlos y doña Sofía y también
la de los hoy reyes de Suecia, Noruega, Dinamarca y un largo
etcétera, habló de la futura reina de España.
No pronunció un nombre, pero sí la describió.
Habló de ella, de Letizia Ortiz. No pedía diademas
ni coronas, sino tan sólo que fuera capaz de llevar
la del reino de España con dignidad. «¿Por
qué el Príncipe de Asturias no va a ser capaz
de encontrar a una Mary Donaldson como la de Dinamarca o una
Máxima de Holanda?» Y don Felipe dio con ella,
don Felipe ya había dado con ella.
Quizás una señal divina o cosas del destino,
Jaime Peñafiel se hacía esta pregunta mientras
Letizia Ortiz se hallaba en el vestíbulo del hotel
de La Reconquista. La esbelta periodista, que vestía
un traje pantalón de raya diplomática y jersey
negro de cuello alto, iba de un lado para otro. ¿Conocía
Peñafiel la relación tan estrecha entre el Príncipe
y la periodista? Lo más probable es que no, o que sí.
Esta duda siempre quedará en el aire, porque se despidió
con un «el próximo año volveremos a hablar
de la futura reina de España». Y en doce meses,
si es que esta conversación vuelve a producirse, se
hablará ya de Letizia Ortiz, se hablará de la
esposa de don Felipe de Borbón, se hablará de
la Princesa de Asturias.
Ejemplo a seguir
Jaime Peñafiel se quejó hace unos días
de que el heredero de la Corona anduviese «con muchas
cualquieras». Él, como la mayoría de los
españoles, sabía y sabe que el primer deber
de un príncipe es casarse y tener hijos. Peñafiel
no quería más amistades peligrosas, Peñafiel
quería una digna esposa para don Felipe. Quizás
por eso, cada vez que tenía ocasión, disertaba
sobre la futura reina: «Hay muchas españolas
preparadas para ser reinas. Hay muchas profesionales que,
a poder ser un día muy lejano, están capacitadas
para sustituir a la Reina Sofía». Ella, la madre
que en verano conducirá a su hijo hasta el altar de
la Catedral de Santa María de La Almudena, ha sido
siempre el ejemplo a seguir, «es una profesional de
los pies a la cabeza», repitió insistentemente
Peñafiel en los últimos años.
Pero en sus palabras, en su discurso, algo había cambiado
respecto a ocasiones anteriores. Jaime Peñafiel hablaba
una y otra vez de una española, se refería -sabiéndolo
o no- a la asturiana Letizia Ortiz. «¿No puede
ser una extranjera?», le preguntó este periódico.
«No. España, el pueblo, quiere una reina española.
Las tres anteriores fueron extranjeras», recordó
Jaime Peñafiel. «¿Y España está
preparada para recibir a una abogada como Mary Donaldson?»,
se insistió.
«Por supuesto que sí. Los españoles estamos
preparados para acoger a un profesional como lo es la futura
reina de Dinamarca o como Máxima Zorreguieta»,
respondió sin dudar Peñafiel. Ambas son abogadas.
El cronista de la realeza, sabiéndolo o no, seguía
hablando de Letizia Ortiz. Y Letizia Ortiz seguía de
un lado para otro en el vestíbulo del hotel de La Reconquista.
Ella, la que en verano vestirá de blanco en La Almudena
y dirá un «sí quiero» al Príncipe
de Asturias, se encontraba a sólo unos metros del que
será su prometido desde el próximo jueves. La
periodista, que dejará de serlo o ejercerlo para desempeñar
el papel de futura reina de España, tuvo ocasión
de verse con su novio -entonces secreto- en el propio hotel
de La Reconquista.
Fue un encuentro no casual, pero sí tradicional, recordó
ayer Graciano García, director de la Fundación
Príncipe de Asturias. Don Felipe, año a año,
estrecha las manos de los periodistas de TVE que cubren los
Premios que llevan su nombre. Esta vez, como otras, Letizia
se había desplazado a Oviedo. Pero esta vez toda era
distinto. La periodista asturiana y el Príncipe ya
se conocían, ya se habían enamorado. No obstante,
se dieron la mano como sin más, tratando de disimular
lo que la mirada no pudo. «Les brillaban los ojos»,
dijeron ayer testigos presenciales del encuentro. El Príncipe
y Letizia se quieren.
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