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LETRAS
Amos Oz



FRANCISCO JAVIER FDEZ. VALLINA

Ex consejero de cultura del principado y profesor de estudios hebreos en la Universidad Conplutense
Un compromiso singular

Asomarse a la biografía y a las obras más importantes de este gran escritor israelí en nuestra lengua común, e incluso a inteligentes valoraciones sobre ambas, no es tarea difícil, pues ambas cosas existían ya, por fortuna, en nuestro entorno escrito y mediático, aunque se han visto incrementadas para bien en estos últimos meses, tras su merecida concesión del Premio Príncipe de Asturias, en su modalidad de Letras. Puede, pues, quien lo desee repasar hemerotecas o medios audiovisuales de nuestro Principado, del resto de España, del ancho mundo y, por supuesto, en la Red, con sus incontables webs y páginas especiales, pues no en vano este nuestro mejor buque insignia, que es la Fundación, sabe multiplicar los buenos panes que en su esmerado horno amasa y cuece con esmero.

Con todo, amable doctor, si me permite hacerle una sugerencia para saciar su curiosidad por tan atractiva persona y gozar de una escritura literaria de primer orden, sumérjase, si aún no lo ha hecho, en su Una Historia de amor y oscuridad, que puede encontrar incluso en pulcra y económica edición de bolsillo y, además, en una esmerada y fiel transposición del hermoso hebreo del autor, a la que nos tiene acostumbrados su habitual traductora, la profesora Raquel Lozano. No es sólo, con serlo también, una espléndida autobiografía de la niñez y adolescencia, narrada ya en una lúcida madurez de Amos Oz (que protesta, con razón, porque sigamos denominándola así), sino que se asemeja más bien a una epopeya familiar y coral a un tiempo, con sus padres y el Hogar Judío que se va tornando en el Estado de Israel como protagonistas reales en un relato conmovedor de memoria e imaginación, impregnadas de fuerza y pudor.

Resuenan con vigor en la novela esa ‘historia de amores traicionados’ que protagonizó en gran parte del siglo XX la relación entre Europa y los judíos. Aquí se encuentran voces de los grandes escritores Stefan Sweig o Joseph Roth, pero también los ecos de Walter Benjamín, Elias Cannetti y hasta el propio George Steiner. Y esa huella herida revienta en la conciencia de esa historia de amor y oscuridad que proclama que ‘los judíos eran los únicos europeos’ de aquellos trágicos lustros. Pero es también el relato de la extraordinaria y heroica epopeya de una sociedad que quiere asentar una patria en la mirada y la vida, es decir, en la ilusión creadora y el desgarro existencial, de la existencia cotidiana de esos personajes (padres, familia, vecinos…) y sus humanas relaciones, que caracterizarán siempre la escritura de Oz. Además, de un modo a la vez explícito y poético, están también, muchos de los personajes, sueños y pasiones del resto de las obras de nuestro autor.

En efecto nuestro escritor, uno de los más eminentes de la llamada ‘Generación del Estado’ el corta, pero ya muy fecunda, historia de la literatura israelí, nos ha regalado hasta ahora un conjunto de novelas y relatos, de admirable factura en la aparente sencillez que atesora o esconde la cotidianeidad humana. Sigue la senda del mejor Chéjov o Tolstoi, pero en una mirada sobre el mundo que incorpora la evolución literaria, artística y científica del siglo XX. Más cerca de Jung que de Freud, pero en todo caso subyugado por las relaciones interpersonales y especialmente familiares, descripciones, metáforas, diálogos y reflexiones se suceden sin solución de continuidad en una sinfonía en constante e incesante tejido conmovedor: la ternura soñadora de ese niño-adolescente de la joven Israel que es La bicicleta de Sumji; la siempre novedosa complejidad del camino del amor y desamor en la voz femenina de ‘Mi querido Mijael’; la extraña y penetrante mirada dual sobre una misma historia vital de ‘No digas noche’; el muy original experimento literario de prosa-poesía que nos acera la posibilidad de vivir sueños y realidades, traspasando separaciones y fronteras en ‘El mismo mar’; el personaje rebelde e impertinente con sus viejas contradicciones y la necesaria claridad y afirmación de la palabra en ‘Fima’… y en el escenario, casi siempre, con mayor o menor protagonismo, pero como presencia imprescindible… Jerusalén. Hay, claro es, varias más que también merecen la lectura y el elogio.

Con todo es Amos Oz el perspicaz e ingenioso descubridor de nuevas aristas y perspectivas a la incesante pregunta sobre el ser de la literatura en ese sugerente La Historia comienza, sobre los principios materiales de las novelas. Su atractiva reflexión sobre ‘el contrato entre escritor y lector’, propiciará una nueva y fecunda mirada sobre las escrituras que inician grandes novelas de la ya literatura universal: Chéjov, Kafka, Agnón, García Marquez…, que se tornará vibrante y estremecedora cuando se detiene en La Storia de Elsa Morante.

Y, al fin, el más conocido luchador infatigable por la paz, desde luego la fundamental para el judío israelí, nacido y vivido en el Israel de hoy, la de palestinos y judíos en el vieja tierra disputada. Amos Oz, con su criatura más querida, ‘Paz ahora’, ha escrito miles de palabras, hermosas, duras, inoportunas, inteligentes, conmovedoras, ‘traidoras’, persiguiendo la fundamental: la paz, que inaugure una convivencia estable y justa, ya demasiadas veces postergadas, y permita vivir, con sus sueños, pasiones, amores y oscuridades, a los dos pueblos enfrentados. Su ‘Contra el fanatismo’ nos regala una fecunda y perdurable ‘hoja de ruta’ de ideales morales inteligentes e imprescindibles. Sus cientos de artículos siguen alimentando la búsqueda de una paz urgente.

Por todo ello su palabra, la de las tres escrituras en un solo Oz, es y será, no nos cabe duda, con su brillantez conmovedora, lectura obligada en cualquier canon o guía de la literatura universal.

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