EL CAMPO ASTURIANO

Agricultores, ganaderos, cocineros y productores de queso, sidra, vino, miel y otros alimentos autóctonos mantienen llena la despensa de calidad de la región con una labor que resulta esencial




EL CAMPO EN CIFRAS

El sector agroalimentario asturiano, centrado en la ganadería extensiva debido al clima y las condiciones orográficas de la región, es a la vez muy heterogéneo y tiene un importante peso en la economía

PIB

14%

  • tiene un peso en el PIB regional del 14%, excluyendo el canal Horeca

Puestos de trabajo

21.491

  • supone, como mínimo, 21.491 empleos directos, pero implica muchos más

Hectáreas

450.276

  • hectáreas del terreno asturiano se destinan a las producciones agrícolas

Empresas

717

  • empresas de la región, desde productoras a transformadoras, se dedican a este sector




Un ganadero sube sus reses a la zona de los Lagos de Covadonga, en los Picos de Europa // Xuan Cueto

«Somos el sector más estratégico para cualquier territorio»

Un antes y un después para el mundo rural. En febrero se manifestaban para pedir respeto y ahora se lo están ganando a pulso. «La gente se da cuenta, saldremos reforzados de esta situación»

Eugenia García

Hace dos meses el medio rural llenaba las ciudades de tractores, rastrillos, azadas y pancartas para reinvidicar su papel. La crisis desencadenada por el coronavirus ha puesto aún más de relieve su importancia como garante de la soberanía alimentaria de la región. El campo no espera y quienes viven de él no paran. ¿El objetivo? Llenar la despensa de un millón de habitantes.

El campo asturiano, pese a su sangría poblacional o el envejecimiento de sus fuerzas vivas sigue ahí, afrontando una nueva dificultad. No hace nada que no lleve haciendo décadas, bailando únicamente al son de la naturaleza, pero ante la adversidad parece crecerse. Brillar más. Y, con las fronteras prácticamente cerradas y la incertidumbre en el horizonte, se comprende su valor estratégico para garantizar no solo nuestra cadena alimentaria, que por supuesto es fundamental, sino también su importancia económica y su potencial de desarrollo.

La despensa de Asturias, su sector agroalimentario, genera según la Consejería de Desarrollo Rural unas ventas anuales de 1.700 millones de euros, de los que 1.023 millones corresponden a la facturación de la industria láctea. El peso de esta actividad en la economía regional es del 14% del PIB.

Es un sector amplísimo, con más de 700 empresas y que genera, según datos de la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei), 21.491 empleos directos y de lo más variado, ya que abarca desde el agricultor que planta faba en Villaviciosa hasta el ganadero que tiene una explotación de leche en Tineo o el carnicero que despieza una vaca en Gijón. De nuevo según datos del Sadei, al menos 450.276 hectáreas del terreno de nuestra región se destinan a las producciones agrícolas, contando cultivos forrajeros, patatas, hortalizas o árboles frutales, entre otros. Y eso que, según explica el técnico José López, quedan fuera muchas hectáreas, ya que «gran parte de la producción hortofrutícola –manzanas para sidra casera, pequeños huertos– se dedica al autoconsumo o no pasan por los circuitos comerciales convencionales, lo que implica que la información sobre la superficie agrícola es escasa salvo para los alimentos certificados».

Sabemos, eso sí, que hay 542.167 cabezas de ganado bovino, ovino, caprino y equino, y 32.105 explotaciones ganaderas; que en la última campaña láctea se entregaron 558.349,3 toneladas de leche a un precio medio de 0,343 euros por litro.

También que la agricultura ecológica está creciendo a un ritmo significativo, al pasar de 68 productores y 1.920 hectáreas en 2002 a 425 productores y 13.264,5 hectáreas en 2018, último año del que se tienen datos. Y que las marcas de calidad, como la Indicación Geográfica Protegida 'Faba Asturiana', también demuestran año a año su buena salud con cifras: 189 hectáreas y 188 toneladas de producción certificada frente a las 94 hectáreas y 65 toneladas de 2001. En el caso de la IGP Ternera Asturiana hay 6.000 explotaciones, casi 2.000 más que en 2002. También la producción de chosco bajo la IGP Chosco de Tineo se ha multiplicado desde 2013, cuando se contabilizaban 1.993 kilos, hasta los 44.000 actuales. Las queserías asturianas elaboran anualmente 710 toneladas de queso de las DOP Cabrales, Gamonéu, Afuega’l Pitu y Casín y la IGP Los Beyos. La producción de sidra DOP ya ha superado los cinco millones de botellas anuales y la de vino DOP Cangas alcanzó 138.132 litros.

Dos productores de fabes en Argüelles, Siero // Pablo Nosti


Son datos que avalan lo que dicen los profesionales: «Ahora queda más claro que nunca que somos el sector más estratégico para cualquier territorio». La afirmación, de Mercedes Cruzado, de COAG, no parece exagerada cuando se tiene en cuenta que, y más en tiempos de cierre de fronteras, «la soberanía alimentaria del pueblo es fundamental». «Somos los que aguantamos en la Asturias vaciada, los que permanecemos vinculados al terreno, al pueblo. Y si bien el turismo parece la solución a nuestros problemas, hay que valorar el beneficio ambiental que aportamos y pensar que sin la actividad ganadera y agricultora falta algo en la postal».

El momento es complicado, imposible negarlo. «Se paró veinte días la entrega de crotales, se paralizó durante un tiempo la campaña de saneamiento y el consumo está cambiando por el cierre de la hostelería. Todo ello supondrá pérdidas importantes», reconoce José Ramón García, del sindicato UCA. Sin embargo, añade, «creo que la gente sí se está dando cuenta de que somos productores de alimentos de calidad, y que sin el campo para la pandemia no sería solo del coronavirus». «La sociedad tiene que entender que el que haya alimentos en los lineales es fundamental», coincide Ramón Artime, de Asaja, quien defiende que «el medio rural debe salir reforzado de esta situación». Para ello, «necesitamos que las administraciones se olviden de tanta burocracia, que se agilicen las cosas, porque el campo no espera a que se abran o cierren plazos». Pero el medio rural, que en estos días se está reiventando y apostando por formas de venta que en circunstancias normales habría tardado lustros en incorporar, como la ‘online’, también hace autocrítica. «Como productores, tenemos que ganar una batalla, la de la comunicación, y abrir nuestras explotaciones a la sociedad, para que sea consciente de que los agricultores y ganaderos ponemos alimentos sanos, de calidad y a un precio asequible en su mesa». Cuando la gente salió a aplaudir las protestas del campo, reconocen, sintieron que algo cambiaba. Ahora es momento de que el consumidor lo demuestre.

El consejero de Medio Rural, Alejandro Calvo, en su despacho de la consejería. // Pablo Lorenzana

«Hay que fomentar la soberanía alimentaria, el consumo local»

Alejandro Calvo Consejero de Medio Rural Afirma que Asturias «sigue siendo leche y carne», pero también que se ha de crecer en la agricultura de alto valor añadido y en la de productos diarios de la huerta

Octavio Villa

El abastecimiento de alimentos en los hogares es, en una situación como la actual, la base a garantizar. Y para ello, la producción agrícola de la región es la que debe llevarse la parte del león de esa responsabilidad. Consciente de todos los problemas que está generando esta crisis, el consejero de Medio Rural, Alejandro Calvo (Cangas del Narcea, 1975), quiere también que sirva para que se interiorice que «el concepto de seguridad alimentaria es básico y hay que fomentarlo, hemos de tenerla, produciendo en local para consumir en local. Es una cuestión de sentido común, solo alterada por unas condiciones de mercado que hacen que los productos extranjeros lleguen con precios que no son reales, porque las condiciones salariales y los fitosanitarios que se usan en los países de origen son distintos, algunos no permitidos aquí. Hemos de ser consumidores más informados».

