Mari Cruz Sala Vigil

"Hay que ver cómo os tratan los hombres a las mujeres hoy en día, mal"


Texto: INÉS DOGGIO GARCÍA
Fotos: CAROLINA SANTOS


Se nota que Mari Cruz es una mujer con carácter, valiente, pero a su vez muy calmada. Tiene 93 años y tanto ella como sus dos hermanas siempre fueron muy por delante a su época. Ahora ella vive en una residencia, por comodidad, a pesar de que se vale por sí misma en todos los sentidos. Por las tardes, va a jugar a las cartas en la sede del Club de Regatas de la calle Corrida. Está muy orgullosa de la vida que ha tenido y la cuenta con muchas ganas.







Ella y sus dos hermanas, siempre se refiere a las tres, se criaron en una buena familia de Asturias. “Mi abuelo tenía un palacio”. Mari Cruz recuerda su infancia con enorme alegría. Hasta que empieza a hablar de la guerra. Ella tenía 10 años, “llegaron los milicianos, nos quitaron las muñecas que teníamos, dijeron que ya habíamos jugado bastante y que tocaba jugar a otras cosas. Le cortaron la cabeza al canario delante de nosotras”. Al recordarlo parece tan lejano que ya solo queda la emoción por contar la historia, pero Mari Cruz desciende a los detalles con una impresionante precisión. Recuerda que se refugiaron en Contrueces, en el palacio de los Clotas, el actual colegio Corazón de María. Aún retiene en la memoria los nombres de las familias que llegaron más tarde. Sus palabras dibujan una España con enormes diferencias entre clases y destrozada por la guerra.

No ha olvidado que fue Avelino, el chófer de su padre, quien les dejó un piso en Begoña. Avelino pertenecía a la CNT, lo que no impedía que su padre le quisiera muchísimo. Cuando se lo llevaron preso y lo mataron, fue la única vez que Mari Cruz vio llorar a su padre. Cuando se hizo un poco mayor, ella tuvo que pasar por la que recuerda como peor experiencia de su vida. Fregando váteres, por necesidad. “Para mí era un dolor porque nunca había fregado un váter. Nos habíamos criado de otra forma. Fue muy duro, eso no lo sabe nadie, pero es la verdad. Estaba acostumbrada a que me lo hiciesen a mí. Fue muy duro, ir hacia abajo es durísimo”.





Perfil

Mari Cruz Sala Vigil
93 años
Trabajó en la Cadena SER
Nació en Gijón, pero vivió la mayor parte de su vida en Madrid
Vive en una residencia para la tercera edad en Gijón.
Nunca se quiso casar rompiendo las reglas de su época


Más adelante empezó a dar clases particulares y sus hermanas comenzaron a trabajar en Telefónica. Iban a bailes y viajaban por todo el mundo. Ella recuerda esta etapa con una gran sonrisa y alguna anécdota de países como Japón, Nueva York , Italia, Tailandia y Francia. “Mis dos hermanas y yo éramos muy avanzadas para nuestro tiempo, viajábamos solas las tres”.

“Gracias a no casarme hice lo que me dio la gana, con mis hermanas”

Cuando Mari Cruz tenía 25 años, su madre, su padre y sus dos hermanas se mudaron a Madrid. Su madre seguía a su padre porque ella trabajaba en casa. Esto le parece muy antiguo, ya que ella piensa que las tareas del hogar también pueden hacerlas los hombres, pero recuerda cómo su padre alguna vez intentó. “En una ocasión quiso hacer una tortilla y dejó la cocina hecha una porquería.” Por eso, cree en la importancia de educar en igualdad: “Si enseñamos a los hijos, hacen lo mismo que las mujeres, ¿por qué va a haber ese privilegio? ¿No trabajamos las mujeres fuera? Pues también los hombres pueden trabajar en la casa”.

En Madrid tuvo un novio con el que se iba a casar, pero poco antes de la ceremonia, él murió de cáncer. “Ahí pasé un trauma, pero bueno, ya pasó”. Por primera vez en toda la conversación, se nota tristeza en sus ojos. Luego, ella empezó a trabajar en la cadena SER, de donde cuenta que todos la querían mucho y nunca tuvo problemas. “Únicamente con uno que miraba por encima de la puerta cuando íbamos al baño, pero no era conmigo, era con todas”, se ríe al recordarlo, con cierta vergüenza. “Era el hijo de un actor muy conocido, uno de los Dicenta.”

