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Miércoles, 5 de noviembre de 2003

Los vecinos de la chica del 7ºB

El número 40 de la Ladera de los Almendros, en el barrio de Valdebernardo, sigue impresionado por una noticia que mantiene el portal lleno de periodistas y cámaras


NATI VILLANUEVA/MADRID


SIN TREGUA. Periodistas y fotógrafos se agolpan en las puertas de la urbanización desde primeras horas de la mañana del sábado. / E. C.
Me parece una maravilla que sea española. Yo vivo en el segundo y la verdad es que no me la he encontrado nunca. La he conocido estos días por la tele, pero otras vecinas que sí han hablado con ella me han contado que era una chica muy discreta y educada. Qué más da que no tenga sangre real; yo tampoco la tengo y me considero una persona importante». Como María Antonia, muchas de las más de 130 familias que viven el el número 40 de la Ladera de los Almendros, en el distrito de Vicálvaro, se enteraron el sábado no sólo de que la futura reina de España vivía en su mismo edificio, sino de que Letizia Ortiz era una periodista de Televisión Española. Todavía lo están asimilando.

Llegó a Valdebernardo -un barrio de nueva construcción en el que reside mucha gente joven- hace algo más de año y medio, y lo hizo con la misma discreción con la que lo ha abandonado. En silencio. Su coche todavía está en el garaje y a juzgar por el escaso movimiento que ha habido en su apartamento -el 7ºB- en los últimos días todo apunta a que aún no ha hecho la mudanza, porque el lunes pasó, pero sólo unos minutos y rodeada por miembros de la seguridad real.

En Valdebernardo no se habla de otra cosa. Muchos de los periodistas que se agolpan a las puertas de la urbanización de Letizia Ortiz llevaban de guardia desde las ocho de la mañana del sábado. Cualquier persona que entre o salga del edificio es susceptible de hacer algún tipo de declaración.

En el supermercado

Esteban vive en Moratalaz, también cerca de donde habitaba la periodista. «La noticia me ha pillado de sorpresa, como a la mayoría de los españoles, supongo. Hombre, lo suyo es que la chica tuviera sangre real, pero si no la lleva, pues nada... ¿qué le vamos a hacer!». A escasos metros de la urbanización se ubica un supermercado Plus Descuento.

Tampoco aquí dejó rastro alguno la prometida del Príncipe de Asturias. «Yo llevo tres años como encargado y ni las cajeras ni yo la hemos visto nunca y si ha venido, no nos acordamos. De todas formas, me imagino que no es un tipo de persona que compre en estos sitios». Un matrimonio sale de hacer la compra. Antonio y Sulamita residen en el Puente de Vallecas, relativamente cerca de donde vivía Letizia Ortiz. No la conocen, pero no se resisten a opinar sobre lo que será, sin duda, el acontecimiento más importante del año. «Nos parece muy bien. ¿No se dice eso de que el amor no tiene fronteras? Si se quieren, da igual, y es de suponer que lo hacen por amor, ¿no?», dice Antonio. «No sabíamos que vivía en este edificio», apunta Sulamita alzando la vista al cielo. Y es que el edificio donde residía la periodista es uno de los más altos de la zona, fácil de identificar desde la M-40, ya que está prácticamente a pie de carretera.

«¿Quién nos iba a decir que la tebíamos tan cerca?», dice Angelita que, en compañía de su marido se dispone a cargar el maletero de su coche. «Lo de la sangre real ya no se lleva -le interrumpe Ginés- Es mucho mejor que sea española a que sea de fuera». El conserje que vigila la urbanización está sobrepasado. Detrás de la valla se disculpa: «No tengo nada que decir. Ya ha hablado mi compañero estos días. Y, además, me han prohibido terminantemente que los periodistas entren al recinto».

El mismo malestar ante la presencia de los periodistas lo manifiesta otra vecina del edificio, Angelines, quien reconoce que ha coincidido en alguna ocasión con Letizia Ortiz en el ascensor. «Era una chica agradable, pero nunca he tenido más trato con ella que un simple saludo. Ya que estáis aquí podiáis hacerle llegar al alcalde que hay sitios en Valdebernardo que están llenos de porquería».

«Con coleta y sin pintar»

Más risueño se muestra Fernando, un joven que vive en el 3º I. «Me ha pillado totalmente de sorpresa. No parece ni bien ni mal, pero me alegro por los dos, como me alegraría por la boda de cualquier pareja de enamorados». Roberto, que regenta una tienda de prensa y golosinas, atendía a Letizia Ortiz los fines de semana, cuando la periodista iba a primera hora de la mañana a comprar el periódico. «Yo la conocí con coleta y sin pintar, en la época en la que se fue a Irak. Estaba muy delgada y era muy educada. La última vez que la ví fue el domingo pasado. Me recordó que le siguiera guardando unos coleccionables. Creo que se los tendré que enviar como regalo de boda», dice.