Begoña Fernández

Campo. Begoña Fernández resiste a una crisis que llegó «en el peor momento» y apela al «entendimiento» para mejorar la situación


Texto: GLORIA POMORADA
Fotos: DANIEL MORA


Las luces de las oficinas se apagaron, los aviones se quedaron en tierra e incluso los balones dejaron de rodar. Pero el campo no tiene interruptores ni sabe de pandemias y en las manos de agricultores y ganaderos quedó la responsabilidad de seguir alimentando a la sociedad por la que tantas veces se han sentido menospreciados. Como tantos otros, la llanisca Begoña Fernández Gómez continuó atendiendo a su ganado, sin bucolismo y sin épica, movida como desde hace casi tres décadas por su fe en el oficio y su respeto hacia las cosas bien hechas. «Por una vez somos privilegiados y podemos salir a trabajar», cuenta desde la localidad de Purón, a los pies de la Sierra del Cuera. El parón del coronavirus llegó además «en el peor momento» para la ganadería en extensivo, que con la primavera regresa a los pastos de montaña. El retraso del saneamiento, explica, alargó la espera y con ella se incrementaron los gastos en alimento. «Las vacas van cogiendo fuerza y las llama el monte. El ganado tiene su reloj biológico y lo tuvimos que estar aguantando en los praos, hubo que correr mucho detrás de ellas», explica Fernández, titular de más de medio centenar de reses de la raza asturiana de la montaña que mantiene en ecológico.





La alteración de los ritmos, estima, se arrastrará aún durante meses, pues los animales comieron en las zonas bajas «un corte de verde» que en condiciones normales se hubiese segado y ensilado. «Lo notaremos en diciembre o enero», apunta.

«Ahora es verdad que se nos valora más»

Pasado el primer trance, la nueva normalidad se traduce para los ganaderos en la subida de las reses al monte, en su caso a la zona del Cuera entre Purón y Alles. Sin embargo, no toda la incertidumbre se despeja. Además de la producción, preocupan las ventas, en el caso de Begoña Fernández canalizadas a través de la cooperativa Bioastur, de la que es vicepresidenta. «Perjudicó que cerrasen colegios, hoteles y restaurantes; aunque los principales clientes son particulares que compran por internet», indica. La ternera ecológica, considera, no se valora como debería y «la gente compra antes un pollo que venga de a saber dónde que un kilo de carne de aquí».





Perfil

Begoña Fernández es ganadera en Purón, a los pies de la Sierra del Cuera


«Por una vez fuimos privilegiados, ya que pudimos salir a trabajar al campo»

Esta crisis también arroja algo de luz a un sector «ninguneado». «Ahora es verdad que nos valoran más. Noto que la gente llama y da ánimos para que sigamos luchando», destaca. De su labor no solo depende llenar la despensa de los consumidores, sino que con sus animales mantienen el monte y frenan el avance de un matorral que aumenta «de un año a otro». Por ello, considera que las administraciones tienen el deber de escuchar la voz de su experiencia. «Hay otros sectores que mandan más en nuestra forma de vida que nosotros mismos. En los montes no hay una buena gestión y el lobo provoca mucho desgaste psíquico», resume Fernández, que apela al «entendimiento» para mejorar la situación del campo. De ello dependerá también un relevo generacional que ve comprometido. «No se incentivó el vivir del campo, se ve como algo secundario, por si falla otra cosa», reflexiona. Ella misma trabajó como cartera y camarera durante años, hasta que apostó por dedicarse en exclusiva a la ganadería. «Sigo creyendo en ello», asevera..




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