Alberto Mamés

Ambulancias. Alberto Mamés, técnico de emergencias sanitarias, se queda con el «coraje» demostrado por nuestros mayores


Texto: CRISTINA TUERO
Fotos: DANIEL MORA


El miedo y el silencio. Miedo a lo desconocido, silencio ante la preocupación del qué pasará. Son dos de los grandes recuerdos con los que se ha quedado Alberto Mamés Pendones de los días más duros de la pandemia. También con el «coraje» demostrado por nuestros mayores, los grandes damnificados de esta crisis sanitaria. Este ovetense, de 39 años, técnico de emergencias sanitarias, conductor de ambulancias, ha estado en el equipo ‘duro’ de Transinsa, una red específica creada para atender única y exclusivamente a los pacientes de COVID-19 integrada por siete vehículos con seis personas en cada uno. Ellos fueron los primeros en acercarse a los enfermos, en sentir su preocupación, en palpar su miedo, y en darles apoyo psicológico: «Venimos a ayudarles, no se asusten», les decíamos, aunque en esa excepcional situación «había mucha gente mayor que se despedía de su familia como si nunca más la fuera a volver a ver». Y, por desgracia, así sucedió en algunos casos.





La formación para afrontar la pandemia llegó mucho antes del primer caso. «Empezamos a escucharlo en los medios, la nueva enfermedad, lo que estaba sucediendo en Wuhan... y según se iba acercando, la empresa se puso en marcha». La ‘culpable’ de la rápida reacción en la empresa fue, recuerda con emoción, la recientemente fallecida Begoña Martínez Argüelles. La directora general de Transinsa era especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y reaccionó de manera inmediata ante la necesidad de que los trabajadores de las ambulancias supieran enfrentarse a la situación en las mejores condiciones posibles.

«Impresionaba el silencio en las residencias»

Así, con nuevos protocolos y formas de actuar –mascarillas, guantes, distancias, mayor higine y protección–, comenzaron a desarrollar su trabajo, convirtiendo lo extraordinario en cotidiano. «La red ordinaria tenía el freno de mano echado, los pacientes crónicos se quedaba en casa y todo era coronavirus», recuerda. Desde el 24 de febrero, las ambulancias pasaron, con creces, de los 5.000 casos atendidos.





Perfil

Alberto Mamés, con mascarilla y protector, parte del EPI que ha conformado su vestimenta diaria durante le pandemia. Abajo, cuando la presión ha bajado, que no desaparecido, ya puede sonreir


«No hicimos nada especial. Es nuestro trabajo, los pacientes son como familia»

En esas semanas les ha tocado demostrar oficio, en domicilios, centros sanitarios y, sobre todo, en las residencias de mayores. Allí nada era como antes. «Había mucha tensión. Entrabas y todo era silencio. Impresionaba aquel silencio. Los güelinos estaban preocupados aunque no les tocase a ellos. Todos creían saber de la gravedad de la situación, pero sin ser conscientes realmente de lo que había. Aquellos eran los servicios más duros». ¿Y qué decían los mayores? Mamés habla de ello con una mezcla de pena y admiración: «Tenemos tanto que aprender de nuestras generaciones anteriores. Un abuelo me llegó a decir: ‘cuando la guerra por lo menos se podía ir al bar’. Me quedo con el coraje que demostraron».

Y en medio de todos aquellos servicios llegaron los aplausos recibidos con una mezcla de sorpresa, emoción, orgullo, agradecimiento y hasta pudor. «No estábamos haciendo nada especial. Es nuestro trabajo. Son nuestros pacientes, que atendemos como parte de nuestra familia», asegura Mamés, ‘ambulanciero’ vocacional, de segunda generación, con 18 años de oficio en una empresa donde el vínculo de ‘tribu’ ha salido muy reforzado.




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