
Domingo, 9 de noviembre de 2003
«Es
imprescindible hacerle dos vestidos por si uno sufre algún
problema»
La prestigiosa diseñadora de trajes de novia, Covadonga
Plaza, apuesta por la seda en color natural y escote de barco
«Las mangas no pueden tirar, tendrá que saludar
mucho»
LETICIA ÁLVAREZ/GIJÓN
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| PERFECCIONISTA.
Covadonga Plaza Secades, que trabaja desde hace 23 años
en la confección de trajes de novia, en su estudio
de Oviedo. / MARIO ROJAS |
- Tela: seda natural, gorda y con mucha trama.
- Corte: un vestido que permita insinuar la silueta de la novia
con sutileza. Cómodo para que pueda moverse y disfrutar.
- Escote: abierto de barco.
- Cola: larga, en consonancia con la Almudena. Debe medir más
que las de Doña Elena y Doña Cristina.
- El velo: Patrimonio Nacional podría ceder a la novia
un velo o mantilla isabelino de ricos bordados.
- Estilo: elegante, natural, sereno «como Letizia Ortiz».
- Ramo: «Nada de color. Por favor, que no lo permita.
La imagen de su vestido dará la vuelta al mundo en directo
y con total seguridad durante ochenta días. Los días
en que la repercusión mediática de este acontecimiento
histórico deshilacharán cada detalle de ese traje
de novia que llevará al altar Letizia Ortiz Rocasolano.
Una experta en la materia y paisana de la novia, Covadonga Plaza,
adelanta para este periódico algunos de los elementos
imprescindibles de un vestido «para museo». «Lo
primero de todo y más en un caso como el de una mujer
con una personalidad tan fuerte es saber lo que quiere»,
comenta Covadonga en su estudio de la calle del Cabo Noval,
en Oviedo.
En él, donde para el día más importante
de sus vidas se han vestido las hijas de algunos de los hombres
más poderosos de la región, podría confeccionarse
el traje de la futura Princesa de Asturias. Consciente de
que «para mí sería como una lotería»,
Covadonga se atreve a adelantar, sin embargo, las claves de
su apuesta y confía en que Letizia opte por un diseñador
español.
Importante es que el traje no se convierta en un disfraz.
«Debe sentirse ella misma y que el diseño no
la apodere. Que se la vea a ella más que su ropa».
Eso sí, ante el temor de un contratiempo: «Es
imprescindible hacerle dos vestidos por si uno sufre algún
problema».
«Por supuesto en seda, una seda con mucha trama y de
color natural». Para el escote, un punto que Letizia
Ortiz domina con sutileza elegiría «una forma
abierta y en barco con muy poco hombro». Los bordados
embellecen todo diseño, pero «sólo si
la novia los quiere». Covadonga los engarzaría
en la valiosa tela con cristales para lograr motivos regios.
Un elemento fundamental será la cola. «Hay un
protocolo escrito en ese sentido. Debe ser larga, adecuada
al lugar donde se celebrará la ceremonia religiosa».
Será como una «obra de ingeniería»,
que exigiría al afortunado diseñador conocer
la catedral de la Almudena, el vehículo en el que será
transportada y, en definitiva, por donde tendrá que
moverse la novia. «Es un vestido para una Princesa de
Asturias, pero como el resto de las novias debe sentirse cómoda.
Las mangas, por ejemplo, tienen que estar muy bien diseñadas
porque no pueden tirar. Deberá saludar mucho».
A buen seguro, lucirá una joya fantástica de
la Familia Real y, sin duda, «un velo o mantilla isabelinos
de Patrimonio Nacional».
No cabe duda que, a pesar de que la boda se espera para junio,
la elegancia y el pundonor exigidos a un enlace de este rango
dan más puntos a un vestido con mangas. «Siempre
resultará más sobria y además la seda
no da calor». Como cualquier otra novia, Letizia Ortiz
tendrá que someterse a cuatro pruebas: «Primera,
el 'toile' para coser un patrón falso. Es el molde
del traje. Segunda, cortar la tela original. Tercera, comprobar
las imperfecciones y corregir, y cuarta, el 'parapachún',
es decir la prueba definitiva, con diadema y todo lo que vaya
a lucir ese gran día».
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