-Asturias tiene una gran calidad agroalimentaria, pero el momento parece crítico.
-Este es un momento para agradecer a nuestros productores por mantener la cadena alimentaria en marcha. Su crecimiento vendrá por la pura fortaleza del modelo de explotación familiar y porque al encogerse otros sectores, el papel del agroalimentario, que ya es el 20% del PIB va crecer sí o sí. Tiene que ser uno de los ejes de la reconstrucción.

-Hay mucha gente ahogada.
-Asturias sigue siendo leche y carne, con números muy buenos. El consumo en el hogar no solo ha absorbido el del canal Horeca, sino que estamos un 10% o un 12% por encima. Creo que el campo está en un momento en el que puede ser un emprendimiento refugio. Me preocupa que esta situación no nos desvíe de cambios que ya antes entendíamos que hay que hacer.

-¿Para agilizar la burocracia?
-Sí, hay que eliminar burocracia, facilitar el apoyo directo a los ganaderos. Estamos en un periodo extraordinario de modificación del Plan de Desarrollo Rural para poder reprogramar ayudas.

-Cuénteme las líneas maestras.
-Las líneas de apoyo tienen que reforzar la actividad y la rentabilidad de las explotaciones, huyendo del excesivo paternalismo. Hay que aumentar la indemnización compensatoria en montaña o la de Red Natural, o al modelo de explotación láctea de la cornisa Cantábrica. Favoreceremos los pagos directos al modelo de explotación familiar y sostenible, que sean el núcleo central de las ayudas que podemos desarrollar, porque además son las que se relacionan con el modelo de sostenibilidad y de PAC verde futuro.

-Los ganaderos se quejan de que los precios de la leche y la carne siguen siendo los de 1990. Y dicen que no quieren subvenciones, sino precios justos.
-Hay que entender para qué hay una PAC, que paga para que siga habiendo una producción que es estratégica, y ahora se ve más que nunca. A nuestros agricultores y ganaderos les ponemos unas exigencias duras de calidad y seguridad alimentaria, y tenemos que compensarles para que tengan una ayuda estructural sobre su renta. Sí que tenemos un problema de rentabilidad, pero el análisis ha de ser global: la PAC está pensada para entrar en la cuenta de resultados de las explotaciones, y sí es verdad que hay una excesiva dependencia de estas ayudas, pero no tiene que ser algo negativo. Reconozco que nos hemos ganado que se identifique ‘ayudas’ con ‘burocracia y trabas’ y que se genere esa sensación de ‘oye, a mí déjame trabajar’.

-Está pendiente mucha concentración parcelaria y hay mucha finca en ‘manos muertas’.
-Sí tenemos un déficit estructural de uso de suelo agrícola y forestal. Mucho terreno está improductivo y tiene que general valores, productivos o medioambientales y paisajísticos. Tenemos el gran reto de que nuestra superficie forestal genere más riqueza y haya una base territorial de pastos mucho mayor para fortalecer nuestro modelo de producción en extensivo.

-Asturias está a la cola de España en terreno agrícola activo.
-Tenemos una revolución pendiente en eso. Nuestra agricultura ha sido tradicionalmente de autoconsumo y en lo único que en estas últimas décadas hemos avanzado es en el desarrollo de una marca de calidad para la faba y en algunas actividades de fruticultura, como la manzana de sidra y el kiwi. Las producciones ecológicas han sido alternativas, pero tienen que ser centrales, por su gran potencial, como el arándano y los pequeños frutos, pero también tenemos que ir a las producciones de gran consumo de huerta. Y por supuesto hay que seguir en el trabajo en el que estamos de protección de nuestros suelos agrícolas y de desarrollo de nuestras vegas, que deben ser objeto de concentración parcelaria y sobre todo de concertación para la gestión de una forma productiva. Hay suelos muy fértiles, agua y unas condiciones que hay que aprovechar para impulsar de una vez por todas el sector agrícola.

-¿Cómo se va a hacer? Puede haber mucha gente que quiera iniciar una actividad, pero necesitan acompañamiento, porque la inversión en el campo no tiene un retorno inmediato.
-Tenemos que apostar cada vez más no por monocultivos, sino, dentro de explotaciones familiares agrícolas, marcar un calendario de trabajo que nos permita tener una renta mixta. Tenemos buenos ejemplos de integración cooperativa posterior, por ejemplo en la faba o la manzana de sidra que permiten que pequeñas producciones se conviertan en una realidad de mercado que funcione. Y también trabajamos en los mercados locales y la venta directa, que debe ser una de las grandes líneas. El apoyo al pequeño comercio es una de las líneas estratégicas, reforzada por este momento. Las líneas de ayuda han de ir acompañadas de una labor de extensión agraria, para que el emprendedor agrario tenga formación.

-¿Falta una labor pedagógica para reforzar el consumo de proximidad?
-Claro. Es clave. El trabajo que hay que hacer es el de dar valor a nuestras producciones. Las certificaciones de calidad y origen nos permiten no competir solo en precio, sino con otros valores. En un mercado global parece que el precio es el único valor, pero ahora vemos claro que hay otros valores, y también costes que antes se miraban menos, como los medioambientales. Hay que fortalecer la producción y la educación en el consumo de nuestros productos. En cuanto esta situación cambie vamos a hacer un cambio importante de fomentar el consumo de nuestros productos, de vincularlos de manera clara al pequeño comercio, a los mercados locales, a un desarrollo de consumo de proximidad que es la base del futuro.

-Hay proyectos como la recuperación de la Rosa Narcea. Asturias no debe ser solo carne y leche...
-Es una línea de trabajo en la que tenemos que insistir, con nuestro servicio de investigación en colaboración con el CSIC. La recuperación de variedades de uva en Cangas del Narcea, siendo pequeño el sector, es muy representantiva de lo que se puede hacer. Son actividades de gran valor añadido, compatibles con trabajar con producciones muy comerciales.

-El modelo de turismo de Asturias debe integrar lo cultural, lo gastronómico y lo etnográfico.
-Ese trabajo que se hizo alrededor de la marca Asturias Paraíso Natural es el cimiento de lo que podemos desarrollar. Se trata de venir a un destino que resulta atractivo por todos sus valores, con una gastronomía de productos locales que casi te permiten comerte el paisaje, que es un valor seguro. Más que exportar producto, hay que importar turistas consumidores. De gastronomía, de cultura y de paisaje.

-Decía que el campo puede ser un ‘emprendimiento refugio’...
-Un modelo de producción agrícola y ganadera que se integra en un paisaje que permite la biodiversidad que hay en Asturias debe tener una ventaja de partida. Una de las líneas en las que estamos trabajando es el apoyo directo a las explotaciones que están dentro de Red Natura. Asturias tiene un porcentaje altísimo del territorio bajo alguna figura de protección ambiental, y hasta ahora eso solo se ha visto como un problema. Es el momento de convertirlo en una ventaja competitiva para la gente que vive allí.

