Pasarela Cibeles
                   OTOÑO/INVIERNO 2009/10
MADRID

A C T U A L I D A D
FEBRERO 2009: PASARELA CIBELES - MADRID


Martes, 24 de febrero de 2009

Del barroquismo goyesco de Hannibal Laguna a la delicadeza de Juanjo Oliva

La noche en toda su excelencia, los espectáculos de alfombra roja con todo su glamour, por fin desembarcaron en Cibeles Madrid Fashion Week de la mano de dos creadores de buena costura, el venezolano Hannibal Laguna y el madrileño Juanjo Oliva

ELENA MORENO / AGENCIAS

Los dos con estilos muy diferenciados. El primero sigue una tendencia barroca y lujosa, y recreó en esta ocasión los destellos de las estrellas del ayer, de las noches de los años cincuenta en que Ava Garnerd lucía en pleno esplendor pero incorporando toques españoles y de homenaje a Madrid. Oliva es más sutil, bebe de las fuentes de los más contemporáneos, pero también elevó a las mujeres a la elegancia festiva.

Ambos fueron los protagonistas más destacados de la penúltima jornada de Cibeles, que termina el martes dando paso otra vez a los más jóvenes. Oliva abrió la mañana vistiéndola de noche con una colección de vestidos con dos propuestas. Una, más estructurada, armada, en la que este joven creador se mide con la costura más rigurosa al presentar una caída de grandes tablas desde los hombros a la rodilla en vestidos negros que daban forma de torre, adornados con sombreros a juego.

Patrones rigurosos que contrastaban con otros vestidos más ligeros, en seda y gasa, algunos con cola de más de cinco centímetros. Utilizó también la fibra dorada en vestidos largos que se ciñen al cuerpo, y toques dorados en otros de cóctel también negros. Abrigos de lamé amplios, vestidos vaporosos que se anudan con un gran cinturón formaron parte de una colección con acertados colores rojo, fucsia y verde, junto al negro. Adornos de grandes flores doradas se anudan a la cintura o adornan cuellos como toque que rompe la sencillez. Y los vestidos más ligeros se cruzan con capas bien diseñadas. En suma, este modisto, al que siguió atenta la ministra Elena Salgado, dos veces premiado en Cibeles, sigue una evolución coherente.

Goyesco

Hannibal Laguna es uno de los diseñadores favoritos de las actrices y féminas que acuden a las grandes galas y otras ocasiones festivas. Sólo hace trajes de noche para señoras, pero los eleva artísticamente con un complicado trabajo de elaboración al superponer capas de tul de efecto cancán en una colección que rinde homenaje a la Garnerd, pero también con un toque español y propiamente madrileño. Godés goyescos y remates de encaje que recuerdan aquella época. Las propias polainas rosas de los toreros se intuían en las medias de las modelos.

Las cinturas de los vestidos de Laguna están esta vez muy pegadas a la cintura para dejar caer después el vuelo exagerado en superposición de capas. Las prendas se enriquecen con el encaje de chantillí, las telas metalizadas o color champán, muy rígidas que en su mayoría, que llevan escote palabra de honor. En otra línea incluyó vestidos ceñidos hasta los pies, bordados, y otros de encaje en tonos malva. Una colección de piedras preciosas, y de anillos grandes con forma de mariposa, subía la suntuosidad de su desfile, como las pequeñas toreras de zorro.

Para lucir también en la noche, la lencería del catalán Andrés Sardá propuso 'El hechizo de la mujer fatal'. Féminas que emplean abundante corsetería de encaje que puede servir de tops, así como ligueros, algunos en un rojo fuerte que recuerdan a la mujer más carnal. Una lencería que se funde con vestidos transparentes, o esmoquin, para unir la ropa íntima con los trajes de noche casi en un mismo conjunto, como viene siendo habitual en esta marca que Sardá ha dejado en mano de su hija.

Por su parte, Javier Larrainzar también se concentró en la noche, con fornituras de fantasía en colores negro, dorado, morado y verde. Y en su más tradicional esencia sigue la puesta de largo de Elio Berhanyer.

El estilo inglés de Miró

Los hombres están poco presentes en la pasarela, donde sólo comparten desfiles con pocos creadores, en lunes con cuatro salidas de Berhanyer vistiendo al hombre tradicional. El catalán Antonio Miró les hizo resurgir con fuerza en un desfile para el que contó con dos modelos ocasionales, Loquillo y Nacho García Vega (Nacha Pop). Se inspira en la Inglaterra de Robin Hood para un original vestuario en el que las camisas blancas llevan unos grandes cuellos que recuerdan al héroe de los pobres. Incluye los cuadros escoses convenientemente actualizados, la pata de gallo pequeña, y arruga los tejidos de terciopelo; otros, los plastifica. Un diseño muy actual, que incluye toques de pluma de faisán y grandes bolsos, en tonos que van del marrón al beige, verde bosque y grises para las prendas de más vestir. Se acabó tanto negro para los hombres ((que parece neofascista)), dice Miró, que ha hecho industria y marca y vende hasta grifos de diseño.

Pocas novedades aportó Juan Duyos, que arrugó y entrelazó una mezcla de telas de diferentes tonos (grises, azules y marrones) que se ajustan al cuerpo.