María del Pilar Cazorla Ruiz

"No sé por dónde empezar a enumerar las desventajas de ser mujer"


Texto: INÉS DOGGIO GARCÍA
Fotos: DAMIAN ARIENZA


Pilar Cazorla tiene 44 años. Es una ‘kelly’. Y un símbolo de la lucha de un colectivo profesional en la que la desigualdad es casi una norma. Creció en una familia feliz, pero recuerda que su infancia fue “bastante dura, con situaciones complicadas”. A pesar de todo, tiene claro que en su hogar “éramos todos iguales”. Tal vez por eso, “por lo que he vivido” y lo que le inculcaron, creció “con ganas de luchar por mis derechos”. A causa de la muerte de su padre tuvo que dejar sus estudios. Su madre, ama de casa, se quedó con una pensión mínima. Pilar se casó con su primer novio, al que había conocido con 17 años. “Y me tuve que poner a trabajar en una casa doce horas diarias para poder enviar a su madre todo el dinero que ganaba y parte del sueldo de su marido”. “Si no, mi madre se quedaba en la calle, ventajas de ser mujer…”, ironiza.







Comenzó, “hace muchos años”, como camarera de piso. Un trabajo totalmente feminizado. “He trabajado con contratos de seis horas sabiendo la hora a la que entraba, pero no a la que salía. En vacaciones, te daban de baja en la Seguridad Social y no te pagaban”. Pilar conoce bien el significado de sobrecarga de trabajo, de la precariedad laboral. “Tenía una anemia abismal porque no nos dejaban ni comer”. Un día, mientras hacía una cama, notó que una de sus manos no reaccionaba. “En la mutua me dijeron que no era un accidente laboral, que no era más que un simple quiste en un dedo”. Decidió ir por su cuenta a un especialista. El diagnóstico fue “que los tendones de la mano estaban pegados”. Sin recuperación. “No tengo movilidad porque mi gobernanta me explotó”.

Ahora lucha “no solo por mi mano, sino por todas las mujeres que vienen detrás de mí”. En su trabajo, “si te pones enferma, te echan. Si te quedas embarazada, obviamente, también”. En su trabajo, la brecha salarial es evidente, pero no es el único problema. “Nos pagan un 30% menos que a un hombre en muchos puestos. Me parece vergonzoso. Si una mujer ha estado luchando, estudiando y preparándose debe tener los mismos derechos que un hombre.





Perfil

María del Pilar Cazorla Ruiz
44 años
Camarera de piso, portavoz de las kellys
Nacida en Barcelona, reside en Gijón, con su marido y sus dos hijos de 13 y 18 años después de haber vivido en San Sebastián


Parece que una mujer es menos productiva por el hecho de que se queda embarazada o no porque tiene que atender a un hijo que se ha puesto enfermo. Sé que aún hay entrevistas de trabajo en las que te preguntan si tienes pensado quedarte embarazada. ¿Le preguntan eso a un hombre?”. Pilar opina que “estamos en una sociedad en la que todavía no se valora a la mujer en el trabajo”. Y en la que aún queda mucho para que esto cambie. Asume que los abuelos y las abuelas tienen una educación sexista, pero reconoce que aún sigue sorprendiéndose cada vez que escucha “a muchas señoras mayores decir que ‘ella tiene que saber cocinar y él tiene que traer el dinero a casa’. Muchas veces son las propias mujeres las que nos dicen cuál es nuestro deber. Por ejemplo, poner las zapatillas en la entrada a tu marido ¿Pero qué es eso?”.

“Cuando un hombre se pone enfermo no pasa nada, pero a nosotras nos ven débiles”

Sabe muy bien que los micromachismos están al orden del día. Los padece. No le cuesta recordar una anécdota. “Una vez vino a casa un hombre por un tema de una obra en el baño, le expliqué todo y el hombre pasó de mí; buscaba que le hablara mi marido. Seguí hablándole yo el hombre seguía pasando de mí. Me fui del baño mosqueada. Mi marido salió también y volví yo sola. Seguía preguntando por mi marido, me tomaba por idiota. Me enfadan estas situaciones, me enfurecen, me ponen mala... Le recalqué a ese hombre que en todo momento iba a ser yo la que me iba a encargar del tema. Sentía que mi opinión se tenía menos en cuenta por el simple hecho de ser mujer”.

A juicio de Pilar, la posibilidad de que todo esto cambie está en la educación. “Creo que lo más importante es educar a nuestros hijos en igualdad. Son nuestro futuro. A pesar de ello, el pequeño ya se empieza a extrañar y se pregunta ¿Por qué siempre está ‘Superman’ ‘Ironman Spiderman y es todo man?”. Ella está orgullosa de sus hijos y de que puedan pensar que “las mujeres somos tan heroínas como cualquier superhéroe”. Sin embargo, reconoce que hay cosas que no avanzan. La situación que sus hijos viven cada vez que salen no dista mucho de la que ella misma sufría cuando era más joven: “Son las amigas de mi hijo las que tienen hora límite, pero no sus amigos. Si eres un niño no pasa nada y si eres una niña tienes que tener cuidado”. Lo mismo que le ocurría a ella cuando recuerda su juventud. “Mi hermano salía, pero yo tenía que quedarme en casa”.

“En nuestra sociedad, la mujer está muy preparada, pero eso no se valora”

También ha sufrido la inseguridad. “Antes iba a correr por la noche, ahora no voy porque tengo miedo”, se sincera. Recuerda las muchas mujeres que son asesinadas. “No paran”. Ella misma sufrió el acoso callejero. Prefiere no hablar de los detalles.

Su concepto del feminismo se resume una palabra: “lucha”. “Tenemos que estar ahí y se nos tiene que escuchar. Y la única manera que hay de conseguirlo es juntarse, asociarse y manifestarse para denunciar los derechos que nos están pisando y qué es lo que queremos, la igualdad en todos los sentidos”. Entiende que es la única manera de acabar con el techo de cristal de una sociedad que “desgraciadamente no está valorando la preparación de sus mujeres”. “A veces se me ponen los pelos de punta. En una ocasión vi cómo a una chica surfista la daban un bikini por ganar un campeonato. Al hombre le entregaron dinero, una cantidad elevada. Cuando ves que ocurren estas cosas es cuando sientes que eso tiene que cambiar”.

“Ahora lucho no solo por mi mano, sino por las mujeres que vienen detrás de mí”

Y muchas otras cosas sobre las que tiene las ideas muy claras. Como el aborto: “Cada mujer tiene derecho a hacer lo que le dé la gana con su cuerpo. Era lo que faltaba”. La definición de ‘sexo débil’ le provoca una carcajada. “¿Quién escribió eso? ¿Un hombre? Mentalmente somos muy fuertes”.

Pilar cree que si las cosas hubieran sido distintas, tal vez habría tenido otras oportunidades. A ella, le habría gustado poner una empresa de coches o de restauración. ¿Y las ventajas de ser mujer?. Su respuesta es escueta: “¿Ventajas? No sé por dónde empezar a enumerar las desventajas”.




MUJERES REALES

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