EL SECTOR LÁCTEO EN CIFRAS

El potencial lechero de Asturias, con cada vez menos ganaderías, se mide por la profesionalización de un sector que mantiene a la región entre los principales productores nacionales

Cabaña ganadera

110.462

  • vacas producen leche en la región, junto a 4.630 cabras y un millar de ovejas

Ganaderías

1.609

  • ganaderos de leche de vaca entregaron el febrero su producción a a la industria láctea

Volumen

537.439

  • toneladas de leche entregó Asturias en 2019, casi 22.500 más que hace una década

Producción nacional

7,6%

  • de las entregas nacionales de leche de febrero se realizaron en Asturias




La ganadería Porcilo, en Anzas, Tineo, con más de cien reses, sigue mejorando la explotación // B. G. H.

«Los ganaderos producen leche como siempre»

El consumo aumentó en marzo un 25%. La industria no teme problemas de abastecimiento en los lineales y los productores confían en que la crisis no baje el precio en origen, pese a los excedentes extranjeros

Belén G. Hidalgo

El consumo de leche se ha disparado con la llegada del coronavirus. En España aumentó un 25% el pasado mes de marzo. «De ese aumento, en Central Lechera Asturiana, CLAS, nos aprovechamos de casi un 50%. Crecimos de forma extraordinaria y se sigue manteniendo ese consumo», apuntó su presidente, Bertino Velasco. Un consumo que se registra, sobre todo, en los hogares debido al confinamiento. «CLAS vendía cerca de un 30% en el canal Horeca. Esa venta se trasladó al hogar», continuó Velasco. «La producción va encaminada al supermercado, a la venta directa al consumidor», confirmó la secretaria general del sindicato agrario COAG, Mercedes Cruzado, que señaló la merma en la producción de quesos y otros productos cuyo principal mercado, la hostelería, está parada por la crisis.

El estado de alarma llegó, además, en la época en la que ganaderos e industrias renuevan contratos. A nivel nacional, según COAG, la industria está realizando una revisión a la baja de los precios en origen que, por el momento, no se han trasladado a la región. «No hay motivo para ello, pero estamos a la expectativa», advierte la secretaria de COAG.

El precio que se abona al ganadero es uno de los principales caballos de batalla del sector. Una variable que en Asturias trata mejor al ganadero que en el resto de España, donde el litro se paga a 0,33 euros de media. En febrero, según el Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA), en Asturias se pagó el litro de leche en origen a 0,35 euros. «Salvo que haya un desbarajuste muy grande, vamos a mantener los precios, los mejores de España, incluso de Europa», dijo el presidente de CLAS, que según el sindicato agrario, recoge la leche a un 60% de los productores asturianos.

Velasco señaló que el mercado de la leche en España poco tiene que ver con el de Francia o Alemania, que exportan a China y otros países y están sufriendo las consecuencias del cierre de fronteras, con precios inferiores a 0,20 euros. Un precio que puso en alerta a los productores españoles, preocupados porque el producto traspasase fronteras y llegase a España, un país deficitario que recurre a la importación, pues solo produce siete de los cerca de nueve millones de toneladas anuales que consume.

«El sector está funcionando como siempre. Tenemos la gran fortuna que los ganaderos siguen atendiendo al ganado. «Se sigue produciendo y recogiendo leche. Estamos vendiendo toda la producción. Creo que lo peor de la crisis ya pasó. No veo ningún riesgo en el abastecimiento de los lineales», tranquilizó Velasco. En Asturias, según los últimos datos del FEGA, existen 1.609 ganaderos que realizan entregas. Supone el 7,6% de la producción láctea nacional.

Más productivos

La pérdida de explotaciones tiende a prolongarse en la región. En apenas cinco años, más de 500 ganaderías se han quedado por el camino. Sin embargo, las industrias lácteas recogen cada vez más producto. En el último año la cifra ascendió a 537.400 toneladas de leche, casi 22.500 más que hace una década. La clave se encuentra en la profesionalización de las ganaderías, que va desde la alimentación de los animales a los sistemas de ordeño, pasando por la mejora genética de las reses.

«El sector lácteo hizo muy bien los deberes. Se encuentra en una huida hacia delante, sobre todo, desde la finalización de las cuotas lácteas», subrayó Cruzado. Una apreciación con la que coincidió el presidente de CLAS, que señaló que hace veinte años, cada vaca producía en un año entre 5.000 y 6.000 litros de leche. «Hoy producen entre 10.000 y 12.000 litros. La producción diaria por vaca al día está entre 35 y 40 litros. Aunque se cierren ganaderías, muchas están creciendo y doblando la producción, incluso con la misma cantidad de animales».

Bertino Velasco, en la sede central de CLAS // Daniel Mora


O incluso menos, pues las cifras relativas a la cabaña ganadera tampoco son halagüeñas en Asturias, donde los rebaños cada vez son menos numerosos. El ganado bovino sigue siendo el protagonista. En el último año 110.462 vacas –de raza frisona y parda y parda de montaña– son las responsables de la producción láctea asturiana. En 2009 ascendían a 124.709 reses.

A la leche de vaca habría que sumar la producción láctea de ovejas y cabras. Ambas suman menos de una veintena de ganaderías, la mayoría de ellas ubicadas en el Oriente de la región. Las cabras ordeñadas han recuperado presencia y vuelven a valores de 2016, con 4.630 cabezas de caprino, mientras las ovejas en ordeño apenas superan el millar. El ganado caprino aporta al ‘mix’ lácteo asturiano 1.700.338 litros y el ovino, 15.432 litros, según los datos de la consejería de Desarrollo Rural.

En 2018, Asturias acogía el 6% de las industrias lácteas del país. Sin embargo, solo existen dos grandes empresas que movilizan más de 200 empleos: Industrias Lácteas Asturias (ILAS) y CLAS. El grueso del tejido empresarial lo integran micropymes y autónomos. Así el 56,5% del empleo lo generan empresas con menos de una decena de empleados, seguidas de los autónomos, que suman cerca del 35% del total.

La magnitud de la industria láctea en el sector agroalimentario de la región resulta incontestable. Si en su conjunto esta industria supone el 14% del Producto Interior Bruto (PIB) asturiano, es decir, unos 1.700 millones de euros anuales, la industria láctea aporta 1.023 millones de euros. Dicho de otro modo, el 60% del PIB agroalimentario procede de la leche.

Según el presidente de CLAS, el futuro de la industria láctea asturiana pasa por «facilitar al consumidor productos de máxima calidad, vinculando la empresa a la salud de la gente». Todo ello sin olvidarse de garantizar el futuro del ganadero, «que es realmente el dueño de la empresa».

EL SECTOR CÁRNICO EN CIFRAS

En una tierra ganadera por excelencia, el vacuno de carne es el protagonista, con más de 12.300 explotaciones según los últimos datos oficiales. Le siguen las ganaderías de ovino y caprino

Vacuno

12.366

  • las explotaciones de vacuno de carne. Dentro de la IGP Ternera de Asturias hay 6.000

Ovino

5.029

  • las explotaciones de ovino, de las que cerca de 140 son de oveya xalda

Caprino

1.694

  • las ganaderías de caprino, que repuntaron en los últimos años en la región

Porcino

7.497

  • cabezas de ganado porcino registradas en Asturias, la mayoría de consumo familiar




Valentín Borbolla, cría Asturiana de Valles dentor de la IGP Ternera Asturiana en Pielasierra (Llanes) // Nel Acebal

«Tenemos que reinventar las ventas»

La ganadería de carne, la más abundante en la región, se enfrenta a un futuro incierto debido a una caída «en picado» de la demanda de la que solamente se salva la IGP Ternera Asturiana

Lucía Ramos

El nuevo coronavirus irrumpió en el sector cárnico, como en tantos otros, como un elefante en una cacharrería. Cierto es que los ganaderos asturianos no atravesaban su mejor racha, con quejas constantes por los precios, los daños de la fauna salvaje y la pérdida de pastos; pero es que esta crisis sanitaria ha puesto patas arriba las previsiones y los proyectos de una de las profesiones más emblemáticas de la región. Con una caída «en picado» de la demanda, ganaderos y pastores trabajan para poder mantener a unos animales que deberían haber vendido hace semanas y asociaciones como la de criadores de oveya xalda tratan de reinventarse.

