Nuria López

Animación vecinal. El barrio gijonés de La Calzada fue uno de los más implicados para que no decayesen los ánimos de los residentes


Texto: MARLA NIETO
Fotos: DANIEL MORA


Las ocho y media de la mañana. Nuria López abre su Kiosco María y Paula, le puso ese nombre por sus hijas. Ya no tiene que pegarse los madrugones de antes, y ahora hace jornada continua hasta el mediodía. A pesar de que esta crisis repercutió de forma negativa en las ventas ella se mantuvo al pie del cañón, y cada mañana levantó la persiana para surtir de prensa, revistas, chuches o pan, entre otros, a los gijoneses que se pasaron por allí.





«Antes de la pandemia distribuía prensa a seis establecimientos de hostelería y a los centros educativos del barrio. Ahora, todos esos clientes se han perdido», explicó Nuria. Sin embargo, por el kiosco han pasado nuevos clientes: «Vienen a comprar personas que no había visto nunca. Supongo que son quienes antes leían el periódico en una cafetería, o vecinos que no trabajan y tienen el hábito de leerlo». Espera, dijo, que gracias a su amabilidad y buena atención, «se mantengan en el tiempo, yo lucharé por que así sea».

«La cuarentena trajo nuevos clientes»

Nuria cogió el testigo de sus padres. Ellos ya tuvieron un kiosco en esa misma calle, en Puerto Ventana, por lo que su hija ya tenía tablas suficientes para, años después, abrir su propio negocio, en el número 26. «Aunque ya supiera cómo funcionaba este trabajo, nunca me imaginé tener que hacer frente a una pandemia». Y lo ha hecho. Con sus días de más y de menos. Con los momentos de flaqueza y los de ver que se puede salir adelante.





Perfil

Nuria López tiene un kiosko en Gijón que ha permanecido abierto durante el confinamiento


Una de las cosas que más agradece Nuria es la solidaridad de las personas del barrio del Polígono. «De camino al trabajo, todas las mañanas un vecino salía a la ventana a aplaudirme y darme ánimos para enfrentarme a una nueva jornada. También muchas otras personas me dicen que ‘olé’, por estar ahí». Eso por no hablar de la donación de material por parte de los vecinos, que le hicieron hasta un gel desinfectante casero. «Eché en falta que se pasase por el local algún que otro colectivo, para preguntarme si necesito algo, pero recibí mucha ayuda por parte de particulares».

«Los niños llegaban y, sin que nadie les dijese nada, ellos solos se protegían»

La responsabilidad en los tiempos de coronavirus es vital. Y desde el punto de vista de Nuria, quienes más han demostrado ser un buen ejemplo para todos «son los niños, sin lugar a duda. Me asombró ver cómo llegaban al kiosco y, sin que nadie tuviese que decirles nada, ellos solos se protegían con guantes y gel. Nos están dando una gran lección. Creo que son quienes han hecho el confinamiento al cien por cien».

Precisamente, la flexibilidad horaria de los pequeños, unida a la fase actual, que da mayor libertad de movimiento, ha hecho que Nuria perciba una pequeña caída incluso dentro de lo que ya se suponen pérdidas. Durante la estricta cuarentena, «muchos padres venían a comprar golosinas, cervezas o pan. Ahora no sé qué es lo que sucede, supongo que se van a la finca o al pueblo». Eso sí, tiene la esperanza de que «cuando los bares recuperen la normalidad por completo, vuelva todo a su cauce».

Ella, que ha visto la manera de afrontar el virus por parte de sus clientes, aseguró que «algunos llegaban sin protección y diciendo que seguro que no era nada». Otros, sin embargo, «dijeron que no les guarde las revistas, porque no van a salir hasta que pase»..




ES PARA VOSOTROS

EL COMERCIO homenajea a la sociedad asturiana que ha demostrado su capacidad de sacrificio para luchar contra la pandemia y superar un duro confinamiento