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Viernes, 7 de noviembre de 2003

La princesa que también sedujo a las cámaras
La prometida volvió a mostrarse natural y locuaz en su segundo acto oficial

POR/LETICIA ÁLVAREZ


Con la futura Princesa de Asturias, la Monarquía irrumpe de lleno en la era audiovisual. Acostumbrados a intuir la voz de las Infantas, a imaginar la de sus consortes, a sólo recordar el acento de la Reina y a los solemnes discursos navideños del Rey, los súbditos españoles están atónitos ante la locuacidad de Letizia Ortiz Rocasolano.

Apareció en el Palacio del Pardo rotunda y con paso firme. Sonriente, habladora y vestida de blanco Armani. Lo peor para ella, en realidad, ya había pasado. Su relación amorosa con el Príncipe fue reconocida por la propia pareja y la Casa del Rey días antes en una breve comparecencia ante los medios de comunicación. Así que el acto de ayer no hizo más que oficializar lo oficial y, a juzgar por el talante de la principal protagonista, pareció pan comido. Si Letizia pudo burlar a 500 periodistas en los últimos Premios Príncipe de Asturias -499 si la restamos a ella-, es evidente que puede hacer cualquier cosa que se proponga.

Dicen que ésta es una de las virtudes que más apreció Don Felipe a la hora de hacer su histórica elección. Ella se sabe conquistadora y se deja conquistar. Primero lo hizo con las cámaras de televisión y hace algo más de un año con el Heredero del Trono. Durante su petición de mano se esforzó además en encandilar a los informadores que acudieron a la cita en el Palacio del Pardo. La hasta ayer periodista, la hoy Doña Letizia, no sólo contestó a todas las preguntas, sin remilgos, sino que por momentos el alfombrado escenario del Patio de los Austrias se convirtió en un plató de televisión.

No lo puede remediar. La chica que el último día de octubre saltó del 'Pirulí' a la Zarzuela aún tiene muy frescos los tics de una buena reportera. «¿Qué hago?, ¿dónde me coloco?» Son algunas de las preguntas que planteó a los fotógrafos durante la primera sesión de fotos de la pareja, después de la pedida.

Siempre cogida de la mano de su novio, la asturiana sólo soltó a su Príncipe con un fin: gesticular y mostrarse ante el público con la misma desenvoltura que en cualquiera de sus reportajes realizados en la fragata 'Galicia'. «Ahora entiendo a los entrevistados», contestó. «Estar aquí abajo da respeto», añadió.

Y debe ser cierto porque ayer demostró ser una alumna aventajada. Ni una sola vez se tocó la melena, un gesto que le fue criticado sin miramientos después de su estreno público como novia de Don Felipe. Dicen también que es una mujer segura de sí misma, ahora ya no hace falta que nadie lo diga. Se vio. Dominó la situación y con una sola mirada el Príncipe entendió que no debía interrumpir sus intervenciones. Es, a buen seguro, el corte que todas las cadenas de televisión guardarán para la posteridad. Será uno de los momentos que más ilustre la personalidad de Doña Letizia. La ovetense dio al público lo que quería ver. Ofreció a los representantes de los medios de comunicación lo mismo que a ella le hubiera gustado lograr si hubiera sido la enviada especial de un telediario. Tendrá que aprender los límites, dicen los expertos en protocolo.

Se adivina en ella una princesa, a pesar de que a Palacio llegara tan sólo una periodista.