Si hay una reina indiscutible en el sector cárnico de la región esa es la vaca. De las 15.142 explotaciones de vacuno que había registradas en 2018, último año con datos oficiales, 12.366 estaban orientadas a la carne y otras 615 combinaban ésta con la leche. Según el último censo de la Sección de Prospectiva y Estadística de la Consejería de Desarrollo Rural, Agroganadería y Pesca, la región cuenta con un total de 234.389 ejemplares de aptitud cárnica y otros 67.286 mixtos, frente a los 110.462 de leche. No en vano, Asturias aporta el 15% de las explotaciones de ganado vacuno de carne del país, situándose en el tercer puesto, solo por detrás de Galicia y Extremadura.

El decreto del estado de alarma y el consiguiente cierre de negocios hosteleros, está suponiendo un duro golpe para todo el sector cárnico asturiano y el vacuno no iba a ser menos. Así, según señalan desde los principales sindicatos agrarios, la venta de grandes vacunos se está resintiendo notablemente. «Se destinan principalmente a piezas como chuleteros, que se suelen consumir en restaurantes, y también a comida rápida», apuntan. E indican que lo mismo sucede con los animales para vida, entre los que apenas hay movimiento debido al cierre de los mercados y ferias de ganado.

En el caso de aquellas ganaderías dedicadas principalmente a la leche, la situación actual también está haciendo estragos, explica Fernando Marrón, de Usaga. «Los terneros de frisón y azul belga suele irse a cebaderos fuera de Asturias, pero estos ya no los cogen, pues ni siquiera logran dar salida a los que tienen ya grandes, con lo que la gente no sabe qué hacer con los animales», indica. Y lo mismo sucede, agrega, con las propias vacas de leche ya no productivas. «Algunas las engordan y se venden para carne por más de mil euros, pero ahora o te pagan la mitad o ni las compran», asevera, e igual aquellas de menor calidad que se destinaban a picado de carne.

Sin embargo, en medio de la crisis existe un oasis, un segmento que no solo se libra, sino que está experimentando un notable crecimiento: la ternera asturiana certificada. «En las dos primeras semanas fue una locura, prácticamente se duplicaron las certificaciones», explica la gerente de la IGP Ternera Asturiana, Elena Cebada. Y su presidente, Rubén Fernández, apunta que ahora, con la situación más normalizada, la producción sigue siendo «sobre un 20% más alta que el pasado año».

Asimismo, en el consejo han constatado un aumento en «las solicitudes de ganaderos, carnicerías y salas de despiece» para unirse a la marca, así como de ganaderos que se inscriben como mayoristas para poder realizar venta directa. «Los mayoristas con venta online nos están diciendo que esta creció bastante, con envíos a domicilio a grandes ciudades como Madrid o Valencia», asevera Cebada. Y augura que «son dinámicas que están cambiando pero posiblemente vengan para quedarse».

Nacho Ramos, con sus oveyas xaldas en El Re, en Parres. // Xuan Cueto


También dentro de la IGP el vacuno mayor se está resintiendo, aunque no al mismo nivel que fuera de la marca, pues «en torno al 80% sigue saliendo para consumo en el hogar», según Cebada. No obstante, reconoce, la actual crisis sí que supondrá un parón en la estrategia de posicionamiento de la marca de vacuno mayor, que «apenas tiene dos años de andadura y cuya promoción estábamos dirigiendo hacia la hostelería con presentaciones profesionales y la participación en ferias de productos premium». Ahora, apunta la gerente de la IGP, «habrá que replantearse la estrategia, aunque con la incertidumbre que hay todavía no sabes bien cómo o hacia dónde».

Muy afectadas están resultando también otras especies destinadas al mercado cárnico, como la oveja, la cabra y el gocho. En el caso de la reciella, apunta Mercedes Cruzado, de COAG, «la mayor parte de las explotaciones se destinan a leche para queso y otros productos». Y lo poco de carne, agrega, está «muy tocado», pues se suele ir a hostelería.

Un buen ejemplo es lo que está sucediendo con la oveya xalda. «El año pasado iniciamos unnuevo canal de distribución con Casa Milia, de Felechosa, y logramos sacar unos 1.500 de cordero, con lo que para este teníamos unas previsiones muy buenas, de 2.000 kilos por lo menos», explica el vicepresidente de los criadores, Nacho Ramos.

Ante semejante escenario y con cientos de corderos listos para unas ventas que no se están dando, los 140 ganaderos que crían oveya xalda han decidido reinventarse. «Desde Casa Milia nos animaron a seguir adelante pese a las dificultades y vamos a intentar, entre todos, redirigir las ventas hacia las carnicerías para su consumo en el hogar», señala Ramos. Reconoce que se trata de una empresa difícil, pero asevera que «quien prueba el cordero xaldo ya no quiere otro, es una carne de mucha calidad, autóctona y que además tiene un precio competitivo».

En cuanto al porcino, que desde los sindicatos aseveran que en Asturias escasea y se da sobre todo para consumo familiar, hay también otro gran afectado: el gochu asturcelta. «Llevábamos una marcha de dos o tres canales por semana y venía un buen momento para el cochinillo, pero quedó todo parado», lamenta el veterinario de la asociación, Juan Menéndez. Tras varios años de trabajo, apunta, la marca comenzaba a despegar y las previsiones para el presente año eran muy buenas y ahora los ganaderos tratan de minimizar daños y piensan cómo adaptarse cuando todo pase.

LOS QUESOS ARTESANALES EN CIFRAS

El precio de la alta calidad y la exclusividad del queso asturiano ha sido su talón de Aquiles en este periodo. Los queseros, aprendiendo de la experiencia, estudian nuevos productos y presentaciones.

DO e IGP

710 Tn

  • es la producción anual media. La mitad de las 28 queserías de la DO han parado

Faba asturiana IGP

188 Tn.

  • producen en conjunto al año Cabrales, Casín, Gamonéu, Afuega’l Pitu y Los Beyos

Cantidad

300 ME

  • es el valor de la producción anual de IGP y DOs en España. En Asturias, 8 millones




Alberto Valiente, con varios de los quesos que elabora en su quesería de Piloña // Damián Arienza

Los queseros, «más que dispuestos a aprender de la crisis»

El queso. Crisis o oportunidad. El sector quesero trata de adaptarse a una situación que le exigirá repensarse productos y formatos, sin perder sus señas de identidad

Octavio Villa

Tienen las queserías asturianas un dilema, en particular aquellas más artesanas y con quesos con más personalidad y raigambre cultural en la tierra. Son los nuestros quesos muy identitarios, que beben de las particularidades de la flora y el microclima de cada valle, incluso de las distintas cualidades de cada raza lechera.

Pero eso hace de los nuestros unos quesos especiales, de limitado consumo casero y más dedicados a la venta en hostelería y en las tiendas especializadas. Esa, que es habitualmente una fortaleza, en una situación como la actual es una relativa debilidad. Muchos son los queseros que han tenido que detener la producción para no acumular un excedente difícil de vender.

Reciben, con todo, un interesante apoyo por parte de la Consejería de Desarrollo Rural, que está intermediando con las tiendas de proximidad y las medianas y grandes superficies para que sean conocedores de los productores disponibles, para que se pongan en contacto y esto impulse la comercialización de producto asturiano. El quesero da actividad económica a la zona en la que se asienta, da a los ganaderos una salida más rentable que la venta de leche para consumo directo y supone un atractivo adicional para los turistas.

