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Lunes, 3 de noviembre de 2003


FAMILIA ORTIZ
«Letizia nos ha pedido a todos que seamos discretos»
La familia riosellana de la novia pasó el domingo recluida en su casa de Sardeu

J. A. G. / L. A. R/SARDEU / GIJÓN

FELICES. El abuelo de Letizia, José Ortiz, en la puerta de su casa, es observado a través de la ventana por su esposa Menchu Álvarez./ EFE E. C.


Un recorrido sinuoso, lleno de curvas imposibles y baches pronunciados, conduce desde Ribadesella hasta el pequeño pueblo de Sardeu. La calma del pueblo se ha quebrado. Un incesante goteo de vehículos peregrinan hacia la última casa que se avista en el horizonte, refugiada en un recodo del camino. Allí viven los abuelos paternos de la futura reina de España. Su apacible retiro se ha visto alterado por las noticias que se han precipitado en las últimas 48 horas. La boda de su nieta con el Príncipe de Asturias les ha convertido en objetivo de los medios de comunicación. A pies juntillas han cumplido con las exigencias del guión. La petición de la Casa del Rey justifica un silencio reiterado desde que se encendiera la mecha de la noticia.

Las inconformistas súplicas de televisiones, radios y prensa escrita no alteraron su pulso. Cortésmente y con una rutilante sonrisa en el rostro, Menchu Álvarez atendió la solicitud de los periodistas, asomando la cabeza a través de la puerta de su casa.

«De verdad que gracias, supone una alegría muy grande y una sorpresa. Muchas gracias». La 'restricción' cortó la vena hilarante de la que siempre ha hecho gala esta mujer. Ayer, una feliz abuela no acertaba con las palabras. Sabía que no podía hablar, pero quería ser respetuosa con los medios de comunicación. Entre agradecimientos y gestos titubeantes con la cabeza, no podía ocultar su euforia por un enlace, que, según confesó, «me llena de satisfacción, como a cualquier abuela». Hasta ahí podía llegar. Su cortesía tenía un freno impuesto.

Digerir la noticia

No se puede decir que el de ayer fuera un domingo más en la vida de la familia Ortiz. La coyuntura les obligó a cambiar su ritual de cada domingo. La sesión vermouth dejó paso a la conversación relajada entre las cuatro paredes de su casa de piedra.

Las felicitaciones de los vecinos interrumpieron esta calma. Abrazos sinceros y alborozo desbordante en los rostros de las amigas de Menchu que venían a expresarle sus felicitaciones.

A pesar de todo, las apariciones en público fueron contadas. La tía de Letizia, Henar, llegó en taxi para hacer compañía a sus padres. «Desayunar, lo que se dice desayunar no lo hemos hecho con tranquilidad». La tía de Letizia Ortiz, Henar Ortiz, contestaba de esta forma al preguntarle si ya estaban más tranquilos. Esta vecina de Cangas de Onís, donde regenta una tienda de cerámica, aseguraba ayer a este periódico que la familia estaba muy contenta con la noticia, pero que «hasta el último momento no dimos crédito a los rumores». «Sinceramente -añadió- no sabíamos nada de la relación de Letizia con el Príncipe a pesar de que tenemos relación con ella prácticamente diaria». Henar comentó también que su sobrina «nos ha pedido a todos los familiares que seamos discretos», por lo que eludió contestar a más preguntas.

Su padre, José Luis, abandonó un instante la reclusión para acercarse hasta el cobertor que se encuentra a cinco metros de la casa. Apoyado sobre un bastón, por culpa de una pequeña lesión, su rostro revelaba cierta inquietud, al mismo tiempo que dejaba escapar un alud de resignación.

Las horas se consumieron sin prisa entre llamadas de teléfono y visitas de vecinos. Poco a poco, asumen el cambio que experimentarán sus vidas. Ya nada será lo mismo. A partir de ahora tendrán que capear el temporal cuando les 'atraquen' con las pregunta de rigor: «¿Cómo está su nieta?» Seguro que su sencillez les ayudará a conducir una situación que no es cómoda para nadie.