
Domingo, 1 de febrero de 2004
«Cuando vengamos tres o cuatro veces no causaremos tanta
expectación, ¿no?»
El Príncipe de Asturias se extrañó al ver
tantos periodistas en su segunda visita a la aldea de Sardéu.
La pareja disfrutó de una comida junto a varios familiares
en casa de los abuelos de Letizia Ortiz
LETICIA ÁLVAREZ/SARDÉU (RIBADESELLA)
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| FELICES.
Don Felipe se encuentra como en casa, junto a los abuelos
paternos de su prometida. La imagen no deja lugar a dudas
sobre la felicidad de la pareja. / LUIS SEVILLA |
«¿Buenos días! Bueno, ¿buenas tardes!»,
saludó el Príncipe de Asturias al llegar a la
casa de los abuelos de su prometida. Eran las dos y diez de
la tarde y evidentemente nadie había almorzado todavía.
Don Felipe y Letizia porque eran los invitados de José
Luis Ortiz y Menchu Álvarez del Valle, quienes les aguardaban
ya desde hacía unos minutos, y los periodistas porque
hacían estoica guardia desde primeras horas del día
para grabar el momento de su llegada a Sardéu.
«¿Habéis estado ahí toda la mañana?»,
preguntó con amabilidad y seguidamente prosiguió:
«Bueno imagino que, cuando vengamos tres o cuatro veces,
no causaremos tanta expectación, ¿no?»,
preguntó algo incrédulo.
La respuesta se la dieron los cientos de flashes disparados
por las cámaras fotográficas. Todo de la pareja
interesa, cualquier mirada que intercambien o gesto irreprimible
revela un dato más sobre su historia de amor.
Con las palabras de don Felipe, además, hay algo que
resulta patente. El Príncipe nunca había actuado
con tanta naturalidad ni se le había visto tan distendido
ante los objetivos. Además, es evidente que la profesión
de periodista de su prometida determina esa forma de actuar.
Ella se preocupa por cumplir con amabilidad e, incluso, guiña
el ojo cuando reconoce a algún ex compañero
entre el grueso de redactores. Y él la sigue. Sin embargo,
ayer, la pareja quiso disfrutar de una jornada familiar después
de haberse entregado en cuerpo y alma durante su visita el
día anterior a Covadonga. Nada más llegar a
la casa de Sardéu, procedentes de Oviedo donde pasaron
la noche, se encerraron tras sus muros y no salieron de ella
hasta dos horas y media después cuando cogieron un
avión de regreso a Madrid.
Familiaridad
La llegada puso de relieve la familiaridad con la que don
Felipe trata ya a la familia de Letizia Ortiz. Al volante
de su vehículo y con su prometida en el asiento del
copiloto, el Príncipe aparcó justo al lado del
hórreo. En ese momento, del interior de la casa y como
si reconociera a los recién llegados, se escapó
'Emma', la perrita de Menchu Álvarez del Valle. Tras
ella salió el abuelo José Luis Ortiz, quien
saludó al Príncipe con un «¿venga
para adentro, hombre!, por la puerta grande». Don Felipe
sonrió y enseguida vio la cara acogedora de Menchu
asomándose por el ventanal. Se acercó a ella
y la besó con afecto.
Antes de dar por concluida la sesión de fotos, el
Príncipe aseguró que esta última estancia
en Asturias había sido «muy emocionante».
A pesar de la insistencia de los periodistas, Letizia no desveló
qué le había regalado con motivo de su 36 cumpleaños.
«Eso queda entre nosotros dos», argumentó
don Felipe a lo que su prometida apostilló: «Si
él no quiere no seré yo quien lo diga, pero
puedo asegurar que le gustó». Hubo tiempo para
hablar de otros obsequios como la reproducción del
bergantín que piensan regalarles los vecinos de Ribadesella
con motivo de su próxima boda el 22 de mayo. «Ya
nos lo han comentado y nos hace mucha ilusión el detalle».
Faltaba la última pregunta: «¿Tienen
pensado regresar a Asturias antes de la boda?». Y la
respuesta fue sólo un gesto, pero elocuente y que abre
la posibilidad a nuevos encuentros con los asturianos. El
Príncipe alzó los brazos en cruz y añadió:
«Hombre, aún es pronto. Ya veremos». Dentro
de la casa, les esperaban las suculencias preparadas por Menchu,
como el arroz con leche, la boroña y los fritos de
pixín y otras traídas de un restaurante cercano.
Junto a los abuelos de Letizia Ortiz se encontraban en esta
ocasión su tía Henar y su prima Claudia, hija
de ésta. La adolescente se mostró discreta y
guarda con celo todas las anécdotas para contarlas
en el 'cole' el lunes.
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