Otros productores, fuera de IGP y DO, tienen situaciones muy diversas, pero no son pocos los que están capeando el temporal gracias a una versatilidad de producciones, reorientándolas bien en variedades, bien en formatos.

Enrique López, consejero delegado de Lácteos Monteverde, explica que la forma de comprar de los hogares también ha cambiado: «Mucha gente no está dispuesta a esperar en charcutería junto a otros clientes, prefieren coger quesos pequeños, o grandes, pero troceados y envasados, o queso de barra preloncheado, en el lineal de autoservicio refrigerado». Esto implica un aumento de los costes para el productor, ya que no es lo mismo vender un queso de tres kilos a la tienda que entregárselo ya loncheado o en porciones al vacío.

Así pues, se impone repensar el negocio. En la DO Casín, Fran Cueria estudia la elaboración con leche pasterizada en lugar de cruda y vender el gorollo de la primera rabilada del casín, un queso especialmente sabroso, pero exigente al paladar. «Estamos más que dispuestos a aprender de esta crisis», dice Fran. Socio de la misma DO, Alberto Valiente, en Ca Llechi, profundiza en este tiempo en su exhaustiva investigación de nuevos modos de elaborar.

En Illas, La Peral ha pasado de elaborar cinco días a la semana «a dos en todo abril», explica Esther Álvarez, la gerente de una quesería que vende la mayor parte de su producción a la hostelería y fuera de Asturias. Pese a ello, no pierde la positividad: «Creo que la normalidad va a volver, pero tenemos que saber impulsar el mercado regional y el nacional, que la gente entienda lo importante que es consumir lo nuestro». Y mira al futuro con prevención: «Si en dos años la cosa sigue así, habrá que buscar nuevas formas» para seguir vendiendo queso.

La quesería Abredo, de Coaña, y Los Caserinos, de Grases (Villaviciosa), han tenido que virar al mercado ‘retail’ sus grandes producciones de arroz con leche y requesón (la primera) o yogurt (la segunda) que iban el mercado hostelero, para el que venden a granel, en cubos de cuatro (Abredo) y tres kilos (Los Caserinos). El coañés Alfonso Rodríguez indica que con todo se ha bajado la producción «un 60% o un 70%» por el impacto del cierre hostelero, mientras que Alberto Amandi, desde Grases, hace ver que «mucha de nuestra producción sale a través de la disbribución a la hostelería madrileña y al catering de colegios en Madrid». Eso, hoy, está parado. Pero volverá. También están paradas las visitas de estudiantes y turistas a la quesería, una buena forma de engrosar la cuenta de resultados que, cuando vuelva la normalidad, otros productores están dispuestos a emular.

PRODUCTOS AGRÍCOLAS

En un contexto de crisis como el actual, el papel que desempeña el sector primario se revela aún más fundamental. Fuente de riqueza y garantía de abastecimiento, el campo reclama su sitio

Faba asturiana IGP

188 Tn.

  • cosechadas, en un totalde 189 hectáreas

kiwi

4.900 Tn.

  • recolectadas en una superficie de 197 hectáreas




Luis Alonso en la explotación de faba // X. Cueto y P. Nosti

«Siempre pensé que el campo era el futuro»

Cultivos tradicionales y otros más recientes componen el paisaje agrícola asturiano. Los productores se esfuerzan en sacar adelante un sector esencial que tiene muchas opciones para crecer

Pilar Alonso

Buena parte de la riqueza de Asturias reside en su tierra. En sus huertas, en sus fincas, en sus vegas, donde conviven cultivos tradicionales con otros más recientes que ya son parte del paisaje agrícola de la región. Y en las manos de quienes las trabajan, que se esfuerzan en sacar adelante un sector esencial que, a pesar de la incertidumbre, espera salir reforzado de esta crisis.

«Siempre pensé que el campo era el futuro, pero hoy en día más que nunca», defiende Luis Alonso, productor de faba IGP en Piloña y quien trata de hacer del campo un medio de vida sostenible. Hace ya unos años que este piloñés decidió dedicarse «en serio» a lo que al principio surgió como un entretenimiento con amigos. Y le fue bastante bien. En 2019, él y su por entonces socio obtenían el premio a la Mejor Faba IGP en el certamen de Villaviciosa. Aunque la cosecha de este año se ha malogrado, Luis Alonso sigue adelante. En mayo, tiene previsto sembrar 1,7 hectáreas, que el próximo año ampliará a 3,7. Mientras, no ha parado. «Sembré cebolla, ajo, arbejos, patata» enumera este emprendedor que espera poder comercializar la producción en Piloña.

Esa es también la ilusión de Inmaculada Pérez, «vender aquí, en canales cortos de comercialización» los casi 20.000 kilos de kiwi que produce en la finca Les Campes, en la localidad piloñesa de Antrialgo. Partidaria del consumo de cercanía, trata de que «en Piloña se genere una economía de tipo circular, que además de fomentar la producción primaria generaría empleo», señala la responsable de Eco Kiwi de Asturias, un proyecto familiar que arrancó en 2004 a partir de semillas y que sigue funcionando. La clave está en que «no lo entendemos como un negocio, sino como una forma de vida».

Enrique Malo // X. Cueto y P. Nosti
Inmaculada Pérez // X. Cueto y P. Nosti
Rodrigo Llera // X. Cueto y P. Nosti


Con la cosecha ya vendida desde marzo, la pandemia no ha alterado el día a día en Les Campes. La tierra y las plantas hay que atenderlas. Lo que sí ha hecho la crisis del COVID-19 es «poner de manifiesto que un sector primario desarrollado y bien vertebrado es fundamental para la economía local y para la sociedad».

«A ver si cuando esto pase se valora y se dan pasos para ayudar al sector primario», añade Rodrigo Llera, propietario de La Fabariega, una explotación de dos hectáreas dedicada al cultivo de arándanos en Viobes, (Nava) en la que estos días la actividad consiste en labores de mantenimiento. «En primavera crece todo muy rápido y hay que estar aquí», comenta Llera, pendiente ya de la próxima campaña que comenzará a mediados de junio y en la que prevé recoger unas ocho toneladas de fruto. «Hay incertidumbre, no sabemos si continuarán las restricciones, cómo evolucionará el consumo, los precios, ni si podremos exportar», admite.

Enrique Malo también aguarda la recogida de su próxima cosecha, en agosto. Pero al contrario que otros, su cultivo no requiere apenas actividad entre la siembra y la recolección, con lo que la labor de este productor de escanda se centra estos meses en el molino y en el obrador, ambos en Piñera (Bimenes). «Tuvimos claro que sin cerrar el ciclo agroalimentario no iba a salir adelante», explica. Fue así como nació, en 2002 y coincidiendo con su primera cosecha, Pandescanda. «Todo lo que cultivamos, unos 1.200 kilos el año pasado en una hectárea de terreno en Paladín (Las Regueras), va para nuestro obrador», explica el productor.

El veterinario David Iglesias sujeta un ternero // Xuan Cueto

«Trabajar para el sector primario es una satisfacción»

Los veterinarios rurales trabajan sin horarios para garantizar la salud y la calidad del ganado, ayudando a mantener la actividad en el campo asturiano

Pilar Alonso

Los agricultores y ganaderos de la región están poniendo todo de su parte para que no falte de nada en las despensas de los asturianos. Junto a ellos hay también profesionales que han echado el resto, ayudando a mantener la actividad en el campo y garantizando la continuidad de la cadena alimentaria.

