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PUEBLO EJEMPLAR DE ASTURIAS
Humanitarios de San Martín


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PUEBLO EJEMPLAR DE ASTURIAS
Humanitarios de San Martín



ALBERTO GONZALEZ
Secretario General de la Federación Asturiana de Empresarios

Humanitarios y ejemplares

Como allerano ejerciente que soy, pertenezco a la Sociedad Humanitarios de San Martín de Moreda desde hace muchos años. Seguramente porque, como también dicen que ocurre con algún equipo de fútbol, los Humanitarios son más que un club. Me siento orgulloso de pertenecer a una asociación, sociedad o grupo de personas, como cada cuál quiera entenderlo, que lleva por nombre el de Humanitarios.

La denominación es, sencilla y llanamente, preciosa. Porque se refiere al bien del género humano, y es sinónimo de benigno, caritativo y benéfico. Son todos ellos adjetivos y pretensiones loables en sí mismas, escasas en nuestros días, poco reconocidas y harto difíciles de encontrar como máximas de grupos humanos de inspiración y carácter exclusivamente civil.

Repasando la historia de esta sociedad, que se remonta nada menos que ciento dos años atrás, comienzan a entenderse algunas de las razones que nos han permitido llegar hasta donde estamos. El carácter conciliador de los pioneros inspiró el nacimiento de la misma ante problemas tan comunes como los litigios por los pastos en los puertos con un concejo vecino. Buena muestra, por otra parte, de algunas de las características que adornan a muchos alleranos: su talante dialogante y conciliador. La preocupación por los numerosos y diversos problemas de habitabilidad del entorno más cercano y las necesidades de los menos afortunados guiaron el desarrollo de la asociación. Y, tras un dilatado paréntesis consecuencia de la situación general del país, renace con nuevos aires a mediados de los 60. Se incorporan entonces otras preocupaciones al objeto social, ligadas más a la conservación del patrimonio cultural y folclórico allerano. Pero nunca, desde su fundación, los Humanitarios han perdido su esencia solidaria y de ayuda a los más necesitados.

Este año, después de muchos persiguiéndolo, el jurado de la Fundación Príncipe de Asturias que otorga el premio al Pueblo Ejemplar de Asturias nos ha distinguido con este galardón. Siempre resulta gratificante el reconocimiento ajeno de la labor bien hecha. Por eso quiero empezar felicitando a la gran familia humanitaria, al pueblo de Moreda y a los alleranos por haber conseguido esta distinción. ¡Enhorabuena!. Y a continuación, agradecer también a los miembros del jurado su decisión. Dicen las bases por las que se rige, que este galardón pretende distinguir a las poblaciones y núcleos de población o humanos que destaquen, en primer lugar, por la defensa de los más nobles valores. Creo, sin falsa modestia, que en este caso no se equivocan.

En estos últimos cuarenta años, impulsados por los muchos hombres y mujeres que han formado parte de las diferentes juntas directivas que ha tenido, los Humanitarios han encumbrado un nombre, unos valores y unos ideales a cotas muy altas. Tanto, que hoy merecen el reconocimiento de nuestros vecinos. Cuestión nada fácil de conseguir, por otra parte, en esta tierra nuestra. No es que ello nos haga mejores ni peores, más valiosos, más o menos humanitarios. Como dije no hace mucho tiempo en Moreda, no nos hacen falta reconocimientos públicos para alimentar la ejemplaridad que cada humanitario cultiva en su interior. Pero, con todo y con ello, ¿a quién le amarga un dulce?

Quiero tener un reconocimiento especial desde estas páginas de EL COMERCIO para todas y cada una de las mujeres y hombres que componen la junta directiva actual. Si hemos llegado hasta aquí ha sido por la labor callada de muchas personas que día a día han aportado su granito de arena a la sociedad. Pero no cabe duda de que la determinación de la directiva actual ha contribuido firmemente, superando desalientos y sinsabores, a que hoy el Pueblo Ejemplar luzca montera picona. ¡Gracias y adelante!

Como adelante tienen que ir Aller y los alleranos. Nuestro concejo, tan denostado últimamente como hermoso siempre, está achacando en carnes propias los vertiginosos cambios que nos han colocado, casi sin enterarnos, en pleno siglo XXI. Cuando los Príncipes de Asturias crucen el río Aller en Valdefarrucos encontrarán una tierra hermosa que atisba su porvenir, en la que se acabó la seguridad ligada a la explotación del carbón. Los vientos soplan por otros derroteros y, lejos de esconder la cabeza debajo del ala, los alleranos sabremos ser ejemplares también en la conquista de nuestro futuro. Y si no nos lo creemos, ahí está el botón de muestra: entre tanta escombrera, estrechez de valles, decaimiento de ánimo y cierre de pozos, ¡Pueblo Ejemplar de Asturias!. Lo somos, a pesar de todo, por algo que ninguna crisis ni reconversión será capaz de arrancarnos: nuestra gente. Que es nuestra verdadera alma y nuestra principal riqueza. Y que, con su con su talento y tesón, estoy seguro de que nos conducirá hacia un futuro no menos ejemplar.


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