Conchi López Robles

"El colegio educa, pero educa más la familia, mucho más"


Texto: INÉS DOGGIO GARCÍA
Fotos: JOSÉ SIMAL


Paciente, pausada, con mucho talante. Se nota que Conchi ha dedicado su vida a educar. En la forma en que aborda los problemas y en la manera en que cuenta su vida. No tenía padre. Su madre la crió a ella y a sus dos hermanas, siempre muy protegidas, en una infancia que rememora feliz, siempre jugando en la calle. El mayor problema que alcanza a recordar de aquella época es su lucha por las horas de salir y llegar a casa. “A los chicos les dejaban salir más tiempo”, iban a fiestas prohibidas a las chicas de su misma edad y tenían mucha más libertad. Recuerda que su madre veía con preocupación, incluso con cierto miedo, sus ansias de salir. Pero fue Conchi, la más atrevida de las tres, quien abrió la veda para ella y para sus hermanas.







No tiene duda de lo importante que fue para ella ir a la Universidad. En las aulas había el mismo número de hombres que de mujeres, pero sí recuerda alguna frase del tipo ‘tú eres mujer, ¿qué haces aquí?’. En cambio, el profesorado era muy distinto: “El 80% de las personas que nos daban clase eran mujeres”. En el ámbito laboral, se sintió más apreciada. “A veces a las mujeres nos valoran más cuando hablamos de niños pequeños por el carácter afectivo. Seguramente, piensan que como eres madre les vas a tratar de manera diferente a un hombre”, señala. Por parte de sus compañeros, asegura que nunca sintió el machismo. Al contrario, en ocasiones se consideró menos valorada por ser mujer en otros ámbitos sociales que en el laboral.

De su experiencia en la enseñanza recuerda cómo antes a las mujeres se las educaba para casarse, ser amas de casa y tener hijos.





Perfil

Conchi López Robles
67 años
Profesora jubilada
Nació y vive en León feliz con su marido. Ellos y su hijo visitan amenudo a su hija en Gijón


Hoy, señala, la educación ha cambiado mucho, pero no tanto algunas situaciones. Por ejemplo, el mayor número de hombres en cargos directivos. Cree que parte del problema es que las mujeres renuncian a ascender. Conchi cree que muchas de ellas prefieren dedicar más horas a sus hijos, al contrario que los hombres, dispuestos a renunciar con más facilidad a parte del tiempo con su familia. “Cuando una mujer decide ser madre lo hace con todas las consecuencias. A ella también le ofrecieron en un momento determinado un ascenso al que renunció para poder pasar más tiempo con sus hijos. No obstante, considera que es fundamental acabar con la desigualdad laboral entre hombres y mujeres. Y por eso, cree que un paso muy importante es que ambos tengan los mismos permisos cuando tienen un hijo. “Así no hay problema a la hora de contratar”. Recuerda que todavía existen muchas entrevistas de trabajo en la que les preguntan a las mujeres si son madres o tienen previsto tener hijos.

“Cuando una mujer decide ser madre, lo decide con todas la consecuencias”

Pese a todo, también percibe que muchas cosas está cambiando. Empezando por la educación. “Cuando me jubilé hace cinco años, los libros ya estaban muy claramente a favor de la igualdad y en el colegio se les inculcaba a los niños, incluso a los pequeños, a los que yo daba clase. También en los hogares, señala. Y cita un ejemplo: “Yo tengo una sobrina que tiene un hijo y una hija. A la niña nunca le han comprado una muñeca y al niño sin embargo le compró una fregona”.

En el ámbito familiar, Conchi reconoce que su marido “no es el típico de ayudar”. “Él tenía muchas responsabilidades en su trabajo y a veces no llegaba a la hora, así que fundamentalmente era yo la que se ocupaba de los cuidados de la casa y los hijos”, reconoce. Su marido, sí que intentaba por ejemplo recoger a sus hijos cuando podía en el colegio, pero la mayor parte del peso recaía en ella.

“La brecha salaria el existe y es una pena. Hay que luchar”

Con la aportación, agradece, de tener una persona en casa ayudándola durante la infancia de sus hijos, y también con el apoyo de su madre. “Me sentía bien porque tenía ayuda, pero también me fastidiaba”, recuerda. Para ella, se trata de una cuestión social. Es consciente de que los hombres no sienten la carga del trabajo en casa. Su marido consiguió realizar tres cursos y una oposición después de haberse casado. Eso es algo que ella cree que no podría haber hecho si no hubiera logrado antes aprobar su oposición. En lo que no alberga dudas es en la mejor parte de ser mujer en la sociedad actual: ser madre. “Eso es algo que nadie nos puede quitar”, remacha.

“A veces te encuentras niños que tienen el machismo muy arraigado en su casa”

Conchi no cree que los hombres y mujeres sean iguales en algunos aspectos. Opina que son distintos en el plano afectivo, en la manera de ver la vida, pero tiene muy claro “que en cuestión de derechos sí deberíamos ser iguales y aún no lo somos”. A su juicio, el machismo empieza en casa, en la familia, en la educación. Cree que “la mujer entendió esto mucho antes que el hombre”. Por eso lamenta que existan mujeres machistas. Como le disgusta que se mantenga la brecha salarial. En su caso, el de los funcionarios, hombres y mujeres ganaban lo mismo por ley, pero percibe que en muchas empresas aún existe. “Es una pena”, dice y cree que contra este tipo de situaciones “hay que luchar”.

Personalmente, a ella le sacan de quicio los machismos cotidianos, “como el que venga un vecino a pedirte un alicate y dé por hecho que yo no sé dónde está la caja de herramientas”. Pero más grave que eso es el miedo que ha sentido cuando ha tenido que ir sola por la calle. Ese miedo, el temor a una agresión sexual, es el que ahora siente por su hija. “Eso es algo que llevas dentro –dice señalándose el corazón- le preguntas a cualquier persona y es así”. Cuando era joven, reconoce que ella también se sintió muchas veces “incómoda” ante la actitud de algunos hombres. “Ése es el momento en el que te tienes que ir”, confiesa. Ante todo eso vuelve a recordar la importancia primordial que tiene la educación para luchar contra todos los roles de género que siguen manteniendo a la mujer en desventaja en nuestra sociedad. Pero no se olvida tampoco de las familias: “En el colegio puedes hacer muchas cosas y de hecho yo creo que se hace mucho a favor de la igualdad, pero los mayores educadores y los primeros son los padres. El colegio educa, pero educa más la familia, mucho más”.




MUJERES REALES

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