David Iglesias es uno de esos profesionales que en estas últimas semanas no ha parado ni un solo día. «Estamos en plena primavera y es en esta época, de febrero a junio en Asturias, cuando más trabajo dan las vacas», explica este veterinario riosellano que atiende sobre todo a ganado vacuno de carne y leche, en un 95%, mientras que el otro 5% restante lo compone algún equino, ovejas y cabras. Animales del medio rural a los que David Iglesias asiste a lo largo y ancho de más de media docena de concejos de la comarca del Oriente de Asturias, desde Colunga hasta Cabrales, pasando por Onís, Parres o Llanes, para que estén lo más sanos posible y se conviertan en alimento de calidad. Junto a David Iglesias trabajan, en el Hospital veterinario IVET, del que es propietario en Ribadesella, otros ocho albéitares, que también están especializados en grandes animales, y a los que se suma otro equipo de profesionales que trabaja con pequeños animales y mascotas. La actividad de estos últimos en cambio ha disminuido tras decretarse el estado de alarma, lo que les ha obligado a aplicar un ERTE de reducción de jornada.

«Trabajar con grandes animales es lo que me gusta», admite David Iglesias, pero «hay que tener mucha vocación para dedicarte a esto» advierte. No obstante, la recompensa merece la pena. «Es una satisfacción trabajar para el sector primario, asesorando a los ganaderos para que obtengan el mejor producto y que sea un alimento de máxima calidad», comenta Iglesias, que también subraya «lo bien que te trata el ganadero y la fe que tiene en tí».

Y mientras hay profesionales cuya labor se vincula a la producción, otros aportan su grano de arena para que esos productos lleguen a la mesa. Desde el transportista que lo distribuye hasta el tendero que apuesta por la producción local.

Es el caso de los voluntarios que trabajan tras el mostrador de L’arcu La Vieya, un establecimiento ovetense en el que se pueden adquirir verduras de cultivo ecológico de «diferentes productores locales y pequeñas cooperativas», explica Evelin Villegas.

Reciben la mercancía los martes y casi siempre de los mismos agricultores, –de localidades como Campomanes o Villaviciosa y otras más próximas a Oviedo–, a los que ahora se han sumado algunos productores más debido al cierre de los mercados semanales donde habitualmente solían vender. Esa fue la razón por la que hace ya un mes y medio, cuando se decretó el estado de alarma, esta tienda y local social decidió permanecer abierta, para que al menos tuviesen un canal de venta, una salida, comentan.

«Sabemos que es poco lo que podemos ayudar porque somos un local bastante pequeño», apunta Villegas, pero ahora que no hay mercados al aire libre es una opción. Aunque las ventas han bajado, ya que muchos clientes no residen en el casco urbano de la capital y con las restricciones no se atreven a desplazarse, explican, las puertas de L’arcu La Vieya permanecen abiertas con un horario reducido y de lunes a viernes para que los productos de la huerta ecológica local puedan seguir llegando a las casas de los asturianos.

LA SIDRA EN CIFRAS

El sector de la sidra es una cadena de principio a fin. Todos los eslabones se ven afectados por la crisis sanitaria, que obligará a los llagareros a ayudar a su mercado a reinventarse con alternativas

Lagareros D. O. P.

33

  • en Asturias hay un total de 33 lagareros dentro de la Denominación de Origen Protegida

Mercado hostelería

90%

  • los lagares tienen en la hostelería su principal cliente, que consume el 90% del producto

Venta online

500%

  • algunos lagares aumentaron su venta ‘online’ un 500%, con grandes opciones de crecer

Cosecha 2020

50%

  • se calcula que la mitad de la cosecha de manzana de este año no irá a los lagares




Tino Cortina, presidente del Consejo Regulador de la DOP, en su lagar en Villaviciosa // Damián Arienza

«Los asturianos nos habituaremos a otra forma de disfrutar»

El mundo de la sidra indaga en nuevos modos de llegar a sus muchos fieles para compensar el cierre de la hostelería y la suspensión de fiestas y romerías

Lucía Ramos

La sidra asturiana no es solo un producto. Es identidad de nuestra tierra, es una forma de entender la relación con la familia y los amigos. Y como esa relación, la sidra también está sufriendo cambios durante la crisis sanitaria. El principal problema con el que se encuentran los llagares es con el cierre temporal de la hostelería. Tino Cortina, presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida Sidra de Asturias, calcula que el 90% de la sidra natural se vende a la hostelería. «Ahora las ventas cayeron en picado», reconoce. Las sidrerías volverán a abrir, pero al menos inicialmente con medidas de seguridad que mediatizarán la forma habitual de disfrutar de la sidra. Cortina indica que es probable que se reduzca el aforo de los comensales en las sidrerías, y con ello la facturación diaria. Pero los gastos seguirán siendo los mismos, «y esto lo sufrirán los proveedores también».

No todo es negro. Los llagareros estudian no solo modos de comercialización, sino también alternativas de consumo, y están encontrando algunos indicios de por dónde pueden ir las ventas en la ‘nueva normalidad’. Más consumo hogareño, o también celebraciones más abiertas, sin aglomeraciones. Pero con sidra.

El presidente de la Asociación en Defensa de los Cosecheros de Asturias (ADCA), Juan Luis Poladura indica que el sector de la sidra «es una cadena que rompió». Los cosecheros este año se enfrentan «porque toca» a una cosecha con menos manzana que el año pasado. «Porque el año pasado hubo muchísima manzana», recuerda.

«En Asturias hay gente que vive solamente de la manzana, pero somos un sector que está muy olvidado», indicó. Por ello, insta a que el Principado se reúna con el sector «porque si los lagares no venden sidra, los cosecheros no venden manzana».

Poladura indica que la perspectiva de futuro «es catastrófica». «La sidra es una cosa de los asturianos, es una tradición pero los llagares sin sidrerías y sin fiestas de prado...», lamenta.

Es un producto que «es muy estacional» y cuando más se bebe es en la época que se avecina, el verano, tanto en sidrerías como en romerías y fiestas de prau. Y este año parece que de estas últimas habrá pocas, si las hay.

Fran Ordóñez, entre toneles de sidra en su lagar, Viuda de Angelón // Imanol Rimada


El lagarero Fran Ordóñez, de Viuda de Angelón, reconoce que ahora las ventas de sidra se han reducido a dos mercados muy concretos: las tiendas de alimentación y los particulares. «Será un 2% de lo que vendemos habitualmente», apunta.

Ordóñez coincide con los cosecheros. Según explica, los lagares tienen los toneles llenos de sidra producto de la cosecha de 2019. «Si esa sidra no la vendemos, no necesitaremos comprar más manzana, porque no hay espacio donde meterla», apunta. Así, el problema es tanto para los lagareros como para los agricultores «a los que no vamos a tener que comprar». Asimismo recuerda que la sidra es un bien perecedero. «Viendo las perspectivas de la cosecha de octubre sobrará más de la mitad», indica.

Parece que el COVID-19 traerá una nueva forma de beber sidra. Muchos dicen que a partir de ahora no se podrá compartir vaso ante la posibilidad de contagio. Tino Cortina explica que cambiará alguna tradición y que «los asturianos se habituarán a otra forma de disfrutar». Como ejemplo señala que quizás haya que cambiar las grandes romerías de verano por «nuestra propia romería» con grupos de amigos más pequeños.

