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Historia de Piloña
El territorio que ocupa el actual concejo de Piloña fue habitado por el hombre desde los tiempos paleolíticos.
Los diversos restos arqueológicos encontrados en las cuevas piloñesas de Aviao, en Espinaredo y la de Sidrón en el Cantu Llanderu, demuestran que el territorio que hoy ocupa el concejo, fue habitado desde tiempos prehistóricos.
Los vestigios megalíticos se extienden por toda su geografía, poniendo de manifiesto una intensa ocupación como lo demuestran los diferentes estudios arqueológicos realizados.
Los Castros, pertenecientes a la Edad de Hierro, cuyo objeto era facilitar la defensa de su enclave, también están presentes en nuestro concejo; sirvan como ejemplo el castro de Argandenes, el de la Forca en Lodeña, el Cierrón en Castiello, el del Picu Viyao y el de la Coroña de Castru, situado entre nuestro concejo y los de Nava y Cabranes.
De la época romana destacamos la diadema de Moñes, considerada como una de las muestras de orfebrería más importantes de Asturias, así como las estelas de Borines y Villamayor.
La Batalla de Covadonga abre una nueva página de nuestra historia. De esta época subsiste, reflejada en nuestro escudo, una antigua tradición: Pelayo acompañado por un único escudero y perseguido por los moros, cruzó el río por Pialla, pero su escudero al llevar el río mucha agua no se atrevió, así fue que el rey Pelayo lo animaba con estas palabras: "Adelante mi escudero, que mi caballo pie halla".
Aunque no se corresponden exactamente con los actuales, es en el siglo XII cuando empiezan a aparecer en documentos oficiales los límites del concejo; esto sucede así dado que muchos pueblos como Sorribas, Miyares, La Bárcena, Cardes y Lodeña, pertenecían a diversos Cotos o Señoríos independientes.
Con el paso del tiempo, la división territorial ha sufrido diversos cambios hasta llegar a la demarcación actual, que consta de 24 parroquias.
Población y Geografía Este gran concejo de 283 kilómetros cuadrados y casi 10000 habitantes es el más occidental del Oriente de Asturias y el más próximo a la zona central de la región.
Piloña ha venido perdiendo población durante todo el siglo 20, exceptuando la segunda década. En 1900 se contabilizaban 18.228 habitantes, mientras que los datos del censo de 1991 reflejaban un 47% menos (9.668). El ritmo de las pérdidas fue más lento hasta 1940, incrementándose a partir de esa fecha hasta alcanzar un máximo intercensal del 17% entre 1960 y 1970, es decir más de 1.000 personas.
Las causas hay que buscarlas en la atracción económica de la zona central asturiana. Esta gran pérdida de población afectó además a la población joven en edad de trabajar, y especialmente al sexo femenino, que tenía posibilidades de trabajar de manera asalariada en el sector servicios de baja cualificación.
Su territorio está configurado por un valle fluvial que lo recorre de oeste a este y por dos grupos de cadenas montañosas, al norte la Sierra Sueve y el alto La Llama , y al sur los Cordales de Ques , Sellón , Bedular , Aves , Pesquerín y Giblaniella .
Las cumbres más altas en su parte del Sueve son La Múa (1003 m), Maladín (976 m) y Oviñes (874 m); y en el resto del accidentado territorio, las de Vizcares (1420 m), Maoño (1418 m), Cerro Rosellón (1125 m), Conio (1625 m) y Canto del Águila (1267 m).
Los ríos principales son el Piloña , que le da nombre al municipio y desagua en el Sella, en Arriondas; y sus afluentes los ríos de La Marea o Mon , que nace en Caso, Espinaredo o Nueva , Color y Tendi , que corren de sur a norte, y el Borines , que baja de los salutíferos manantiales de las faldas del Sueve.
La capital es Infiesto , término procedente del latino infestum (Enhiesto, pendiente), está al oeste del concejo en el valle del Piloña.
