Lola Escudero

Sanidad. Lola Escudero, jefa de la UCI del HUCA, no se ve como heroína y anima a los asturianos a «ser optimistas y no rendirse. Todo pasará»


Texto: LAURA FONSECA
Fotos: ALEX PIÑA


No sabían a ciencia cierta a qué iban a enfrentarse ya que el coronavirus aún no había desplegado todas sus caras. Pero el 29 de febrero, día bisiesto para más inri, la UCI del HUCA y con ella toda la sanidad asturiana, inició su particular singladura hacia «un territorio desconocido, peligroso e incierto». De lo que sí estaban seguros los profesionales sanitarios era de que lucharían hasta el final y que jamás se darían por vencidos. Lola Escudero, jefa de la UCI del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y coordinadora autonómica de Trasplantes, ha sido una de las caras visibles de la sanidad durante la pandemia. Esta médica intensivista, nacida de Oviedo y de padres castellanos, huye de elogios, aunque confiesa que le reconfortaban los aplausos de las ocho. «Los médicos, las enfermeras, los auxiliares, las limpiadoras, todos los que estamos en esto, no somos héroes. Es nuestro trabajo y nuestra responsabilidad. Creo que los sanitarios hemos dado la talla a pesar de que, inicialmente, la gente estaba algo asustada», relata.





Lola suele tener muy presente en su trabajo del día a día la figura del explorador Ernest Shackleton, aquel que en 1914 intentó cruzar por vez primera la Antártida. La suerte no acompañó al intrépido viajero anglo-irlandés que en aquel inhóspito, desolado y aterido territorio blanco acabó perdiendo su barco ‘Endurance’ (‘Constancia’), dejando a sus 28 tripulantes varados en hielos antárticos. Shackelton y los suyos tardaron dos años en volver a casa, pero «su fracaso es una de las mejores lecciones de liderazgo y de cómo una crisis puede ser llevada a buen puerto», apunta esta facultativa formada en el antiguo Hospital Covadonga, de Oviedo. Fue ese el espíritu que intentó trasladar al equipo, unas 150 personas, entre las que no hubo contagios por COVID. «Ha sido como una expedición trasatlántica donde era importante cuidar a los pacientes, pero también a la tripulación». Adentrarse en las entrañas del COVID «fue nuestra expedición particular a la Antártida de Shackleton», con sus tempestades, calma chicha, vías de agua y fuertes vientos, casi tantos como «los cuarenta rugientes».





Perfil

Lola Escudero dirige la UCI del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), en la que trabaja un equipo compuesto por más de 150 personas


«La gente, al principio, estaba asustada pero los sanitarios hemos dado la talla»

El coronavirus irrumpió en Asturias sin cortapisas. El primer paciente, el escritor chileno Luis Sepúlveda, «fue directamente a la UCI». Ese día, 29 de febrero, era la antesala de una fecha señalada para Lola y su hija Macarena, que se forma como cardióloga en el Hospital 12 de Octubre, de Madrid. «El 1 de marzo se cumplían dos años de la muerte de Chus» (su marido), apostilla en recuerdo de Jesús Otero, coordinador de trasplantes y reconocida figura de la sanidad asturiana que «habría estado orgulloso de cómo peleamos contra el COVID». Madre e hija habían convenido pasar juntas ese fin de semana en Oviedo, pero el coronavirus hizo trizas sus planes. Lola se recluyó sábado y domingo en el HUCA y Macarena tuvo que apurar su regreso a Madrid. Desde entonces, «no nos hemos visto». Pese a todo, esta médica nos anima a ser «condenadamente optimistas. Esto acabará pasando. No te puedes rendir nunca... La vida ya es bastante puñetera de por sí».




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