
Sábado, 22 de mayo de 2004
Letizia,
el triunfo de la clase media
Perfeccionista y emprendedora, su libro de cabecera dice: «No
te creas nada hasta experimentarlo»
TOMÁS GARCÍA YEBRA
Afirman, quienes bien la conocen, que es lista y voluntariosa.
El biógrafo del Rey, José Luis de Vilallonga,
sostiene que va a ser ella -«sin ninguna duda»-
quien lleve las riendas familiares. Y no parece muy descaminado.
Una de sus primeras decisiones, tras la petición de mano,
fue cambiar las cortinas de todas las habitaciones de la casa
del Príncipe.
Precisamente gracias a esa casa empezó todo. La primera
sonrisa que le arrancó el Príncipe ocurrió
en la célebre cena organizada por Pedro Erquicia y
tuvo como origen el tamaño de sus respectivas viviendas.
Letizia Ortiz le habló de su piso de Valdebernardo,
de apenas 90 metros cuadrados. «Si quieres podemos trasladarlo
a mi dormitorio», le dijo don Felipe. «Y si lo
apretamos un poco, lo podemos meter en el vestidor».
El Príncipe estuvo ocurrente y Letizia Ortiz respondió
con una abierta sonrisa. La sonrisa, el primer impulso que
un hombre debe provocar en una mujer si desea conquistarla.
Perfeccionista hasta el agotamiento -cuando presentaba los
telediarios tenía por norma controlar la iluminación,
el vestuario, la peluquería y el maquillaje-, Letizia
Ortiz Rocasolano, de 31 años, se convierte hoy en Princesa
de Asturias.
Nacida en Oviedo, en el seno de una familia de clase media.
Su padre, Jesús Ortiz, periodista como ella, trabaja
en un gabinete de comunicación. Su abuela paterna,
Menchu Álvarez del Valle, fue una conocida locutora.
Su madre, Paloma Rocasolano, separada desde hace años
de su padre, es enfermera y sindicalista. Mientras, el abuelo
materno, Francisco Rocasolano, ya retirado, se ganó
la vida como mecánico y taxista. La prometida del Príncipe
tiene, además, dos hermanas, Telma y Erica.
A Letizia Ortiz le apasiona la música -toda la música-,
desde Wagner, Grieg y Tchaikovski hasta los Dire Straits,
Supertramp y Joan Manuel Serrat.
Su relación con el escritor y profesor de literatura
extremeño Alonso Guerrero -mantuvo un largo noviazgo
(diez años) y un corto matrimonio (apenas unos meses)-
le acercó a otra de sus grandes aficiones: la literatura.
Uno de sus mitos es el periodista polaco Ryszard Kapucinsky,
cuya obra 'Los cínicos no sirven para este oficio'
tiene como libro de cabecera. «No te creas nada hasta
experimentarlo por ti mismo», dice la obra. Y ella sigue
la máxima que cumple a rajatabla.
Hace gimnasia y, desde hace unos meses, caza y practica el
esquí. Durante su etapa profesional prefería
viajar a permanecer en las redacciones (cubrió, como
reportera, el desastre del 'Prestige' y algunos episodios
de la guerra de Irak). Es una experta gastrónoma. Más,
incluso, que el Príncipe.
A la hora de vestirse, le gusta la sencillez. Antes de conocer
a don Felipe, Letizia Ortiz se compraba la ropa en Zara. Los
telediarios, en cambio, los presentaba con diseños
de Adolfo Domínguez.
En la pedida de mano del palacio de El Pardo eligió
un modelo de Armani que le costó algo más de
1.200 euros. Días después se la vio en una de
las tiendas de esta firma, donde adquirió varias blusas
y pantalones. Prefiere esta prenda a la falda, pues considera
que tiene las piernas muy delgadas.
Serrat y Tchaikovski
Para las salidas informales se viste con vaqueros y lleva
gafas de sol. El pelo se lo recoge en una coleta. Apenas se
maquilla. No le gusta aparecer muy arreglada, ni muy perfumada,
aunque, cuando lo exige el guión, controla los más
mínimos detalles.
La que en un futuro será Reina de España cursó
estudios primarios en el colegio La Gesta de Oviedo. Cuando
cumplió 15 años, en 1987, sus padres se trasladaron
a Madrid, a un chalé de 230 metros cuadrados en la
zona de Rivas Vaciamadrid. Terminó el bachillerato
en el instituto Ramiro de Maeztu, donde conoció a Alonso
Guerrero.
Con 23 años, decidió viajar a México.
«Quiero saber qué soy capaz de hacer por mí
misma», le confesó a una amiga. Colaboró
en el diario 'Abc' (enviaba crónicas locales -socavones,
disputas políticas, trifulcas callejeras- de lo que
ocurría en Rivas Vaciamadrid) y luego en la agencia
Efe.
Tras su etapa mexicana estuvo en el canal económico
Bloomberg y, posteriormente, en CCN+. Su trabajo en esta cadena
privada fue duro: se levantaba a las dos de la mañana
para arrancar con el informativo matutino.
Su marido, Alonso Guerrero, le acompañaba en el desayuno,
pero el matrimonio comenzó a hacer agua.
Segura de sí misma envió un vídeo de
su trabajó en CNN+ a Televisión Española.
Lo vio Javier González Ferrari y la fichó para
el Canal 24 horas. En el verano de 2002 sustituyó a
Baltasar Magro en 'Informe Semanal' y es aquí -muy
posiblemente- donde el Príncipe la conoció.
El 31 de octubre de 2003, un día antes de anunciarse
el compromiso, salió a antena con la entereza de siempre.
En realidad no sabía que era el último telediario
de su vida, aunque en aquellos momentos ya tenía la
certeza de que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.
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