Sin embargo, pese al confinamiento, muchos asturianos siguen manteniendo la cultura sidrera que siempre ha caracterizado a esta región. Por ello, los lagares comienzan a encontrar en la venta online un buen nicho de mercado. Según explica Tino Cortina, varios lagares tenían ya desarrollada la tienda online «y es una buena alternativa», pese a que las botellas de sidra son frágiles y pesan mucho «por lo que el transporte cuesta». Todavía no se trata de una línea de negocio que represente grandes volúmenes, pero podría llegar a serlo. Como ejemplo, él dice que en Cortina aumentaron un 500% la venta online, pero se trata de datos muy bajos «si antes vendías una caja al día, ahora vendes cinco».

«Hay que repensarlo todo, y más con la incertidumbre que tenemos», apunta Tino Cortina. Por ello, durante este parón los llagareros se dedican a acometer las reformas que en épocas de más actividad quedan pendientes.

'Levanta la sidra DOP'

Como apoyo al sector, desde la Denominación de Origen han puesto en marcha el reto 'Levanta la sidra DOP' por el que animan a los asturianos a escanciar en sus balcones. Además, desde DOP realizarán una campaña con vasos de diferentes colores para cuando la hostelería reabra sus puertas.

María Busta de Casa Eutimio // EC

«No solo hay que consumir lo de aquí, sino presumir de ello»

Los hosteleros cerraron sus negocios dejando sin altavoz a los pequeños productores, que ahora dependen de los compradores de a pie para sobrevivir a la crisis

Jessica M. Puga

El sector agroalimentario asturiano encuentra en la hostelería una plataforma que no solo demanda sus productos en ingentes cantidades, también los promociona entre sus clientes, sean asturianos o no. Con los restaurantes cerrados por decreto a causa del coronavirus, los productores se han quedado huérfanos de uno de sus grandes valedores.

Los negocios han cedido el testigo a los consumidores de a pie, que son los que han tenido que iniciar una rutina de hacer la compra para cocinarla en casa. Las opciones que se les plantean son tantas y tan variadas que la toma de decisiones se vuelve una constante. La solución que les aportan los que otrora más compraban es simple: mirar la etiqueta para comprar lo de aquí.

«Hay quienes en los últimos años abogaban por la cocina de proximidad y de kilómetro cero cuando eso es lo que hemos hecho toda la vida hasta que empezó a llenársenos la boca hablando de globalización, por la que parecía más fácil traer algo de China o Argentina que de una huerta de Grado», protesta Luis Alberto Martínez, al frente de la cocina de Casa Fermín, convencido de que «no solo tenemos que consumir lo de aquí, sino presumir de ello» y no por moda, sino por convicción. A fin de cuentas, no todas las despensas regionales aportan tanta variedad y calidad como la asturiana.

Los hosteleros advierten que de las decisiones individuales depende el futuro del conjunto, por lo que invocan a la conciencia social y al sentimiento de equipo. «Hay que pararse a pensar lo que supone comprar lo de aquí primero para querer hacerlo», apunta Ramona Menéndez, consciente de que todos formamos parte de una gran cadena que tiene que moverse en armonía para no romperse. «Porque en un futuro, cuando todo esto pase, volveremos a salir y necesitaremos que los de la base sigan existiendo», explica. Y tal y como están las cosas «o nos apoyamos los unos a los otros o el futuro va a ser muy complicado», advierte al respecto el responsable de Casa Pedro, Christian de Diego, donde semanalmente en temporada alta empleaba más de 50 kilos de fabes asturianas. «No concibo cocinar con productos de fuera cuando los tenemos nosotros. Vale que encuentras faba importada por cuatro euros frente a la asturiana que cuesta entre 10 ó 12, pero, si lo piensas, las diferencias entre ambas son muchas más de las evidentes», apunta De Diego, quien no solo intercede por el producto de cercanía, también por la tienda de barrio que lo trabaja y refuerza así la cadena.

Xune Andrade del restaurante Monte
Christian de Diego de Casa Pedro
Luis Alberto Martínez de Casa Fermín
Ramona Menéndez de Casa Belarmino


Algo bueno en el futuro

La hostelería ha echado el cierre con algunas excepciones, como los restaurantes capacitados para el servicio a domicilio. «Reinventarnos es una forma de no frenar la actividad y, aunque no haces dinero, al menos pagas facturas», cuenta María Busta. Sabe que con lo ella hace ahora en Casa Eutimio ningún productor, tienda o distribuidor va a salir adelante, pero todo ayuda. Por lo pronto, está comprando a todos los proveedores que tenía y siguen trabajando con la idea de «mover un poco» todos los eslabones de la cadena agroalimentaria.

Las redes sociales se están convirtiendo en otra baza de los cocineros para defender y promocionar productos. «Tenemos que entender que las grandes empresas pueden tener los medios para suavizar la situación, pero no así los pequeños productores de nuestro entorno», entiende Xune Andrade, que no se siente ni pretender hacerse ‘instagramer’ aunque ahora utilice esta red para mostrar su forma de trabajar. «De cualquier vídeo pueden salir sinergias, resolverse inquietudes y descubrirse productos», revela, y todo acaba siendo positivo.

Si tenemos en cuenta todo esto a la hora de hacer la compra, tal vez nos acordemos más de nuestro vecino que tiene un huerto, una granja o que sale a pescar a diario. «Quién sabe, igual acabajamos sacando algo bueno de todo esto, ojalá», termina Luis Alberto Martínez.

LA DESPENSA EN CIFRAS

No solo la calidad avala a los productos asturianos, también lo hace la variedad, con una oferta que incluye miel, frutos secos, conservas, cerveza, tomates, patatas y hasta brotes y flores comestibles.

Miel

1.500

  • apicultores asturianos consiguieron 400 toneladas de miel en 47.000 colmenas. Medio millar tiene dedicación profesional

Frutos secos

200

  • familias pañaron unas siete toneladas de avellanas y castañas el pasado otoño. Ambos son los frutos más populares en Asturias

Conservas

100

  • son las personas que viven directamente de las conserveras en el Principado

Cerveza

20

  • productores de cerveza artesana están instalados en la región




El trabajo de los apicultores, además de indispensable, es incesante ahora // Hugo Álvarez

«La mirada está puesta en el futuro»

La crisis del coronavirus se traduce en fábricas cerradas y excedentes a la espera de mercado. Ante la incertidumbre, los pequeños productores se están preparando para lo que pueda venir mañana

Jéssica M. Puga

La despensa asturiana no se acaba en los lácteos, las carnes, les fabes, la sidra y el vino. Tiene mucho más. Asumida la calidad como indispensable, la variedad manda, y en eso la región también tiene mucho que decir, si bien ahora lo único que sale de las bocas de los productores son dudas.

«Es que esta situación no solo se va a notar lo que dure la pandemia», advierte el presidente de Promiel, Luis Pérez. El suyo es uno de los segmentos alimentarios que menos ha notado el desbarajuste actual, principalmente porque no depende de la hostelería. No es que la crisis provocada por el coronavirus no les haya golpeado, porque sí lo ha hecho, pero no muy fuerte: no hay turistas que compren sus productos ni mercados semanales ni ferias ni venta directa para darles salida. Por contra, las pequeñas tiendas y los supermercados están vendiendo una poca más.

El problema de los apicultores empezará después. «La miel es un producto caro y no de primera necesidad, aunque sea de los que siempre se tiene en casa porque es imperecedero y su consumo se asocia con reducir la incidencia de gripes y catarros», expone, convencido de que su compra se va resentir en el futuro, cuando la economía vuelva a flaquear. Algo parecido ocurrirá con el consumo del polen, la cera, la jalea real y el própolis. «Nos tocará lidiar con una nueva crisis, por eso la mirada está puesta en el futuro».