Otros núcleos relevantes son Sevares y Villamayor , en las fértiles vegas fluviales de la depresión central; Sorribes , La Goleta , Cereceda , Miyares , Vallobal y Borines en las faldas del Sueve; Pintueles , Anayo , Lodeña y Coya al noroeste; y Cardes , Ques , Beloncio , Óvana , Lozana , Riofabar y Espinaredo entre los pliegues de las abruptas sierras suroccidentales.
Gastronomía
El concejo ofrece gran multitud de platos y preparados típicos, diferentes y ajustados a los más variados gustos.
Su cultura culinaria está directamente vinculada con la idiosincrasia del concejo, su clima, sus costumbres y el carácter de sus habitantes. En función de las actividades que se desarrollan en el territorio y del fruto que da su propia tierra, los piloñeses son especialistas en la preparación y degustación de cuatro elementos básicos de su cocina.
Los productos de la huerta y el campo El cultivo de productos del campo es uno de los componentes esenciales de sus ofertas gastronómicas: el pote de berzas , les fabes asturianes , los guisos de patatas o los arroces son algunos de los ejemplos de las muchas cosas buenas que se hacen en el municipio.
Dentro del sector primario, Piloña se ha especializado, en los últimos años, en la ganadería, centrada en la explotación de razas autóctonas de calidad para la producción de carne. Ello repercute, evidentemente, en la carta de cualquiera de sus restaurantes, donde los asados, chuetones y otros platos también dejan a gusto a cualquier paladar. Asimismo, los pollos de aldea, es decir, el famoso pitu de caleya , y los conejos de corral, hacen las delicias de los comensales.
Los productos de la caza y la pesca
El concejo posee abundancia de especies y gran reserva de caza. Venados, corzos, rebecos y jabalíes, piezas habituales de los miles de aficionados a la caza que acuden habitualmente a este lugar, dan gusto a los platos que preparan sus restaurantes. Los guisos y asados de estos animales son otras delicias de la mesa piloñesa. No obstante, las posibilidades de caza en Piloña no se limitan a estos grandes ejemplares, sino que incluyen otras especies menores.
De la adecuada combinación de esta abundancia natural con la cultura culinaria asturiana han surgido les fabes con jabalí, liebre o perdiz.
JORNADAS GASTRONÓMICAS
Fiesta celebrada a mediados de Febrero, donde participan una gran cantidad de restaurantes repartidos a lo largo del concejo, siendo la caza una de las estrellas de la gastronomía.
Los platos ( guisos, asados y cocidos), se suelen encontrar preparados con piezas de caza mayor, tales como jabalí, corzo, venado, ...
La avellana
Infiesto es considerada en Asturias como la capital de la avellana. Dentro de su economía agrícola, el cultivo de árboles frutales, como el manzano o pomar, del que se obtiene la sidra, y el avellano, juega un papel importante. La producción de este último ha repercutido notablemente en su oferta gastronómica en los últimos años, hasta el punto de convertirse en uno de los elementos más conocidos y famosos de su mesa, siendo la tarta de avellana una de las señas de identidad del municipio.
La harina
La antigua abundancia de molinos en la zona ha hecho de la harina otro de los ingredientes fundamentales de la dieta piloñesa. Dos son los prductos típicos del concejo y, a su vez, de Asturias: l a boroña preñada y l os tortos .
La boroña es un espeso pan de harina de maíz, con amplias posibilidades de relleno, entre las que figuran los chorizos, las costillas, el tocino e incluso la morcilla.
Los tortos se preparan mediante la fritura de la misma masa de la harina y se acompañan con gran variedad de productos.
Arte La riqueza cultural y artística de Piloña se concentra, fundamentalmente, en su arquitectura. A lo largo y ancho del concejo, se ubican decenas de construcciones religiosas y civiles, a través de las cuales se puede recorrer una parte de la historia de la Europa Occidental.
