Entre
las emociones y el sentimiento
ADOLFO RIVAS FERNANDEZ.
Director de Cáritas Diocesana de Oviedo
Como
cada mes de octubre, desde 1986, el término concordia vuelve
a aparecer en las conversaciones y en los medios de comunicación,
vinculado a unos premios universales, los Premios Príncipe de
Asturias. Este año, la Fundación Príncipe de Asturias
ha distinguido a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl
con este galardón y, con ello, nos ha dado una alegría
a todas las personas y entidades que, por estar cerca de los pobres
y de las personas que sufren la injusticia, las conocemos y admiramos.
Concordia significa unión, acuerdo, armonía, coloquialmente
juntar o unir corazones, y el jurado del premio reconoció esta
unión de corazones en las Hijas de la Caridad de San Vicente
de Paúl, como recoge el acta del jurado que el 14 de septiembre
otorgó el premio “…por su excepcional labor social
y humanitaria en apoyo de los desfavorecidos, desarrollada de una manera
ejemplar durante cerca de cuatro siglos, y por su promoción,
en todo el mundo, de los valores de la justicia, la paz y la solidaridad”.
Desde Cáritas, que en su logotipo recoge esta comunión
de corazones, felicitamos con entusiasmo a las Hijas de la Caridad.
También felicitamos a la Fundación Príncipe de
Asturias, por varios motivos: por lo que significa para Asturias, por
sus 25 años de buen hacer, por la existencia del Premio de la
Concordia, donde ha distinguido a personas, grupos de trabajo o instituciones
cuya labor ha contribuido de forma ejemplar y relevante a la fraternidad
entre los hombres, lucha contra la injusticia y defensa de la libertad,
y por este premio, pues quien otorga el galardón también
resulta reconocido si el galardonado, como sucede en esta ocasión,
ya lo estaba en la conciencia de las gentes.
Desde sus orígenes, las Hijas de la Caridad de San Vicente de
Paúl han sido testigos de concordia y solidaridad en la Iglesia
y en el mundo, y son conocidas en la Iglesia con el nombre de Compañía
de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, Siervas de
los Pobres. Es una institución religiosa y benéfica, jurídicamente
reconocida como sociedad de vida apostólica en común.
Fundada en París en 1633 por San Vicente de Paúl, el cual
será el inspirador de su carisma, y Santa Luisa de Marillac,
tiene como fin el servicio a los pobres y abandonados por la sociedad.
En estos casi 400 años, cientos de miles de Hijas de la Caridad
han estado al lado del pobre, del necesitado de atención solidaria,
y han empleado sus vidas en esa misión. Su espíritu propio
consiste en la práctica de las virtudes de humildad, sencillez
y caridad, añadidas a las de respeto, compasión y cordialidad,
que le han llevado a servir a los pobres con verdadera devoción.
Actualmente se hallan presentes en 93 países. Destaca su labor
en India, Libia, Angola, Bolivia, Camerún, Congo, Ghana, Ruanda,
Haití, Honduras, Mauritania, Madagascar, Marruecos, Mozambique,
República Dominicana, … y también en el cuarto mundo
que habita en los países desarrollados, donde la pobreza resulta
aún más obscena, al encontrarse al lado de la opulencia.
Así, encontramos Hijas de la Caridad en orfelinatos, casas de
caridad, hospitales, dispensarios, albergues para transeúntes,
en la atención de enfermos, escuelas obradores, leproserías,
talleres en las cárceles, lazaretos, hospitales de emergencia
en guerras y epidemias, catástrofes. Son 23.045 hermanas, distribuidas
en 2.567 comunidades.
La llegada de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl
a España fue en 1790, a solicitud del rey Carlos III, para confiarles
la dirección y cuidados de las instituciones de beneficencia
creadas o reguladas por la Ley de Beneficencia General establecida por
él mismo. Su llegada a Asturias fue en 1870 y desde entonces
su presencia y actividad ha sido una constante en toda la geografía
asturiana. En este momento su actuación en nuestra comunidad
se concreta en distintos ámbitos: ámbito de personas mayores
(Betania-Lugar de Paz –Gijón–, Residencia Asilo Hospital
–Luarca–, Residencia Milagrosa –Vegadeo-, Residencia
S. Francisco –Navia– y Residencia Ulpiano Cuergo –Colombres–),
hogares infantiles (Casa Familia –Ciaño-Langreo–
y Cruz de los Ángeles –Avilés–), ámbito
sanitario (Casa de Acogida Siloé –Gijón– y
Residencia Hermanas –Oviedo–), ámbito educativo (Colegio
J. García Fernández –Luarca–, Colegio Luisa
de Marillac –Avilés–, Colegio Milagrosa –Gijón–,
Colegio Patronato S. José –Gijón–, Colegio
Sagrada Familia –El Entrego–, Colegio San Vicente de Paúl
–Gijón– y Colegio Virgen Milagrosa –Oviedo–)
y ámbito social (Asociación Gijonesa de Caridad –Gijón–,
Casa de Acogida Cano Mata de Cáritas –Oviedo–, Comunidad
Tremañes –Gijón–, Cocina Económica
–Oviedo–, Obra Parroquial –Avilés–, Obra
Parroquial –Piedras Blancas– y Obra Social Milagrosa (Mokom–Mikomeseng–Guinea).
Cáritas y las Hijas de la Caridad nos encontramos cotidianamente
en la realidad de las personas que sufren, en la de las personas en
situación de exclusión social y ante la injusticia. Compartimos
espacio social y acciones concretas. Por lo tanto, celebramos con especial
alegría este premio para nuestras compañeras, sabiendo
que ningún reconocimiento hará suficiente justicia a la
tarea que realizan, a excepción de la misma tarea realizada.