El impacto del COVID-19 en la apicultura no implica solo pérdidas económicas, también afecta indirectamente al equilibrio del ecosistema. Casi la mitad de las plantas para alimentación humana y animal depende de la tarea polinizadora de las abejas, según datos de la FAO, y estas ahora se las están viendo más con la velutina. «Seguimos trampeando, pero los ayuntamientos y personas que lo hacían también han parado», revela Pérez, cuyo trabajo es ahora tan intenso como cuando toca la recolección. Es cuando los apicultores consiguen nuevas colmenas y las abejas empiezan a meter miel de eucalipto, la más producida en Asturias por detrás de la de brezo y de castaño.

La IGP por la que esperan los en torno a 80 socios de Promiel tendrá que esperar, pues la tramitación está paralizada en lo que dure el estado de alarma. «Le propusimos a la Administración que iniciara campañas de consumo de productos de cercanía para apoyar la economía regional, y que garantizara etiquetados correctos para evitar fraudes y competencias desleales», expone el presidente de Promiel.

La incertidumbre es tal que muchos pequeños productores prefieren mentalizarse para el peor escenario con el deseo de llevarse alguna alegría en el futuro. «Yo digo que llegado el momento tendremos que coger les ablanes porque no las vamos a dejar perderse», dice Isolina Lobeto, que cada año tiene unos 100 kilos que despacha principalmente en el festival de Infiesto, cuya celebración en octubre podría cancelarse de continuar la emergencia sanitaria. «Espero que por lo menos entonces la gente ya se pueda desplazar, al menos los de Asturias, y podamos dar salida al producto aunque sea en casa». De momento la producción de este año parece abundante.

La tarea de los productores ahora está al mínimo. Echa la poda y echado el abono en octubre, les toca esperar a que empiece la recogida, aunque se da una particularidad: gran parte de la producción de avellanas en Asturias se concentra en el oriente, donde los productores tienen segundas viviendas a las que llevan semanas sin poder desplazarse. No saben a ciencia cierta qué se encontrarán cuando pueda revisar sus árboles.

Todo podría acabar incidiendo en el precio del fruto. «Pero tendremos que aguantar con ellos estables porque ya se subieron a siete euros el kilo hace pocos años y, más, con la crisis que va a venir», advierte Lobeto. Situación similar tienen los productores de castañas asturianos.

Las conserveras, de gran arraigo en la región, empezaron a oír del coronavirus coincidiendo con un incremento de ventas. «Antes del estado de alarma llegamos a vender a nivel de agosto o Navidad», recalca Pablo Alonso, de Conservas La Polar. Luego llegaron días de parón a la espera de una hoja de ruta: «El inspector de Sanidad estuvo rápido y en unos siete días ya nos mandó las directrices que teníamos que tomar para volver». Retomaron la actividad con todas las garantías y se normalizaron las ventas, aunque muy mermadas por la pérdida de la hostelería.

Los conserveros tienen ahora la vista fija en la temporada de bonito que comenzará en un mes. «Nos preocupa, aunque sino se cortó la de xarda, no creemos que haya problemas ahora, pero es todo una incertidumbre», lamenta Alonso, al tiempo que destaca el incremento de venta on line que están registrando y que las líneas de reparto de sus conservas están garantizadas tanto en Asturias como en Madrid, aunque han cedido buena parte de sus transportes a una agencia.

La situación de la cerveza artesana en la región es tan variopinta como lo son sus elaboradores. Los hay que siguen produciendo, aunque poco, y quienes, como Diego Rodríguez, de Cotoya, han optado por parar por no poder dar salida a la producción en un momento clave para ellos: el de mayor consumo. La actual situación podría provocar que la cerveza del futuro sea ‘made in Spain’. La malta y el lúpulo vienen de fuera porque los cultivos del país son para la gran industria y, por tanto, distintos.

José María Martínez, en plena faena // Belén G. Hidalgo

«El vino es no perecedero y, además, gana con el tiempo»

Las ocho bodegas adheridas a la denominación de origen han reducido sus ventas un 95% por el cierre del canal Horeca y la suspensión de ferias, aunque son conscientes de que han tenido suerte por las fechas

Jéssica M. Puga

Lo primero que hicieron los viticultores y bodegueros de la Denominación de Origen Protegida Vino de Cangas fue calcular los días que quedaban para la próxima vendimia. Son conscientes de que si la crisis del coronavirus hubiese llegado más adelante estarían mucho peor de lo que están, puesto que no podrían hacer frente a la tarea para la que se preparan todo el año: recoger la uva, lo que suelen hacer en octubre.

El coronavirus causó alarma en el país cuando los viticultores de Cangas estaban terminando de podar las vides y los vinos de las bodegas se vendían a buen ritmo. Que el calendario les haya respetado no significa que a los profesionales del vino asturiano no les afecte negativamente la situación actual: no tienen bares ni feria donde vender sus vinos y las exportaciones están limitadas hasta nuevo aviso. «Que el vino se quede en las bodegas nos supone no tener ningún tipo de ingreso aunque sigamos pagando todas las facturas e invirtiendo en la próxima cosecha», apunta Beatriz Pérez, directora de la Bodega Vidas, donde la venta ‘online’ se está optimizando para servir de salvavidas.

El gremio incide en la «enorme» caída de ventas que están teniendo que afrontar: «Analizando los números actuales y comparándolos con los de otros años a estas alturas estamos manteniendo solo un 5%». Comentan que les sería de ayuda si bajaran los impuestos o se eliminasen hasta que las explotaciones vuelvan a tener ingresos. Pero como no quiere caer en el pesimismo, destaca dos aspectos favorables de la situación: el vino no es un producto perecedero y gana con el tiempo.

Beatriz Pérez, en uno de sus viñedos de Cangas // D. Mora


La situación de las ocho bodegas que conforman la DOP Vino de Cangas –Monasterio de Corias, Antón Chicote, Chacón Buelta, Vidas, Vitheras, Señorío de Ibias, La Verdea y Las Danzas– es muy diferente a la que puedan tener en Rioja o Ribera, donde la cantidad de materia prima y, por ende, su producción es tal que la falta de espacio puede acarrear un problema. Los menos de 100.000 kilos –en 2019 fueron unos 85.000– de uva de que disponen cada año las bodegas asturianas ni siquiera suelen ser suficientes para aguantar el año. «La situación por el momento se puede ver como un retraso de ventas», propone Martínez, que explica que si normalmente las bodegas empiezan a sacar sus nuevos vinos en marzo y estos les duran hasta septiembre, por poner un ejemplo, pues este año su salida se concentrará en la segunda mitad del año.

La incidencia del coronavirus podría ocasionar más problemas a la larga a las bodegas españolas. «No es descabellado pensar que caerá el precio de la uva», apunta Víctor Álvarez, de Monasterio de Corias. Esta situación, además de las dificultades directas, generará pesimismo en el sector y desánimo en potenciales temporeros. «Lo que está claro es que va a ser un año difícil y atípico con ingresos a la baja», confirma José María Martínez, para quien la incertidumbre es por lo pronto el mayor problema.

La situación lleva a los profesionales del sector vitivinícola asturiano a vivir en el presente y prestar más atención a su crisis de todos los años: el tiempo. La primavera les fue benigna, aunque son conscientes de que el año pasado también y luego en junio se estropeó buena parte de su cosecha. Mientras esperan tomar la decisión de si celebrar Atlantic en junio o no –el primer concurso de vinos atlánticos que iba a tener Cangas por sede– continúan trabajando.