De todo ello, el patrimonio románico y medieval de sus construcciones religiosas es el principal tesoro del municipio, proliferado, en parte, gracias al Camino de Santiago que lo atraviesa.
La Iglesia de San Pedro de Villamayor y la iglesia de Santa María de Villamayor , y concretamente su ábside y su puerta sur, perfectamente conservadas, son las principales muestras de esta etapa artística.
En este lugar existía, desde el siglo X, un monasterio de monjas benedictinas, clausurado por el Obispo de Toledo en el siglo XV, debido a la vida poco decorosa que llevaban sus habitantes. Fue reformado en el siglo XVIII, y actualmente constituye una reliquia para todo el concejo.
La iglesia de San Juan de Berbío es del mismo periodo. También formaba parte de un monasterio, fundado por Alfonso V, y más tarde pasó a regirse bajo el patronato del monasterio de San Pedro de Eslonza, en León (1099), hasta comienzos del siglo XIX. Fue templo parroquial de Infiesto hasta 1892.
Santa Eulalia de Ques es también una muestra interesante del románico. Pese a que el paso del tiempo la ha desfigurado, la iglesia conserva restos de su primitivo estilo.
También merece mención San Pedro de Beloncio , templo de carácter rural que conserva detalles de un tardorrománico visible. La sacristía está fechada en 1726, y el resto del edificio se compone de posteriores añadidos, pero fundamentalmente se remozó en la primera mitad del siglo XVIII.
La Iglesia de Santa María de Lodeña también tiene origen románico y conserva canecillos y otros elementos de los siglos XI y XII.
De esta época es también la portada de la iglesia de Sorribes , aunque el edificio data del siglo XVIII. Sus elementos románicos provienen del desaparecido monasterio de Soto de Dueñas.
Otras construcciones que conservan ciertos detalles románicos son San Martín de Borines y Santa María de Anayo . Las dos aparecen citadas como donación del rey Ramiro II (931-951) a la iglesia de Oviedo. En la primera se mantiene un arco de medio punto en la portada occidental, mientras que en la segunda existe una lápida fechada en 1177.
En la parroquia de Ques también se sitúa otro elemento interesante: el Santuario de la Virgen de la Cueva . Se trata de un antiguo y bello espacio reservado para el culto religioso. Pese a no conservar su aspecto original, el complejo sigue siendo de gran atractivo turístico y arquitectónico. Los primeros datos al respecto, son del siglo XVI, cuando se erige la capilla de la capellanía de Nuestra Señora de la Concepción.
En el siglo siguiente se construirían otras tres capillas, dedicadas a la Virgen del Carmen, a San José y al Santo Cristo. En el siglo XVIII se levantó la correspondiente a la Virgen de La Cueva. Las sucesivas reformas han modificado su aspecto inicial, pero el entorno, acompañado por el Campo de Los Romeros y el río de la Cueva, no pierde su encanto y su tradición.
Arquitectura civil
Dentro de la arquitectura civil, existen dos construcciones que constituyen un símbolo del patrimonio arquitectónico local.
La primera es sin duda el Torreón de Lodeña ; de planta cuadrada y origen medieval, aún se puede contemplar perfectamente la espectacularidad de esta construcción.
La segunda es la Torre del Omedal , en Miyares. Fue levantada en el siglo XVI, por Don Juan Francisco de la Villa Estrada, y posteriormente se le fueron haciendo añadidos. Actualmente, la torre forma parte de un conjunto de gran interés, conocido como el Palacio de Miyares .
En la parroquia de Sorribes se encuentra otro de los grandes palacios piloñeses, el Palacio de Sorribes . Es una interesante obra del siglo XVIII, con dos pisos y gran fachada, balcón volado y gran alero de madera. Su entorno se completa con una plazoleta en la que se ubican las cocheras, las caballerizas, la vivienda de los caseros, la capilla familiar, unos jardines de gran belleza y una balaustrada de piedras que rodea la finca.
