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MARIOL-JUAN PELUQUERIA BELLEZA
C/ Ramón y Cajal, 7 - bajo - GIJON | Telf.- 985 37 47 90

Una buena combinación de experiencia e innovación, en ‘Mariol y Juan’

Esta peluquería gijonesa lleva 35 años marcando el estilo de sus clientes a través de sus peinados. Para ello, conocerlos bien es fundamental


Una joven adolescente observa cómo la longitud de su corto cabello va cambiado radicalmente, y unas extensiones violetas empiezan a sobresalir entre capas y capas de mechones irregulares. A menos de dos metros de ella, una señora bajo el secador de toda la vida, mantiene una conversación sobre sus nietos y una próxima fiesta familiar con su compañera de peluquería. Los rulos y la red no dejan escapar ni uno solo de sus rubios rizos.

De este contraste de gustos, edades y cabellos, parte la filosofía de Mariol Rancaño que, junto a su marido Juan Menéndez, mantiene su peluquería a punto para todo tipo de novedades y cambios en las tendencias. Un factor que no deja de ser un plus de calidad a los servicios ofrecidos por Mariol y Juan. «El hecho de que a esta peluquería venga gente de todas las edades y estilos permite innovar nuestros servicios, al mismo tiempo que renovamos y recordamos los conocimientos que ya habíamos adquirido. No hay que olvidar que la moda, también en el pelo, es cíclica y que tendencias que se llevaron hace veinte años, pueden volver a estar en boca de todos los profesionales de la imagen», señala Mariol Rancaño.

El pelo puede definir una personalidad sin necesidad de que la persona pronuncie una palabra. El equilibrio entre el carácter, el estilo de ropa o el cuerpo de la persona son factores indispensables a tener en cuenta antes de llevar a cabo un trabajo, ya que el pelo va más allá de la imagen personal; es un signo de identidad. «Antes de empezar a trabajar llevamos a cabo un análisis global de la persona. Ver cada parte en un conjunto. El pelo tiene que ir acorde con el estilo de ropa, con la cara y el cuerpo. Pero, sobre todo, le tiene que gustar al cliente, por eso, si no la conocemos ya, hablamos con ella antes de comenzar», apunta Mariol mientras da los últimos retoques al pelo de una clienta.

La experiencia de los años
Mariol empezó a trabajar en el mundo de la peluquería cuando era sólo una adolescente. A los pocos años de casarse, su marido Juan decidió entrar a formar parte activa del negocio, e hizo los estudios de peluquería. En total son treinta y cinco los años de lavar cabezas, aplicar tintes, cortar, secar, peinar, ... Y cada año cuenta en esta profesión, donde el ojo ya se ha curtido en gustos y estilos.

De los primeros tiempos en los que no había secador de mano y los alisados se tenían que hacer con el secador de casco y la legendaria ‘rosca’; ahora, gracias a una sofisticada plancha italiana, incluso el pelo rizado se consigue alisar y mover con naturalidad.

Y es que los tiempos cambian. Los productos son diferentes. Los aparatos más sofisticados. Pero lo que permanece siempre es la mano del peluquero, el artesano del cabello, el observador de estilos y gustos.

 


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