“Siempre se mira más para el hombre que para la mujer y siempre tienen mejores trabajos para ellos”

La risueña nonagenaria no oculta su aversión ante el machismo. “Siempre se mira más para el hombre que para la mujer y siempre tienen mejores trabajos para ellos, estando ellas muchas veces más preparadas que los hombres. Me parece mal, muy mal. Los hombres tienen más suerte, no sé por qué siempre van los hombres por delante, eso tiene que terminar. Las mujeres tienen que hacer algo para mejorar”. Ella notó miles de veces cómo su opinión no se tuvo en cuenta por ser mujer. Pero Mari Cruz siempre lo ha tenido muy claro, desde niña. “Nunca creí que el hombre tuviera que tener un sitio y la mujer otro”.

Una de sus hermanas estudió graduado social y abrió una oficina. El Rey y Franco le otorgaron entonces la medalla de oro por ser la primera mujer en Madrid que abrió una oficia. “Tenía empleados y todo”, explica Mari Cruz orgullosa. De aquella época, “estando Franco”, recuerda que “no podíamos ir solas por la noche. Era una dictadura, pero para mí no lo fue tanto. Nadie se metía contigo”. Aunque también cuenta que muchas veces la acosaron y la persiguieron por la calle, “alguna vez simplemente piropos, pero era muy incómodo. Yo era valiente, me quitaba un zapato y le daba un zapatazo o amenazaba con llamar al guardia”. Lo que era muy frecuente era el maltrato. “En mi época había muchos malos tratos porque yo conozco muchos casos, pero no se sabía porque no salía por la televisión. Ahora sí se sabe, pero seguimos muy atrasados”.

“Las mujeres que estaban casadas tenían para mí una vida peor”

Pese a su desgracias, cree que el hecho de quedarse soltera le permitió ser más feliz. Le gusta contar lo felices que fueron ella y sus dos hermanas, solteras y trabajando. “Lo pasamos pipa. Las mujeres que estaban casadas tenían para mí una vida peor porque tenían que quedarse en casa cuidando a sus hijos y aguantando al marido, y había maridos que... Gracias a no casarme hice lo que me dio la gana, con mis hermanas”. Cuando sus padres fallecieron y ella y sus hermanas se jubilaron, regresaron a Gijón “por nostalgia”. Mari Cruz se siente satisfecha de su vida. De lo único que se lamenta es de no poder haber tenido un hijo por culpa de la religión. “A mí me hubiera gustado tener un hijo de soltera”. “Por el pecado no podía tenerlo de soltera, aunque Dios luego quizá me perdonara. Ha podido más en mi vida el no pecar que el deseo de ser madre. Para mí era un pecado mortal estar con un hombres sin estar casada”, reconoce. Sin embargo, no cree que lo mucho que han cambiado las cosas sea siempre una ventaja. “Hay que ver como tratan los hombres a las mujeres hoy día, mal. Les pegan, no las respetan…”. Ella lo tiene muy claro. “Yo, si un hombre me pega yo desde luego que me separo de él, no dejo que me atropelle, pero ¿por qué me va a pegar? No, no. Yo me separaría , no consentiría que un hombre me pegase. Una mujer se debe respetar.

Hay muchas cosas que una mujer puede hacer para conseguir separarse y tener dinero, aunque sea a costa de fregar, que no es ninguna deshonra, pero que te ponga la mano encima un hombre eso sí que no”. En cambio, asegura que no es partidaria del aborto. Desde su punto de vista, “es quitar una vida y para mí sería lo último”. En cambio, no cree que las mujeres tengan que sentirse obligadas a casarse. “¿Cómo vas a casarte con un hombre al que no quieres y acostarte con un hombre al que no quieres? Yo lo veo muy mal. En mi época, había muchas mujeres que lo hacían y sigue ocurriendo ahora. Creen que es como una deshonra quedarse soltera. Yo eso lo veo muy mal”, sostiene. Mari Cruz ve como algunas cuestiones han cambiado. “Ahora en la tele y en los libros ya empiezan a hablar de mujeres, antes todo estaba muy masculinizado, todo era para los hombres, pero ahora ya se empieza a hablar de mujeres, porque hay mujeres muy inteligentes”, enfatiza. Sin embargo, no entiende que todavía se hable del “sexo débil”. “En eso estamos muy atrasados, ero era antiguamente. Pero ya no. ¿Cómo vamos a ser débiles? No”.




MUJERES REALES

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