Otras obras que justifican el valor artístico del concejo son el Palacio de Cutre , en La Goleta, con una torre antigua y una capilla exenta, en la actualidad utilizado como hotel y restaurante, y el Palacio de Rubianes , en Cereceda, de la familia de los Antayo, cuyos descendientes fueron los marqueses de Vistalegre.
Si las iglesias destacan en el aspecto religioso, en el civil, además de los palacios, son las casonas las que marcan las diferencias.
Sin salir de la capital del municipio, Infiesto, encontramos dos ejemplos de este tipo de inmuebles. Uno de ellos es la Casona de los Cobián , en el extremo de la plaza mayor, y otro de singular belleza, es la Casona de Los Argüelles , del siglo XVIII. Se trata de un edificio rectangular de dos plantas, con portada de medio punto y escudo de armas. Hoy por hoy constituye uno de los mejores ejemplos de la arquitectura asturiana llevada a cabo por la nobleza rural de la época.
En la parroquia de Villamayor, merece una visita la Casa de Argüelles , en la finca de Les Huelguas . La misma, hoy pertenece a la Caja de Asturias y está acompañada de una capilla fundada en 1590.
Otras casonas aristocráticas de interés son la Casona de La Trapiella , en Arenas de Beloncio, la Casona del Barredo , en Cardes y la Casona del Orrín .
Durante el siglo XIX fueron numerosos los piloñeses que emigraron a América, buscando una vida más digna. Fueron los indianos. Algunos de ellos dieron fe de la mejora de su nivel de vida, construyendo a su regreso interesantes casas de indianos que hoy en día se reparten por el territorio del concejo. Algunas de ellas son las de Sotiello y La Estrada , en Sevares, de gran belleza, la de La Güertona y El Pedrocal , en Coya, y la de Villa-Joaquina , de estilo montañés, en Villamayor.
Arquitectura popular La belleza artística y cultural de un lugar no ha de limitarse nunca a sus grandes construcciones, a sus iglesias, palacios y casonas, regentadas por la igesia y las capas altas de la sociedad. La riqueza estética de un municipio reside, sobre todo, en su arquitectura popular. Piloña es, en este sentido, el municipio asturiano que mejor conserva este importante apartado de su patrimonio. A lo largo de sus 110 pueblos, el visitante quedará más que maravillado por la conservación de la cultura popular
Una cultura que tiene su principal reflejo en las casas y caseríos tradicionales de sus habitantes. Sus elementos mñas significativos son los corredores o galerías de madera, además de decoraciones de tradición medieval. Las viviendas suelen estar acompañadas de lavaderos, las cuadras, tenadas y todos esos equipamientos utilizados en el mundo rural para solventar las necesidades de la vida campesina.
Como concejo de eminente tradición rural, Piloña conserva este estilo en multitud de pueblos, como puedan ser Valle , Anayo o Sevares , Villamayor , Cardes , Lozana y Biedes .
Sin embargo, dentro de la arquitectura popular, existen dos emplazamientos cuya mención es tan obligada como la visita. El primero es el Barrio del Valledal , en Villamayor, el cual conserva intacta su estructura tradicional, con galerías, portalones y corredores al estilo más autóctono. El segundo es el pueblo de Espinaredo , donde se sitúa la concentración de hórreos más importantes de Asturias. Se trata de una edificación de carácter agrario, tradicional en el campo asturiano, que sirve para almacenar la cosecha a salvo de los ratones. El hórreo , en asturiano horru , es uno de los buques insignia de la cultura de la región, y es una construcción de madera cuadrada asentada sobre cuatro pilares, o pegollos. Su variante es la panera, que en lugar de cuatro, tiene seis.
A lo largo de sus pequeñas aldeas, el visitante tiene a su disposición una centena de casas rurales, de bella factura, donde poder alojarse, y desde ellas conocer la parte más esencial de la cultura y la idiosincrasia asturiana. La mayor parte de ellas están organizadas en torno al colectivo Aspitur, Asociación Piloñesa de Turismo Rural
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