Una manzana dedicada a la uva
La Ruta de los Vinos de Oviedo, con apenas tres años de asociación, se ha afianzado ya como referencia sólida para lugareños y turistas
Propuestas de los hosteleros
MIGUEL LLANO E IDOYA REY
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LA RUTA
Calle Manuel Pedregal:
Pizzería La Competencia, num. 3
Il Padrino, num. 11
El Raspón, num. 11
Sidrería El Valle, num. 6
Vinoteca El Diañu Burlón, num. 10
Asador la Oveja Negra, num. 19
La Niña Bonita, num. 15
Cocktail La Taberna de Isaac, num. 19
Vinoteca Thyrsus, num. 12
Casa Kike, num. 21
Xareu, num. 12
Calle Fray Ceferino:
Río Deva 2, num. 17
Bar Restaurante Nalón, num. 12
Avenida de Santander:
Taberna La Oveja Negra, num. 8
La Mala Uva, num. 10
Calle Campoamor:
Vinoteo, num. 28
Asador Arandino, num. 28
Vinoteca Ola, num. 19
Kopin Café, num. 17
Marcelino Pan y Vino, num. 17
La Botica Indiana, num. 15
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Una manzana hostelera, una zona delimitada que resuena a buen comer y sirve de excusa para cualquier rato libre, sea el diario del vermú o la comida, o las noches y fiestas de guardar. Es lo que han conseguido los empresarios de la Ruta de los Vinos de Oviedo, joven asociación que en mayo cumplirá tres años y que agrupa a una veintena de establecimientos plantados en el rectángulo que conforman las calles Manuel Pedregal y Campoamor, a un cruce de acera de las estaciones de autobús y tren, y a un breve paseo (apenas diez minutos) de la plaza de La Escandalera y el Oviedo Antiguo.
La Ruta ha logrado añadir al mapa de la ciudad un entorno tan diferenciado como la calle Gascona para la sidra y el menú típico, o la calle Mon para las copas y el baile. Sólo que ellos, en plena tierra de escanciado y fabes, se abanderan con el vino, la cocina moderna pero sencilla, y los pinchos como algo más que un pequeño bocadillo.
«El secreto del pincho de cochinillo está en los tiempos de cocción, controlarlos y manejarlos », resume Susana Llorente, cocinera de La Niña Bonita, sobre un plato de 2,5 euros que se elabora con más de 10 ingredientes.
No todas las ciudades disfrutan de un agrupamiento hostelero tan acotado, de una referencia sólida para turistas y lugareños. Además, se han dado prisa: en tres años han ofrecido a Oviedo una suerte de calle Laurel logroñesa, una zona que ya funcionaba con ese espíritu de nueva taberna, pero que gracias al bautismo de la ruta y a las actividades conjuntas ha promovido la llegada de más empresarios y el asiento de un público fiel.
Cada bar mantiene su carácter, se pueden comer desde pizzas hasta asados, platos de cuchara o tapas premiadas en concursos nacionales.
Pero la sucesión de ofertas compone un todo, un ambiente animado por el espíritu de buena tasca común a todos. Ahora quieren rematar su carácter con un mobiliario urbano que uniformice la imagen exterior de los establecimientos.
La confianza en el futuro de esta zona es tal que hasta el Ayuntamiento de la capital le ha ofrecido al colectivo que gestione el nuevo bar de concesión pública que pretende construir sobre la avenida de Santander.
Porque ahora se trata de afianzar lo ya conseguido con el emplazamiento en sendas calles peatonales; más el buen servicio al cliente que no pierde el tono familiar; y, obviamente, gracias a una oferta en platos y copas enfocada al producto: «El cliente sabe reconocer cuándo hay calidad en la materia prima y, por supuesto, el trato profesional; en eso nos diferenciamos », asegura Isaac Carrizo, presidente del colectivo y dueño de ‘La taberna de Isaac’, especializada en cócteles.
Bares y clientes Hay hasta a quien le ha dado tiempo a formar parte y presidir la asociación, y finalmente abandonarla hace un mes. Es el caso de Maxi Rodríguez y Javier Bernardos, propietarios de Entrevinos, la primera vinatería, abierta hace ocho años. Creen que se ha perdido la línea de promoción del vino y prefieren seguir su camino, aunque están dispuestos a «colaborar en lo que sea necesario». Sus vinos son de calidad lo que les hace tener una clientela fija, que en realidad sirve de baremo a los hosteleros para seleccionar sus bebidas.
«Los jóvenes están abiertos a experimentar y nos proponen vinos que aquí no tienen distribuidor, pero los buscamos y si nos gustan los traemos», comenta Rodríguez.
Cada quincena ofertan cinco tintos, dos rosados, dos blancos y un cava. Los mejores son indultados y se mantienen en carta, siempre acompañada por tapas y tostas que también cambian. «El lunes comenzaremos la nueva temporada.
Mantenemos las más demandadas y cambiamos las que menos gustan », explica Bernardos. A pesar de ser el establecimiento más vetusto de la zona, no deja de innovar.
La última idea: ofertar en barra tapas en miniatura.
Todo redunda en la zona, porque «todas las actividades pretenden afianzar el nombre de La Ruta de los Vinos», subraya Carrizo, el presidente de la asociación.
La asociación proyecta una cata multitudinaria para elegir, año a año, los «caldos de la Ruta»
M. LL. OVIEDO
La preba de la sidra es uno de los estímulos que cada año atrae a centenares de personas a la calle Gascona para elegir la mejor sidra de la temporada. Siguiendo su ejemplo, la Ruta de los Vinos prepara un certamen para escoger dos caldos, un cosechero y un crianza. Serán ofrecidos en los 21 establecimientos de la asociación y serán los usuarios quienes, en una cata multitudinaria, decidan qué vinos quieren degustar.
Las botellas se etiquetarán con el logotipo de la zona y se servirán en los locales de los asociados durante un año, al siguiente, vuelta a empezar.
Buen ambiente Desde que comenzara a establecerse locales hosteleros, la Ruta ha cambiado: «Estaba muerto», recuerda Roberto Prado, de La Niña Bonita. Cuentan los más veteranos que antes, además de muerto, la manzana estaba dedicada a aparcamientos. «Sólo había almacenes y era una zona tétrica, mi madre, que vive aquí, está encantada con el cambio que ha pegado todo», dice Teresa Prieto, de la Vinoteca Thyrsus.
En parte, esta aceptación viene dada por el público, cómo reconoce Isaac Carrizo, presidente de la asociación: «Nuestros clientes son gente a partir de los 28 años, con un poder adquisitivo medio y que por regla general no es molesta ni ruidosa». Además, la lucha por la peatonalización de Río San Pedro hará que pueda albergarse nuevos negocios en una calle similar a Manuel Pedregal y Campoamor: «Mucha gente está mirando locales», avanza un socio.
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