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Sábado, 8 de noviembre de 2003

«Si lo pienso, me abruma ver que se fijan en todo, en lo que digo y en cómo lo digo»
Letizia Ortiz insistió en su deseo de «pisar mi tierra pronto», en declaraciones a EL COMERCIO «Intentaré hacerlo lo mejor posible para que se sientan orgullosos»


LETICIA ÁLVAREZ/GIJÓN


ALIANZA. Letizia Ortiz muestra su anillo de pedida en el Palacio del Pardo. / EFE
Siete días después de ser la novia oficial del Príncipe Felipe, Letizia Ortiz Rocasolano conserva su frescura y espontaneidad. Ayer, sólo 24 horas después de su pedida de mano, la asturiana conversó con EL COMERCIO. «Me gustaría hablar con todo el mundo, pero no puedo entrar en detalles», advirtió al otro lado del teléfono. ¿Qué estaba haciendo, Letizia Ortiz en el pabellón de invitados del Palacio de la Zarzuela donde ahora reside? «De todo. Si escucha ruidos discúlpeme, pero es que estoy recogiendo unas cosillas».

A juzgar por su manera de expresarse, parece extrañar el revuelo originado a su alrededor, pero disfruta como lo haría cualquier periodista famosa al firmar el mejor de sus reportajes. «Si me paro a pensar, me abruma que se fijen en todo, en lo que digo y en cómo lo digo». E insiste: «Me deslumbran tantos comentarios sobre mi conducta».

A pesar de que intenta no meterse en la «vorágine», asegura que «soy consciente de todo lo que está pasando porque es una decisión fruto de intensas reflexiones». Sin embargo, vive estos últimos días ajena a los brindis en Ribadesella, a las clases obligadas de gramática para que los niños entiendan la 'zeta' de su nombre y a tantas y tantas reacciones de sus paisanos. «¿Qué lió lo de la zeta, verdad?», pregunta como si todavía fuera la joven periodista ovetense que abandonó Asturias hace unos años.

Quizás por eso, y porque es consciente de que volverá convertida en una 'reina', muestra tantas ganas de visitar el Principado. «Ahora dependo de la agenda del Príncipe, pero Asturias siempre es una preferencia. Tengo ganas de sentirla, pasearla y saludar. ¿Jo, tengo muchas ganas de ver a mis abuelos de Ribadesella!», confiesa con naturalidad. Tanta que en ocasiones parece que la charla tiene como protagonista a aquella niña pizpireta que estudiaba ballet y devoraba sus primeros cuentos, muchos de ellos de plebeyas con un destino de princesa.

La nuestra, la que muy pronto será Princesa de Asturias, está ansiosa por comenzar a jugar su nuevo papel en la vida. También tiene ganas de darse un baño de multitud y admite, no sin humor, que «estoy impaciente por ver cómo me miran los asturianos».

De momento, hasta que la esperada fecha de su visita se cierre, lo sabrá a través de las páginas de este periódico. Ayer pidió expresamente que le fueran enviados a la Zarzuela para «conocer de primera mano lo que dicen de mí y cómo están viviendo esta experiencia maravillosa».

La Casa del Rey se afana en diseñar un programa de actividades, pero de momento en las oficiales sólo está incluido el prometido. Cuando Letizia regrese a su tierra natal sabe que no podrá hacer muchas cosas que antes hacía con libertad, pero «lo importante es lo importante», sostiene.

Llega el momento de recordar la celebración de su pedida y entonces su timbre se vuelve más entusiasta aún. «Fue un día emocionante para toda la familia». Letizia no quiso detenerse más tiempo en la pedida, al fin y al cabo, fue un almuerzo íntimo y familiar.

Pelayo en la quiniela

Después del revuelo que cuasó conocer la posibilidad de que un hijo varón de los futuros Príncipes de Asturias se llame Pelayo, Letizia Ortiz no tuvo reparos en insistir en esa idea. «Pelayo es un nombre que nos encanta a los dos. Lo barajamos, si bien es pronto para hablar. Todo se andará».

Sobre comentarios y críticas, la futura princesa pasó de puntillas. Pide algo de tiempo y espeta que «intentaré hacerlo lo mejor posible para que estén contentos y se sientan orgullosos de mí».

Se refierte a todos los españoles, pero no puede remediar referirse al Principado. «Mi amor por Asturias será recíproco», promete.

Infatigable, dinámica y con paso firme, en este caso con voz templada, como se mostró el día de su compromiso oficial con el Príncipe Felipe en el patio de los Austrias del Palacio del Pardo, Letizia señala que «tengo muchas ganas de trabajar y de hacerlo bien».

Las preguntas obligan y se hace indispensable la del millón: «¿Le agradan las cosas que se dicen de usted?». Ella, tajante: «Lo que dicen es bueno, ¿no?».

Momentos después, su madre Paloma Rocasolano contestaba de forma prácticamente idéntica a su hija a la misma pregunta. «¿En qué sentido? Dicen cosas muy buenas». Ya en su domicilio madrileño aseguró que acababa de apagar las televisiones y las radios para «continuar con mi vida».

Acaba de dejar a una hija, princesa y en palacio.