Aunque Letizia Ortiz ha ido ganando en familiaridad con sus
futuros suegros, el protocolo exige que se dirija a ellos
como «señor, señora» y siempre de
«usted». Del mismo modo, jamás puede nombralos
en público por sus nombres si no que, al igual que
el Príncipe, debe emplear la fórmula «el
Rey o la Reina».
Para hace más fácil su vida en la Zarzuela,
Letizia Ortiz dispone de personal de servicio las 24 horas
del día. Ahora bien, por su nuevo estatus no puede
salir de su nueva casa sin antes avisar a los miembros del
equipo de seguridad. Ni siquiera para comprar un periódico,
aunque en este sentido no tiene problemas porque cada día
un repartidor lleva la prensa nacional y extranjera a la Zarzuela
a la que Letizia también tiene acceso.
Cada día la prometida del Príncipe va al gimnasio
que hay en la residencia real, una sala con menos aparatos
de los que ella practicaba cuando asistía al gimnasio
en Vicálvaro, pero bastante más íntima.
Debe ir asumindo otras normas como la de no usar bikini ni
siquiera en un yate para evitar a los paparazzis. Tampoco
podrá ser fotografiada con una copa o un cigarrillo
en la mano. La Reina fuma y nunca se la ha visto con un pitillo.