Jueves, 13 de octubre de 2005

Raritas & Co.

Las hermanas CocoRosie colaboran con Anthony and The Johnsons, Devendra Banhart y Spleen


ANA FERNÁNDEZ ABAD


Sierra y Bianca, CocoRosie, son dos raritas. Porque hay que tener gustos peculiares para combinar un oso amoroso con una dedicatoria tipo tatuaje de marinero –‘To our mother’– y mezclar una camiseta ‘tie die’ con un pectoral de abalorios africano y un look a lo Frida Kahlo. Eclécticas desde la portada de sus discos a sus actuaciones en directo, las hermanas Casady presentaron su segundo trabajo, ‘Noah’s Ark’, el mes pasado en Madrid.

Coco y Rosie (sus diminutivos familiares) crecieron separadas, en plan ‘Tú a Boston y yo a California’. Pero una de ellas (Sierra) vivió en París y allí templó su voz de soprano para cantar ópera. Bianca se plantó en la casa de Rosie un buen día y de este reencuentro surgió su francófilo álbum de debú, ‘La maison de mon rêve’, en 2004.

Lo demás vino rodado. El abanderado del nuevo folk Devendra Banhart se enamoró de una de las hermanas, Anthony se las llevó de gira con él y The Johnsons... Los raritos se atraen. Y además, triunfan. La chica atrapada en un cuerpo de chico, Anthony, se ha convertido en el nuevo ídolo del underground, en la figura de moda que regala canciones a Isabel Coixet en sus directos. Devendra vaga por Barcelona delgado y despeinado, pero concede entrevistas a The Wire.

Ellas no son menos. Teatrales hasta la médula, las chicas Casady agotan las entradas para sus directos. Culminaron su gira estadounidense de este verano como teloneras de Anthony and The Johnsons con un concierto en el Town Hall de Nueva York, en plena Times Square, porque se sienten cómodas en los escenarios ocultos tras un gran y pesado telón de terciopelo rojo.

En escena
Sobre las tablas aparecen dos figuras delgadas, una lánguida y otra enérgica. Bianca permanece sentada mientras canta, susurra con el micrófono muy pegado a los labios y su voz oscila entre Billie Holiday y P J Harvey. El concepto ‘densidad’ define a Bianca, que se entretiene jugando con el sampler, disfrazada de cantante de hip-hop con sudaderas diez tallas más grandes que la suya, la capucha calada.

Sin embargo, Sierra es ligera. Frente a la tecnología de Bianca, que se ocupa de la guitarra eléctrica, su hermana toca el arpa y la guitarra acústica; todo manual. Sierra se esconde tras una máscara blanca de teatro japonés o maquilla su cara como un ‘pierrot’ del siglo XXI. Despliega su repertorio vocal en las actuaciones, emula a una Björk no islandesa, más nerviosa. Sus sonidos inquietantes llenan ‘Noah’s Ark’, un disco que cuenta con colaboraciones de Anthony, de nuevo, Devendra y Spleen.

Ya sea vestidas de normales, disfrazadas, con tupé, de japonesas, de indias, tras una máscara o bajo la capucha, las hermanas Casady tienen algo. Son las chicas del momento, ese par de raritas.