© El Comercio Digital, Servicios en la Red S.L.
C/ Diario El Comercio 1 - 33207 Gijón (España) - UE
Visitanos... Visitanos...

Domingo, 1 de febrero de 2004

«Paramos para enseñarle un poquitín del paseo marítimo»

Letizia se detuvo en Ribadesella antes de subir a Sardéu para ver junto a su prometido la formidable panorámica de la playa riosellana

L. A. R./S. GARCÍA/RIBADESELLA


EFUSIVO. Don Felipe saludó afectuosamente a la abuela de su prometida al llegar a Sardéu. / L. SEVILLA

«Siempre tengo la cámara en el bar y hoy que la necesito de verdad la había dejado en casa». Con estas palabras se lamentaba ayer Ángel Ampudia, propietario del salón de té Nerián, por no haber fotografiado a Letizia Ortiz y el Príncipe en su breve paseo por la playa de Santa Marina.

Minutos más tarde su nieta de tan sólo cuatro años, Carlota, lloraba porque «quería ver a la princesa de la 'tele'» y no llegó a tiempo.

A la una y media de la tarde, los riosellanos que paseaban por las inmediaciones del arenal y la calle de Avelina Cerra se llevaron la gran sorpresa de sus vidas. Una pareja de rostros muy conocidos se acercaba a la barandilla y oteaba el horizonte. «Él muy alto y ella muy guapa». Tenían que ser ellos. En efecto, don Felipe y Letizia habían hecho una pequeña escala en el trayecto desde Oviedo a Sardéu para ver la playa. «Nos detuvimos porque quería enseñarle un poquitín del paseo marítimo», explicó la periodista ovetense sin poder evitar el deje asturiano.

Ángel Ampudia fue uno de los afortunados. «Salí un momento y me los encontré de frente. A ella, como la conozco, la saludé y desde lejos levantó la mano para devolverme el gesto. Nos ha tocado el gordo», asegura este veterano hostelero de Ribadesella. «Este noviazgo es una promoción de Asturias increíble. Impagable», añadió.

Ampudia está convencido de que cualquier día, la pareja se deja caer por su establecimiento para degustar las tortitas americanas que tanto gustaban a Letizia cuando era una niña.

«Venía por aquí todos los veranos junto a sus hermanas y abuelos y las comían con mermelada o nata, según les apetecía», recuerda. Quizás para entonces su nieta tenga más suerte y pueda conocer a la 'princesa'.

Encuentro en la playa

Loli Pulgar Zayas, que regenta la cafetería Río de Ribadesella, tampoco daba crédito a sus ojos cuando, de regreso de hacer unas compras, vio a una pareja asomada a la playa de Santa Marina que le resultó familiar.

El jersey de color rosa de ella hizo que se le agolparan en la cabeza un sinfín de imágenes de televisión que la hicieron exclamar para sus adentros «¿ahí está el Príncipe!».

Según el testimonio de esta riosellana, Letizia Ortiz señaló a su prometido la zona donde se encuentra la ermita renacentista de la Virgen de Guía, en lo alto del monte Corbero.

Poco después, gente de los negocios colindantes se percató de la presencia de la famosa pareja y salió a saludarles, siendo correspondidos con gran amabilidad por Felipe y Letizia. Ambos, que iban acompañados por un escolta, se trasladaron a la villa riosellana en un BMW de color gris que se encontraba aparcado al lado del conocido como 'chalé verde'. Sus escoltas estacionaron su vehículo frente a la cafetería Río. Tras disfrutar de las vistas de la playa, el Príncipe de Asturias y su novia se fueron sin tomar nada.

Otra curiosidad. A la hora de irse emprendieron rumbo a Sardéu por un atajo, eludiendo de esta forma la carretera general.